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¿Hay que ser superhéroe para tener una vida coherente?

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¿Eres igual de amable con los clientes que con los de tu casa? ¿O eres como el Doctor Jekyll y Mr. Hide?

«Tener doble vida», «juzgar con doble rasero»,»mostrar la cara amable», «actuar como Doctor Jekyll y Mr. Hide«, «aparentar», «maquillar»… Son expresiones muy diversas para referirse al comportamiento de una persona que no siempre se comporta según el mismo criterio.

La literatura y el cine están llenos de personajes con una cara oculta que se revela casi siempre asesina, ladrona, delincuente… bajo la apariencia de un ciudadano ejemplar o de una mujer perfecta.

Y en las noticias, más de una vez nos sorprenden con un suceso que estremece. Al preguntar a los vecinos acerca del autor de los hechos, explican que «era una persona educada y correcta», lo que hizo que nadie sospechara de él.

Estos son casos extremos, claro está, pero sabemos que es un tema eterno el de la incoherencia: digo algo pero hago lo contrario, creo en algo pero me comporto como si fuera que no.

Ser coherente es difícil, realmente. Lo sabemos desde que empezamos a movernos por la vida como ciudadanos responsables. Nos comprometemos a cumplir con la familia, los amigos, la asociación, el club de deporte, el partido político… y no siempre estamos a la altura, se nos marcha la bondad por las fisuras.

Pero vale la pena luchar por ser de una pieza. Y no hace falta ser un superhéroe para conseguirlo. ¿O es que alguien prefiere tener tantas caras como un dado: ahora saco la del 6, ahora la del 3, y así según convenga?

¿Desde cuándo engañar es un arte?

Hay quien cree, incluso, que engañar es un arte. Conocí a un estafador profesional que se reía de sus víctimas. Había logrado escapar de la cárcel Modelo de Barcelona saliendo por la puerta disfrazado de camarero y con una bandeja en el brazo, como si fuera el chico del bar de enfrente que servía el desayuno a algunos jefes y funcionarios.

Aquel estafador se había divertido durante años haciéndose pasar por diversos hombres con las profesiones más variadas. Y al salir de prisión volvió a las andadas: se hizo pasar por empresario de mensajería dispuesto a conceder un premio de literatura con mayor cuantía que el Planeta, que por aquel entonces ofrecía 100 millones de pesetas.

La avaricia rompió el saco, porque a la Policía le olió mal tanto dinero y se puso a investigar quién era aquel mecenas. Así, regresó a la celda. Pero él seguía convencido de que engañar era un arte y un signo de inteligencia. Lo segundo es cierto, lo primero no.

 

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Personas de fiar

Si nos preguntaran, todos buscamos a nuestro alrededor a personas de fiar, confiables, que no engañen. A todos nos gustaría tener ese amigo que es como una columna de hierro, que no se dobla, que responde a la palabra dada aunque sea costoso.

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Vivir con coherencia implica a los distintos ámbitos:

  • ser igual de amable cuando estoy trabajando en un mostrador cara al público que al llegar a casa.
  • ser servicial con los colegas y con las amigos, y lo mismo con los hermanos, primos y cuñados.
  • decir que soy tolerante y practicarlo absolutamente con todas las personas de mi alrededor (eso incluye los comentarios sobre ellos cuando no están).
  • comportarme de la misma manera cuando alguien me ve que cuando no me ve nadie.

¿Qué me hace fuerte para ser coherente? Que esa voluntad de serlo tenga un sentido. Las personas que tienen principios y se esfuerzan por vivir según ellos, están más dispuestas a ser coherentes. Luchan por una meta.

Un católico que vive su fe tiene dos grandes ventajas: una, que lucha por ser coherente con unos principios, y dos, que cuenta con la gracia de Dios para vivirlos, por lo tanto no está solo en la batalla: se agarra a los sacramentos y a la oración como el atleta va a por la bebida energizante.

Ellos fueron coherentes

Además, el católico cuenta con una larga lista de «casos de éxito», como lo llamarían en Harvard: es la lista de santos que han sido coherentes en las más diversas situaciones. Y no podemos olvidar que algunos fueron coherentes después de haber sido bastante in-coherentes: que se lo pregunten si no a San Agustín, San Pablo o a María Magdalena, por ejemplo.

Tomás Moro, el gran ciudadano coherente

Entre los santos que son modelo de coherencia está Tomás Moro. No se doblegó ante las exigencias del rey Enrique VIII, que quería justificar su divorcio y buscaba la aprobación de un jurista honrado como Moro. Al no obtenerla, lo condenó a muerte y Moro aceptó ese castigo antes que actuar contra su conciencia y contra Dios.

El Papa Francisco, en la reciente exhortación apostólica Exsultate et Gaudete, afirma:  «No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó

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