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Venezuela: Dos elecciones, dos desastres

VENEZUELA
Shutterstock-Edgloris Marys
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Cuando la urgencia electoral ignora la tragedia humana

“Anoche, en mi barrio, se suicidó un señor”. Al indagar la razón, explicó: “Dijo que estaba pasando mucha hambre y que no quería vivir”. Así resumió la tragedia una señora empleada del hogar. Sucedió en El Valle, una de las zonas más populosas del oeste de Caracas. Pasa con aterradora frecuencia.

El desastre social que se vive en Venezuela deslegitima cualquier elección y razón tiene la Conferencia Episcopal Venezolana cuando, en su más reciente declaración, lo pone de relieve. Los editoriales de los diarios, los comentarios de columnistas de prensa y la población en general, comenta hoy sin ambages el documento del episcopado venezolano.

El diario El Nacional comienza así su nota editorial: “Con la ponderación y serenidad que le caracteriza, la Iglesia Católica ha dado a conocer su parecer sobre las elecciones presidenciales pautadas para el próximo 20 de mayo. En el comunicado entregado a la prensa, los obispos venezolanos reiteran sus críticas sobre la manera en que se conduce el proceso electoral y advierten, por lo demás, que lo más sensato y conveniente para el país sería una postergación de los comicios para el último trimestre del año. No escapa a su reflexión el hecho cierto de que Venezuela padece la crisis más severa de toda su historia y que, en esas condiciones tan viles, llamar a la reelección del actual mandatario constituye no solo una provocación innecesaria sino una demostración de cinismo político que raya en la burla y el desprecio”.

El mismo desprecio que mostró el otrora presidente Hugo Chávez cuando, en medio del más grave desastre natural ocurrido en Venezuela en siglos, se empeñó en aquella consulta electoral de 1999, donde se le otorgarían plenos poderes para llamar a una Asamblea Constituyente que “refundara” el país según sus deseos y ambiciones. Se le recuerda como “el día en que la tierra avanzó hasta el mar”. El 15 de diciembre de ese año, las lluvias convirtieron en torrentes las quebradas desde la cadena montañosa que separa a Vargas de Caracas. Aludes de barro, agua y rocas arrasaron casas, inundaron edificios y llegaron hasta el mar, provocando escenas que horrorizaron al país y enlutaron nuestra Navidad.

La “tragedia de Vargas” –como se la conoce-, que afectó del 25 al 35 por ciento de los venezolanos, dejó en el país pérdidas por más de 4 mil millones de dólares, más de 500 mil personas sin acceso al agua potable por varios días lo que originó brotes de enfermedades, cerca de 200 mil damnificados y más de 30 mil fallecidos. Chávez, no sólo ignoró el clamor de los venezolanos para postergar esa consulta, sino que rechazó la asistencia humanitaria que dos buques norteamericanos, fondeados en aguas internacionales cerca de nuestras costas, ofrecían para atender la emergencia. Traían agua, alimentos y mantas. Pero fue más importante no acceder a la ayuda “del imperio” que aliviar el sufrimiento de miles de seres humanos. La ideología disfrazada de falsa dignidad.

Más de 200 mil damnificados y un número incalculable de cadáveres, fue el saldo dejado por las fuertes lluvias que azotaron a Venezuela en el mes de diciembre de 1999. Estas precipitaciones desbordaron las quebradas de la capital y colapsaron las principales vías de comunicación. Siete estados fueron declarados en emergencia nacional: Vargas, Distrito Federal, Miranda, Falcón, Táchira, Zulia y Trujillo y posteriormente Nueva Esparta. Pero Chávez quería elecciones.

Casas inundadas, comunidades destruidas, quebradas desbordadas, barrios desaparecidos, gente tapiada, muerte, desolación y miles de lágrimas que, poco a poco, fueron inundando los corazones de tristeza. Todos estos hechos, llevaron al caos a un país cuyas consecuencias quedarán marcadas para siempre.

Hoy, estamos en una situación similar, enfrentando una tragedia social de proporciones incalculables, con nuestra gente pasando hambre y necesidades de todo tipo, sin recursos para enfrentar las contingencias de salud pública. Es lo que los obispos venezolanos, de nuevo, señalan: que el Estado ve cada día más comprometido su rol para asegurar los insumos básicos para el pueblo, aumentan las epidemias y el desmantelamiento de los servicios.

“Comprobamos alarmados –dicen- cómo los males señalados en nuestra Exhortación Pastoral de enero de este año se han agravado. La hiperinflación ha acrecentado el empobrecimiento general de la población, con la descomposición de la calidad de vida de todos. La carencia generalizada de los servicios públicos de luz eléctrica, agua, gas, en todo el país que hace más difícil la vida. Todo ello ante la sorprendente indiferencia de los responsables gubernamentales de estas áreas para solventar estos problemas”.

