Aleteia

El fenómeno C. S. Lewis

LEWIS
Comparte

El autor de Crónicas de Narnia seduce 50 años después de su muerte

Antes de morir, C. S. Lewis (1898-1963) comentó al que fue su consejero literario Walter Hooper que “esperaba” que le olvidasen “pronto”. No fue así. Este distinguido hijo de Belfast, intelectual de Oxford, que se convirtió en el primer titular de la Cátedra de literatura medieval y renacentista en la Universidad de Cambridge, que pasó del ateísmo al cristianismo y que ha escrito desde Cartas del diablo a su sobrino hasta las célebres Crónicas de Narnia, está despertando un nuevo interés.

La Fundación Lewis organiza seminarios, paseos, conferencias.. y está aumentando con cartas y documentos audio el legado del gran escritor que nació hace 120 años y que ha dejado una huella y seguidores no sólo en el ámbito de la literatura universal, sino también dentro de los llamados escritores cristianos .

Lewis empezó a ser famoso en 1949 en Estados Unidos gracias al episcopaliano Chad Walsh, experto en literatura. Pero luego en los años 60 se “olvidaron de Lewis”: era el momento de la Guerra del Vietnam, de la revolución sexual y de la llamada “muerte de Dios”. Lewis parecía demasiado abstracto para esta generación.

La revista Time en su esquela hizo una nota en la que le definía como uno de los “profetas menores” de la Iglesia, un defensor de la ortodoxia. No parecía que le exaltaran.

De hecho era verdad. En los Estados Unidos de América, en los años 60 a Lewis le leían sobretodo los anglicanos. Algunos católicos empezaban a defenderlo, y los evangélicos lo miraban con recelo, como afirma en su biografía Alister McGrath (C. S. Lewis, genio excéntrico, profeta inevitable), editado por http://www.rialp.com

El biógrafo Alister McGrath, director del Centro de Teología, Religión y Cultura de la Universidad King’s College de Londres escribe que Lewis “es recordado hoy como un escritor cristiano, pero el tono de sus escritos de los primeros años 1920 es sin duda ateo, densamente crítico y despectivo hacia la religión en general y el cristianismo en particular”.

Su conversión fue lenta: pasa del ateísmo a una firme creencia intelectual en Dios, fechada por algunos autores en 1920 pero por el biógrafo McGrath en la primavera de 1930.

En aquellos años hubo conversiones al catolicismo que estallaron como una bomba: G. K. Chesterton en 1922, Graham Green en 1926, Evelyn Waugh en 1930. Otros optaron por el cristianismo pero no por el catolicismo, como T. S Eliott, que se convirtió al anglicanismo, o él mismo.

Llegar a la fe desde la literatura

La conversión de Lewis no fue aclamada, de hecho en aquellos momentos publicaba con el nombre de Clive Hamilton. Llegó a la fe a través de sus intereses literarios. Para McGrath, “el amor de Lewis hacia la literatura es esencial para su conversión, pues supone el descubrimiento del atractivo racional e imaginativo del cristianismo”.

Lewis, que hoy es recordado como apologeta cristiano, crítico literario, periodista, ensayista y experto en la época medieval, ha dejado obras como El problema del dolor, Dios en el banquillo, Mero Cristianismo o Milagros.

Su historia de amor quedó plasmada en el cine con la película Tierras de penumbra, intepretada por Anthony Hopkins.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.