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En una prisión argentina fabrican hostias que llegan hasta el Vaticano

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Servicio Penitenciario Bonaerense
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Son múltiples las iniciativas similares en los distintas penales que dan motivos de esperanza con la reinserción

Leandro y Manuel trabajan juntos todas las mañanas, de 8 a 12. Son internos de la Unidad 3 de San Nicolás, prisión en la que pagan su condena. Usan agua, harina, y unas máquinas donadas por conventos europeos. Con eso les alcanza para producir cerca de 20.000 hostias por semana, más de un millón al año, que no sólo se distribuyen en los alrededores, en la diócesis de San Nicolás de los Arroyos, en la Argentina, sino que también son llevadas al Vaticano, para emoción de sus fabricantes.

“Con este proyecto demostramos que desde la oscuridad de la cárcel salen cosas buenas. Las hostias son elaboradas por manos de personas que se equivocaron y aún así, al ser consagradas por un sacerdote, Dios se aloja en ellas”, explica el padre Damián Vidano en una nota difundida desde el portal del Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.

 

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Con un kilo de harina y agua, logran producir 700 hostias, en un proceso que se inicia con la elaboración de la masa, su humidificación, sigue con el corte y culmina con el secado en un horno, antes de ser embolsado al vacío y enviado.

Leandro y Manuel sintieron una emoción muy fuerte recientemente, cuando desde la Santa Sede les llegó un agradecimiento por hostias que periódicamente se envían allí por encomienda, o por algún sacerdote que eventualmente viaje.

“No puedo explicar lo que sentí en ese momento. Fue algo inolvidable, que nunca pensé que podía pasarme en la vida”, cuenta Leandro, de 27 años y detenido hace ocho, al evocar el momento en que recibió la carta enviada por el Papa Francisco.

 

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Recientemente, informamos en Aleteia de presos que en cárceles de Buenos Aires producen muebles para colegios necesitados, hacen libros en braile para niños ciegos, además de otras actividades formativas.

Son múltiples las iniciativas similares en los distintas penales, que si bien no erradican ni eliminan algunos de los problemas estructurales más severos, como la superpoblación, la precariedad, la violencia, el narcotráfico, dan motivos de esperanza con la reinserción y socialización de los presos.

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