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Lucky: Hay muchas formas de morir, y una sola de estar muerto

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Una película que explora la pregunta por el sentido de la vida cuando la muerte se acerca

Lucky nos coloca ante la extraña transformación de un retrato en un paisaje. Un hombre mayor (Harry Dean Stanton) se da cuenta de su mortalidad, un cineasta se apresura a captar el último rostro de un actor, y un actor acepta convertirse en el cadáver para una lección de anatomía.

Y mientras todo esto sucede el cine, lejos ya de la épica clásica y de la ironía posmoderna, superados sus avances y retrocesos, más allá de sus deudas e incluso más allá de sí mismo, ya no se muestra como un arte en construcción sino como un arte construido. Se ha transformado en un lenguaje. Nos invita a ver pero también a escuchar.

Con casi noventa años, Lucky ha sobrevivido a una vida de veinte cigarrillos al día, amoríos e hijos de quienes no llegamos a saber gran cosa, la Segunda Guerra Mundial pelando patatas, crucigramas que se le resisten, y copas nocturnas mientras charlotea sin decir nada, tan sólo esas cosas que dicen quienes pretenden vencer a la muerte con cada palabra.

Su fortaleza, sin embargo, es falsa. Un día pierde el conocimiento, el doctor le dice que no tiene nada, y su rutina con el yoga continúa aunque acaba de darse cuenta del siguiente capítulo de su historia: la nada. Llegará un momento, muy pronto, en que no podrá regar sus plantas en ropa interior, con sombrero y botas de cowboy, ni siquiera podrá escuchar a quienes contradice constantemente ni a su amigo de copas (David Lynch), cuya tortuga ha desaparecido, y con ella se ha ido su heredero.

A estas alturas no hace falta decir que Lucky es una comedia y un drama. Es una comedia cuando escuchamos a su protagonista desafiando a su destino; y es un drama cuando lo vemos aproximarse a él durante las transiciones. Los primeros planos nos divierten, los planos generales o las panorámicas nos angustian.

Por eso deseamos que las imágenes se llenen de palabras, para evitar su aspecto moribundo: el desierto, la luz crepuscular, esa indiferencia de los espacios intermedios donde morir no tendría sentido. Deseamos que nuestro protagonista siempre llegue a alguna parte, que encuentre alguien con quien hablar, porque sus solitarios paseos resultan demasiado trabajosos, antinarrativos, casi muertos.

El cine, gracias a Dios, es un lenguaje, un idioma que si lo hablas con cierta fluidez no te parece muerto en casi ningún instante. Hablamos de un lenguaje hecho de mil lenguajes y de un idioma que se habla en cualquier parte del mundo. Un lenguaje que comunica hasta cuando da la sensación de no decir nada, y un idioma con el que te comunicas por telequinesis, como Carrie en la novela de Stephen King o en la película de Brian De Palma.

Ves y respondes, a veces con palabras, otras con emociones. Lucky, por ejemplo, no quiere nuestras palabras, sólo nuestra mirada. Quiere a testigos, no a contertulios. Actúa de una forma similar a Jean-Pierre Léaud en La muerte de Luis XIV (2016, Albert Serra) o El león duerme esta noche (2017, Nobuhiro Suwa). Olvida su historia, tu historia, y recuerda la historia del cine. Eso, más o menos, es lo que tiene que decir.

Lucky, en ese sentido, tiene algo de intransigente. Rechaza nuestra intervención, conforme con nuestra complicidad. Harry Dean Stanton murió poco después de haberla interpretado, convirtiendo así su último gesto en un gesto eterno. Claro que algo así lo sabemos todos, como también sabemos que esta pequeña película podría entenderse como una secuela o un contraplano, años después, de París, Texas (1984, Wim Wenders), aquel magnético viaje de un cineasta europeo al corazón del cine estadounidense, donde nuestra temperatura es variable: incandescente al verlo y gélida al experimentarlo. Las imágenes son así: cálidas y frías, si anuncian un principio o un final. Su aparición nos construye, su desaparición nos borra.

Esta bella película tiene una profunda limitación en las muchas películas que uno debe conocer para encontrarle su sentido pleno. Para disfrutarla hay que hablar la lengua Stanton, intentarlo al menos. Saber su filmografía, ser cinéfilo. Porque más que la historia de un personaje en busca de autor al final de su vida, es la historia de un actor al final de su carrera, cuando ya no queda épica, tampoco sentido si uno renuncia a la capacidad del cine para acoger a todas sus criaturas, pequeñas y grandes, pobres y ricas, en la eternidad de una pantalla donde son iguales unas a otras antes de que nuestras limitaciones humanas elijan unas en detrimento, normalmente, de las demás.

 

Ficha Técnica

Título original: Lucky (2017).

País: Estados Unidos.

Director: John Carroll Lynch.

Guión: Logan Sparks y Drago Sumonja.

Reparto: Harry Dean Stanton, Ed Begley Jr., Beth Grant, James Darren, Barry Shabaka Henley, Yvonne Huff, David Lynch, Hugo Armstrong, Bertila Damas, Ron Livingston, Ana Mercedes, Sarah Cook, Amy Claire, Ulysses Olmedo, Mikey Kampmann, Otti Feder, Mouse, Pam Sparks, Tom Skerritt.

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