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Los waraos, un drama indígena que ya cobró 100 vidas

WARAO
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El Observatorio Kapékapé presentó un informe: desde octubre del 2017 un brote de sarampión afecta al Delta Amacuro y madres e hijos emprenden un viaje sin destino

En Delta Amacuro hay una epidemia de sarampión en desarrollo. Así lo han denunciado médicos y organizaciones de la entidad y así lo constatan los registros de salud extraoficiales, a pesar de la opacidad.

No hay cifras sanitarias oficiales, pero las que maneja la Dirección Regional de Salud del estado admiten 12 muertes confirmadas por sarampión en dos municipios venezolanos: Tucupita y Pedernales. Estos decesos corresponden a niños, en su mayoría menores de seis años, y se registraron entre diciembre de 2017 y marzo de 2018, según explicó Reynaldo Márquez, médico radicado en la entidad.

Es la tierra donde el gran Orinoco se convierte en muchos ríos y caños, que forman el Delta de innumerables ramales que desembocan en el Atlántico, dando paso a muchas islas y manglares. También es la región poblada por nuestros indígenas waraos, un pueblo amerindio que habita la región. Hay más de 36.000 personas que se identifican con esta etnia, quienes aún conservan intactas sus tradiciones milenarias. Ese maravilloso pueblo, esparcido por todo este hermoso y exuberante territorio, es la comunidad originaria de Delta Amacuro y actualmente posee asentamientos a lo largo de todo el territorio de este estado. Es una de las poblaciones indígenas venezolanas más numerosa.

Fue Territorio Federal hasta 1991 cuando se decretó una ley especial que lo elevó a categoría de estado, dando origen al actual estado Delta Amacuro.  Situado al este de Venezuela, alberga el delta del río Orinoco (*). Limita al norte con el Golfo de Paria y el Océano Atlántico, al sur con el estado Bolívar, al este con el Océano Atlántico y el territorio en reclamación de la Guayana Esequiba y al oeste con el estado Monagas.

En Delta Amacuro se han procesado más de 160 casos sospechosos de sarampión, prueba de que la epidemia se extiende por la zona. Los casos no solo se circunscriben a los municipios Pedernales y Tucupita, sino que también se extienden a los caños del Delta, donde se encuentran las poblaciones de indígenas warao.

El gobierno anunció a mediados del año pasado una jornada de vacunación masiva entre los warao, pero la oferta aún no se ha materializado.

Según la diputada a la Asamblea Nacional, Larissa González, las víctimas del sarampión en la entidad deltana ascienden a 44 fallecidos. La asociación civil Kapé Kapé ha denunciado la muerte de varios niños en estas comunidades producto de las precarias condiciones sanitarias y la deficiente cobertura de vacunación.

El reporte señala que las comunidades indígenas más devastadas por el sarampión son Mariusa, El Caigual, el Corroncho, Lagunita de Mariusa y Platanalito en el capitalino municipio Tucupita. El registro de muertes de indígenas asciende a 100 conocidas.

De acuerdo a las declaraciones del Observatorio de derechos indígenas KapéKapé, encabezado por su presidente Armando Obdola, no existen registros oficiales y la cifra está basada por contactos directos de las comunidades. “Son situaciones verificadas y comprobadas e inclusos hay denuncias de la utilización de fosas comunes para el entierro de las víctimas”, sentenció Obdola.

En este sector, el apoyo de los religiosos sacerdotes de Nabasanuka ha sido fundamental. “Se ha recibido la denuncia del padre Wilson Jochen, que indica las muertes sucesivas de los niños indígenas por efectos del sarampión”, señalan los miembros de la organización.

El deterioro de la salud en la zona indígena que se concreta en la escasez total de medicina, la falta de infraestructuras de ambulatorios y ante la ausencia de políticas preventivas en la región “agudiza las enfermedades endémicas en los waraos”, concluye.

En su balance, la organización enfatiza los efectos del sarampión y la tosferina que atacan a las comunidades desde octubre de 2017 hasta los primeros cuatro meses de 2018.

Noticias llegadas desde Paraima, en Brasil, relatan que los indígenas de la tribu de los warao viajan cientos de kilómetros para huir de la crisis económica en Venezuela y permanecen atrapados en un limbo cerca de la frontera con ese país, después de ser removidos de las calles de la ciudad amazónica de Manaos.

“Movidos por el hambre y la enfermedad que golpean su hábitat tradicional en el delta del río Orinoco, en el noreste de Venezuela, más de 1.200 integrantes de la tribu warao se mudaron al norte de Brasil, donde muchos de ellos se vieron forzados a mendigar en las calles”, se lee en el reporte.

Autoridades, organizaciones no gubernamentales e iglesias en Brasil les ofrecieron refugio temporal en la frontera, pero el futuro de los warao sigue siendo nebuloso. La tribu insiste en que no volverá a Venezuela, donde la profunda recesión ha provocado escasez de productos básicos bajo el Gobierno socialista del presidente Nicolás Maduro.

“Los niños estaban muriendo de enfermedades en Venezuela. No hay medicinas, no hay comida, no hay ayuda”, dijo Rita Nieves, una cacique de la matriarcal tribu warao. Muchos integrantes de la tribu aún están realizando el arduo y penoso viaje.

(*)  Uno de los ríos más importantes de América del Sur que discurre mayormente por Venezuela. Es el cuarto río sudamericano más largo —2800 km — y, con un caudal promedio de unos 33 000 m³/s, es el tercer río más caudaloso del mundo.

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