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Otro activista muerto en Brasil, una violencia que no cesa y preocupa

MARIELLE FRANCO
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El asesinato del defensor de la tierra Nazildo dos Santos Brito genera repudio e indignación a nivel internacional

Sucedió el pasado 14 de abril, pero los ecos de la muerte del activista brasileño Nazildo dos Santos Brito, de 33 años, no dejan retumbar desde que su cuerpo fuera encontrado sin vida en la mañana del domingo 15 de abril y constatar que había sido baleado en la localidad de Pará, norte de Brasil.

Nazildo de los Santos Brito fue expresidente de la Asociación de Vecinos y Agricultores Remanentes Quilombolas del Alto Acará, y según reproducen portales como Amazonia Real en base a Reuters “era amenazado de muerte por denunciar crímenes ambientales en la región”.

Según la agencia británica, su caso está siendo investigado y su labor en defensa de la tierra y su comunidad, vinculada a los quilombolas y un pasado de esclavitud, tenía que ver con denuncias a Biopalma Amazonia S/A, subsidiaria de la empresa minera Vale, en el condado de Acará.

La deforestación ilegal, la contaminación en las aguas de Tomás-Acú había generado en la comunidad una situación de alerta y protestas que derivó en la muerte de Nazildo y con ella la tercera que se constata en menos de tres meses en esa zona norte de Brasil.

El líder indígena Paraté Tembé, otro activista y denunciante de los daños ambientales en esa zona de Brasil, se encargó de recordar a través de las redes sociales al Nazildo, en especial su facete de padre y esposo.

 

La ONU preocupada  

En las últimas horas Naciones Unidas, a través del director de Medio Ambiente, Erik Solheim, lanzó un duro comunicado expresando preocupación por el aumento de la violencia contra los activistas y defensores de la tierra en Brasil. Su muerte se suma a otros dos casos recientes en la localidad de Pará.

 

 

“ONU Medio Ambiente observa con profunda preocupación la escalada de la violencia contra los activistas por los derechos a la tierra en Brasil. El reciente asesinato de Nazildo dos Santos y otros dos activistas ambientales en el estado de Pará es indicativo de un preocupante patrón de represalias contra quienes protegen sus derechos ambientales y humanos”, señala el comunicado firmado por Solheim.

“El asesinato de indígenas que viven en la primera línea de la protección ambiental es inaceptable”, prosigue, al tiempo de exigir “una investigación completa, imparcial y transparente sobre el asesinato”.

“Esta violencia en el corazón de uno de los lugares más ecológicamente importantes de la tierra es el gran avance que Brasil ha logrado en los últimos años para salvaguardar sus recursos naturales del uso insostenible”, subraya.

“Naciones Unidas está pidiendo que la violencia contra los activistas por los derechos a la tierra cese con efecto inmediato y se garantice la seguridad de los líderes de los grupos por los derechos a la tierra”, sentencia.

Brasil llora la muerte de otro defensor de la tierra y se consolida como uno de los países más peligrosos para los activistas por los derechos de la tierra, según las últimas estadísticas que recuerdan, por ejemplo, que tan solo en 2016 hubo 50 asesinados, algo que confirma una violencia que no cesa y preocupa.  

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