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Lo primero que pueden hacer las madres para ayudar a sus hijas a desarrollar una imagen corporal sana

MOM DAUGTHER RAINING

Shutterstock

Chloe Langr - publicado el 05/05/18

Antes de poder educar a nuestras hijas, primero tenemos que comprometernos con nosotras mismas

Como padres, todos queremos que nuestras hijas tengan una imagen corporal sana y que sepan que son hermosas. Sin embargo, por culpa de los medios sociales, de la publicidad y de un mundo en el que parece que todos los días hay una historia nueva sobre acoso sexual, educar en una buena imagen corporal puede ser un objetivo arduo, en especial porque no podemos controlar el mundo fuera de nuestro hogar. Y aunque este mundo que se centra en una apariencia perfecta, aunque sea photoshopeada, tiene una influencia en la forma en que nuestras hijas ven su cuerpo, las madres también pueden influir en la autoestima y la imagen corporal de sus hijas mucho más de lo que pensamos.

Decimos a nuestras hijas que son guapísimas y que sus cuerpos son mucho más que algo que los demás puedan cosificar. Sin embargo, también nos lamentamos sobre cuánto comemos en las celebraciones, juzgamos la forma de los cuerpos de las mujeres en televisión o el tipo de las mujeres en las revistas del dentista. Los chistes con otras madres sobre cuánto tememos la temporada de bañador a menudo suenan durante encuentros de juegos de los niños. O peor, nos lamentamos de que nuestros vaqueros ya no nos entran como antes, delante del espejo en el dormitorio al vestirnos por la mañana.

Incluso si piropeamos a nuestras hijas todas las mañanas, si hacemos comentarios sobre nuestra propia figura con tono malicioso y suspiros de exasperación, quizás estemos haciendo más mal que bien.

“La única forma en que una madre puede estar verdaderamente presente, comprometida, conectada y ser beneficiosa para su hija es si está presente, comprometida, conectada y es beneficiosa consigo misma”, escribe Julie Burton, autora de The Self-Care Solution: A Modern Mother’s Must-Have Guide to Health and Wellness[La solución es cuidarse una misma: Guía imprescindible de la madre moderna para la salud y el bienestar]. “La única forma en que puede estar conectada consigo misma es si hace lo necesario para cuidar de sí misma de manera sincera y significativa. Esta es la auténtica esencia del cuidado de sí mismas de las madres”.

Las madres tienen una influencia increíble sobre las vidas de sus hijas. Pero si queremos que nuestras hijas crean que son hermosas, también tenemos que empezar a creer que nuestros propios cuerpos, nuestras personalidades, emociones y rarezas son hermosos también. Querernos a nosotras mismas como madres puede ser una tarea intimidante, así que hemos reunido unos cuantos consejos de expertos para facilitar el crecimiento de nuestra propia  autoestima.

1. Mira tu cuerpo a través de los ojos de tu hija

Como madres, solemos caer fácilmente en el error de contemplar nuestros cuerpos a través de dos lentes, la de “antes de tener hijos” y la de “después de tener hijos”. Criticamos nuestras estrías, las bolsas bajo los ojos y los 3 kilos que no hay manera de perder. Sin embargo, tu hija no ve tu cuerpo de la misma forma que tú.  Ella ve los brazos fuertes que cargaban con ella cuando ni siquiera podía mantener la cabeza erguida. Ella ve unos ojos cálidos que le sonríen a pesar de la falta de sueño.

En una publicación de blog en la web ‘The Mighty’ titulada To My Daughter, Who Walked In on Me Judging My Body [A mi hija, que me ve juzgar mi cuerpo], Shelby Eckard, madre de dos, de Atlanta (EE.UU.), escribió sobre su hipocresía:

“Hoy, delante del espejo, medio vestida, llorando, pensando sobre lo incómoda que estaba en mi propia piel, te fallé. Tus bracitos me abrazaron. Me agarraste justo en la barriga que estaba deseando que desapareciera. Recorriste con tus dedos las estrías que tanto intento esconder. Me miraste directamente a mis ojos hinchados y llenos de lágrimas y me dijiste ‘¡Mamá guapa!’ (…) Cuando te aferras a mi cuerpo, el mismo cuerpo por el que he llorado unos momentos antes, veo a través de tus ojos. Tú me ves tal y como soy: hermosa y digna. Y así lo recuerdo yo también”.

