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Nunca es tarde para cambiar

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Evgeny Atamanenko - Shutterstock
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¿De qué sirve hacer todo lo que hacemos si no corresponde a lo que queremos hacer en la vida? Este criterio es el inicio de un cambio de vida que puede implicar desde las cosas más sencillas hasta el cambio radical de vida

Podemos volvernos prisioneros de nuestros comportamientos que se han convertido en una maraña de rutinas, en comportamientos inamovibles. De esta manera nos estamos negando a la posibilidad de hacer las cosas de otra manera, de elegir ser otra persona, una persona que puede cambiar, cambiar para bien en un mundo que está siempre abierto al cambio y lleno de oportunidades. 

Empecemos por nuestras circunstancias de cada día. Lo que hacemos, cómo lo hacemos, con quién nos relacionamos. Todo empieza por nosotros mismos, el grado de conciencia que tenemos de lo que estamos haciendo en la vida y el valor que damos a todo aquello que hacemos. 

No es una cuestión de edad sino de actitud. Vivir analizando y realizándonos con nuestro presente. La mejor manera de estar feliz con tu vida es dejar de vivir en el pasado y dejar de preocuparte sobre el futuro.

Es el presente lo que tenemos que cambiar si no corresponde a nuestras expectativas. Nuestro presente nos lleva a valorar la importancia del pensamiento positivo, de la positividad en todo aquello que realizamos.

La mejor garantía de nuestra serenidad está en saber vivir sin compararnos a los demás y encontrando nuestro equilibrio en el día a día.

Algunos pasos concretos para incrementar una vida sana

  1. Ser conscientes de lo que se ha hecho hasta el momento y de lo que hay que cambiar, para no volver a repetir errores. 
  2. Pasar del «tengo que» al «quiero». No es una obligación, sino una decisión que nace de las ganas de mejorar la calidad de vida y por tanto, de ser más feliz.
  3. Hacer un listado con todos los beneficios que aportaría el cambio que quiero realizar y otro con las consecuencias negativas de no hacerlo.
  4. Analizar el entorno. El contexto siempre influye, para bien o para mal en las decisiones que uno toma. 
  5. Crear un plan de acción definitivo. Cuando se toman decisiones concretas se necesita poner incluso por escrito todo aquello que implica: Lo que quiero cambiar, cómo lo voy a cambiar y cuando lo voy a cambiar. Cuanto más concreto, más real. 

El cambio será siempre una buena ocasión para aprender. Cuando las cosas no salen como una planea es necesario aprender de la experiencia y retomar el rumbo de nuevo, es decir, volver a engancharse al cambio. Las personas exitosas son aquellas que aprenden de los fracasos y se levantan una y otra vez después de caerse.

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