La Iglesia ha pedido a los gobernantes tomar conciencia de su responsabilidad en todos los males que aquejan al país, a escuchar al pueblo y a abocarse con urgencia, con la cooperación de la empresa privada, a controlar la hiperinflación y facilitar la búsqueda de salidas políticas a la crisis.

Por segunda vez, este esquema de gobierno inspirado en el llamado socialismo del siglo XXI, que la Iglesia Católica ha rechazado sistemáticamente como moralmente inaceptable, muestra su cara más perversa: la tragedia humana le es, sencillamente, indiferente. El sufrimiento de las familias venezolanas no lo inmuta. Sólo importa activar mecanismos para permanecer en el poder, aún a costa del sufrimiento y las vidas de tantos seres humanos que sufren lo indecible sin encontrar eco de parte del Estado, responsable primero y último de la gestión económica y social en Venezuela.

El Parlamento Europeo no observará las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Venezuela el 20 de mayo, anunciaron los copresidentes del Grupo de Apoyo a la Democracia y Coordinación Electoral de la institución europea, David McAlister y Linda McAvan.

“Dado que no se cumplen las condiciones necesarias para unas elecciones creíbles, transparentes e inclusivas, el Parlamento Europeo no enviará observadores a las elecciones”, señalaron en un comunicado.

La diputada europea Beatríz Becerra exhortó al ex presidente español, Rodríguez
Zapatero, a que deje de dar oxígeno al gobierno de Maduro y puntualizó: “Él no habla en nombre de la UE ni de España”.

Por solo mencionar alguna cifras que actualizan la tragedia que vive este país, aquí están las últimas:

El Hospital de San Cristóbal se encuentra sin recursos para dar oxígeno a sus pacientes. El centro de salud solicitó 117 millardos de bolívares a Min Salud para la compra de insumos, medicinas, pago de oxígeno y fletes para operar durante 3 meses, pero los recursos no llegaron.

El promedio de presos políticos pasó de 100 a 220 por mes. Alfredo Romero, director del Foro Penal, informó que la semana pasada se registraron otras 11 detenciones.

Acaban de denunciar el colapso de morgues de hospitales de La Guaira y Pariata. “Eran tantos en cada cava que parecían barajitas; a mi papá no lo encontraron porque se lo habían llevado por equivocación”, expresó una pariente.

6.000 bioanalistas emigraron en busca de oportunidades. Los especialistas del sector público y privado denunciarán, en una céntrica plaza de la capital, la crítica situación en la que se encuentran los laboratorios de todo el país.

Como si fuera poco, las protestas se multiplican en varios sectores del país por la interrupción del servicio eléctrico y del agua corriente. En el estado Zulia, uno de los más calientes de nuestra geografía, los largos apagones hacen vivir un infierno a la población. El gobernador chavista de la entidad señaló que a las fallas del sistema eléctrico se le suman acciones de “sabotaje”, mientras tanto los sindicalistas del sector como los especialistas se refieren a falta de inversión y mantenimiento.

El sacerdote salesiano Alejandro Moreno, sociólogo y uno de los más avezados conocedores de la vida marginal en Venezuela, escribía hoy en su columna: “Dos vías de escape nos deja nada más: la emigración dolorosa, insegura, aleatoria, y la muerte lenta o rápida por hambre, enfermedad o violencia. El régimen parece tener necesidad de disminuir drásticamente la población. Ya solo por la emigración lo ha logrado en por lo menos cuatro millones; por hambre y enfermedad no se pueden contar los decesos; no puede haber estadística (…) ¿Adónde volveremos nuestra mirada? No hay mesías a la vista. Estamos solos. Nuestro pueblo tiene que volverse sobre sí mismo y hallar en su compacta unidad la fuerza que lo haga invencible. Nuestro pueblo está unido en anhelo, en esperanza y en decisión, pero necesita encontrar el nudo de cohesión. ¿Quién cumplirá ese indispensable papel? Los políticos no lo harán. Solo aparece a la vista una comunidad firme, unida y decidida; pero a ella no le toca. No es lo suyo”.

Cierra con una apelación directa a la Iglesia, a los católicos y deja preguntas: “Hablo de la Iglesia, pueblo y pastores. ¿Nos dirigiremos a ella? ¿Le pediremos que, dejando de lado su finalidad propia, la definidamente religiosa, sin negarla, y a partir del amor a todos los hombres que tiene por obligación y misión, encabece clara y abiertamente la unidad de todo el pueblo ya que ningún otro está dispuesto a hacerlo y es de vida o muerte? ¿Que pase de los claros y valientes discursos a la acción comprometida?”

El citado editorial de El Nacional finaliza con ironía: “Ayer Nicolás Maduro volvió a afirmar que “llueva, truene o relampaguee” los comicios se celebrarán en la fecha prevista. Pero lo mismo dijo de su viaje a Perú y se quedó con los crespos hechos, aunque no hubo ni truenos ni relámpagos”.-

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