La próxima vez que te sientas tentada de llamarte “gorda” a ti misma o de pensar en cómo te sentaba ese vestido antes de que llegaran tus hijos, párate a pensar sobre la manera en que te mira tu hija.

2. Recuerda la importancia de tus palabras

Según un informe reciente de Common Sense Media, las niñas entre cinco y ocho años que piensan que sus madres están insatisfechas con sus cuerpos son más propensas a sentirse infelices con sus propios cuerpos. El estudio descubrió que la imagen corporal empieza a desarrollarse desde muy corta edad y que la influencia parental desempeña un gran papel en si una niña cree que es hermosa o no. Recuerda que tú eres la primera profesora de tu hija y que tienes un gran poder para configurar su personalidad, sus valores y su comportamiento en lo referente a su imagen corporal.

“Si piensas de forma negativa sobre ti misma y ella te ve enredarte en hábitos alimentarios restrictivos y siendo crítica contigo misma constantemente, entonces ella, independientemente de lo que le digas, va a sentirse mal consigo misma”, afirmó Laura Choate, que también es autora de Adolescent Girls in Distress: A Guide to Mental Health Treatment and Prevention [Chica adolescente en apuros: una guía de salud mental para tratamiento y prevención]. Sin embargo, el viaje no termina simplemente con no decir cosas malas sobre nuestros cuerpos; como madres, también tenemos que verbalizar un aprecio por nuestros cuerpos ante nuestras hijas. Empieza diciendo qué te gusta de tu propio cuerpo.

3. Recapacita sobre cómo hablas de tu dieta

Debido a que los niños pueden aprender señales de imagen corporal de sus padres, las hijas de mujeres que hacen dieta son más propensas a tener una imagen negativa de su cuerpo y empiezan antes a hacer dieta ellas mismas. Queremos que nuestros hijos coman de forma saludable y crezcan fuertes. Pero los padres, ¿pensamos de la misma forma sobre la comida? ¿O entramos y salimos de dietas confiando en poder perder por fin esos tres kilos demás? Esto no implica que debas abandonar tu salud y no vigilar lo que ingieres. Pero es más efectivo y más saludable centrarse en una alimentación saludable constante ¡y no solo cuando estés a dieta!

Al fomentar una relación sana con la comida para ti misma, puedes alentar en tu hija una mejor valoración de lo que significa una buena alimentación.

4. Sé la mujer que quieres que sea tu hija

Cuando abandonamos la crítica, nos deleitamos en nuestros cuerpos de madre, caminamos a zancadas en el fortalecimiento de nuestra autoestima tanto mental como corporal. Después de todo, si nuestras hijas solo nos escuchan quejarnos sobre nuestra talla de cintura y nuestras anchas caderas, no serán capaces de considerar precioso su propio cuerpo.

Brene Brown, que investiga sobre la vergüenza, escribe en TEDblog:

“No puedes educar a unos hijos para que tengan mayor resiliencia a la vergüenza que tú. Porque aunque tú no los avergüences y aunque intentes activamente criarles sintiéndose bien con quienes son, nunca van a tratarse a sí mismos mejor de lo que tú te tratas a ti. Así que esa es la mala noticia y la buena noticia, pero sobre todo el fastidio de noticia. Si quieres educar a tu hija para que tenga una imagen corporal verdaderamente saludable, más te vale que quieras a tu cuerpo de madre, porque eso cuenta mucho más que mirar a tu hija y decirle ‘Eres hermosa y tu cuerpo es precioso’. A ella todo lo que le importa es cómo te ve actuar con tu propio cuerpo (…). No podemos dar a nuestros hijos lo que no tenemos”.

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