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¿Estamos realizando las dietas solo para rendir culto al cuerpo?

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Dean Drobot - Shutterstock
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Como en otros ámbitos de la vida, “todo extremo es malo.” También en relación con la alimentación

Hoy en día nos enfrentamos a índices altos a nivel mundial de obesidad y sobrepeso según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras que por el otro lado -en menor cantidad- aumenta el número personas que buscan la mejora de su imagen corporal o le rinden “un culto al cuerpo” intentando mantener las medidas perfectas. 

Presentar sobrepeso u obesidad es más que un tema estético, es un grave problema de salud que puede generar complicaciones sino es atendido a tiempo. 

Problemas que también pueden darse en los delgados o aquellos que  adelgazaron. Y es que , aunque solemos pensar que estar delgado es sinónimo de salud, a veces caemos en el error porque puede presentar desnutrición o anemia por una mala alimentación.  

Como dice el dicho: “Todo extremo es malo.” ¡Una gran verdad!

¡Pero qué delgada estás, amiga!

¿Cuántas veces nos encontramos con amigas que adelgazaron un par de kilos y nos gustaría conocer su dieta para ponerla nosotros también en práctica? 

Cabría preguntarse si verdaderamente está bien de salud. Tal vez antes del régimen tenía un peso normal y ahora no. Para responder a esta pregunta habría que conocer cómo llegó la persona a esa delgadez.

Hay distintas maneras de lograrlo, pero no todas son saludables: 

  1. Por constitución y naturaleza propia del individuo
  2. Por no comer adecuadamente
  3. Por hacer dietas de moda 
  4. Por seguir una dieta sana y equilibrada y combinarla con el deporte. 

Veamos la primera. Las personas que son delgadas por naturaleza tienen por lo general un metabolismo mucho más rápido que el resto, lo que hace que los alimentos ingeridos sean asimilados rápidamente y no se acumulen en forma de grasas en el organismo.

Ante este situación muchas veces descuidan su alimentación y consumen alimentos ricos en azúcares o colesterol porque saben que su peso se mantendrá estable de todas maneras. Sin embargo esta mala alimentación puede ocasionarles problemas de salud. 

En segundo lugar, hablaremos de los que pasan hambre para estar delgados. El problema aquí es que disminuyen la ingesta calórica y de nutrientes que su cuerpo necesita para estar sano. Corren así el riesgo de desarrollar alguna patología o de padecer algunas carencias que afectan al funcionamiento de órganos.

La tercera, los que confían en las “dietas milagro” pues no se ha tomado conciencia sobre la importancia de cambiar hábitos. Simplemente desean bajar de peso sin mucho esfuerzo y de manera rápida.

Ha tenido conocimiento de esta dieta a través de un amigo o un famoso que la empleó y descendió rápidamente de peso. Sin embargo podemos afirmar que pueden ser peligrosas. 

Antes de caer en una de ellas piensa que estas personas seguramente no eran obesas ni tenían sobrepeso, y si lo tienen, cuentan con la ayuda de algún profesional que los guía. Aventurase a realizar este tipo de dietas solo y a ciegas es muy peligroso.

Por último, la fórmula ideal para bajar de peso es aquella que cuenta con un buen asesoramiento nutricional para asegurarse que se realizando una dieta sana, equilibrada y variada en alimentos, adecuada a las propias necesidades nutricionales y a sus rutinas. Siempre incluye deporte o la realización de ejercicio acorde a la edad y posibilidades de cada uno.

Entonces, ¿está mal cuidarse?

No, Dios nos invita a velar por el bienestar de nuestro cuerpo, a cuidarlo con mesura, a amarlo y respetarlo, algo que dista bastante de aquello de “rendir un culto al cuerpo” u a obsesionarnos por la perfección física. 

Pero sí a estar atentos a las señales que nos brinda nuestro organismo, por ejemplo, si tenemos algún dolor, o estamos más cansados de lo habitual, para poder actuar si es necesario en el momento oportuno.

Debemos ser conscientes de nuestras acciones, porque si nos exponemos a distintas dietas de moda o nos privamos de comer alimentos sin necesidad, o realizamos ejercicios que nos exigen más de lo que podemos, estamos poniendo en riesgo nuestra salud. 

Antes de ponerte a hacer alguna dieta milagro, detente a hacerte estas preguntas:

  • ¿Vale la pena? Seguramente no de esta manera.
  • ¿Me hará bien bajar tan rápido? No, aparecerá el efecto yo-yo y no creará hábitos.
  • ¿Volveré a ganar peso una vez que la deje? Probablemente sí, el peso perdido o más.
  • ¿Me traerá consecuencias para la salud? Puede que sí, alguna deficiencia nutricional o por ejemplo alguna fatiga o cansancio muscular.
  •  ¿Necesito realmente alcanzar ese peso o con menos es suficiente? Debe ser evaluado primero por un profesional.

Recuerda que el organismo de cada persona es distinto, y no reacciona de la misma manera ante los cambios de alimentación. Por ello no es conveniente practicarlas, por más urgente que sea la necesidad de bajar de peso.

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Robert Kneschke - Shutterstock

Olvida las dietas milagro y cambia de hábitos

Bajar de peso puede ser fácil pero lo más difícil es mantenerlo, siendo esto último lo más importante. Tengamos presente que cuando queremos adelgazar o mejorar nuestra salud lo mejor será cambiar de hábitos.

Algunos consejos:  

  1. Consulta con un nutricionista, te asesorará según tus necesidades y tu realidad y te acompañará a lo largo de un proceso que no siempre es fácil pero sí seguro. 
  2. Busca el apoyo familiar, son los que te animarán cuando estés un poco desanimada. 
  3. Pídele a tu nutricionista que te haga un plan de alimentación que puedas adaptar a toda la familia si es necesario. 
  4. Plantéate estrategias que no necesites llevarlas a cabo sola, como empezar andar en bicicleta o hacer algún deporte en familia el día libre.

Cuídate, actúa con moderación, disfruta y sé agradecido con el cuerpo que Dios te regaló y verás que la próxima vez que te mires en el espejo te sentirás orgullosa de lo que eres y conseguiste. 

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