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Avicii, el último juguete roto de la industria de la música

Pedro Fiuza / NurPhoto
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El joven DJ sueco fue encontrado sin vida en la habitación de un hotel de Omán

Por muy manido que resulte decirlo, su repentina desaparición puede calificarse como “la crónica de una muerte anunciada”. Basta con ver el documental de Netflix sobre el meteórico ascenso del joven sueco para darse cuenta de que el DJ vivía al límite. Y no por la tradicional combinación de drogas, noche, alcohol y fiesta sino porque tenía graves problemas de salud y un nivel tal de estrés y auto-exigencia que semejantes circunstancias no podían conducirle a nada bueno.

El documental, dirigido por Levan Tsikurishvili, se titula “Avicii: True Stories”, nombre que juega con el título que el fallecido DJ puso a su segundo álbum “Stories”. Tim Bergling, como se llamaba realmente, tenía solo 28 años y ya lo había logrado todo en el mundo de la música. Según Forbes, sus ingresos anuales superaban los 28 millones de dólares.

Había conseguido éxitos mundiales con sus canciones, -las más conocidas “Levels” y “Wake me up”-, reproducidas más de 11 billones de veces en Spotify, y había colaborado con grandes nombres de la música como Madonna, Chris Martin de Coldplay, Nile Rodgers, Wyclef Jean, Rita Ora, Lenny Kravitz, David Guetta o sus compatriotas ABBA.

Lo tenía todo… salvo salud. El documental, que se estrenó apenas hace unos meses, recorre los 8 frenéticos años de la vida de Tim, desde que era un simple adolescente que mezclaba sonidos en su habitación con la ayuda de un sencillo programa informático, hasta que decide cancelar multitudinarios shows en Las Vegas, a pesar de las millonarias pérdidas, porque está absolutamente exhausto de hacer algo que llevaba años sin querer hacer.

Con 20 años padecía una fuerte adicción al alcohol de la que se derivó una pancreatitis. Sus problemas de salud comenzaron en medio de su primera gira mundial. En Australia, en 2012, tuvo que ser hospitalizado por terribles dolores de estómago. El documental muestra a los médicos en la habitación explicándole su dolencia.

Sin embargo, el joven, celoso de su trabajo, asegura a los facultativos que no quiere suspender mas actuaciones. Debían operarle la vesícula pero el DJ insiste en tomar unos analgésicos y recibir el alta. Ninguna de las personas que lo acompaña es capaz de hacerle recapacitar y obligarlo a suspender la gira para curarse.

El resultado es un muchacho jovencísimo muy delgado y totalmente demacrado que solo duerme en aviones y que no sabe ni en qué país está. Es totalmente desolador. Pero era una máquina de hacer dinero y nadie iba a perder la ocasión de llevarse su trozo del pastel. Finalmente, en Miami hubo que retirarle el apéndice y la vesícula. Pese a su enfermedad, entre 2008 y 2013 había realizado 657 shows.

Los entrevistados en el reportaje se deshacen en elogios hacia la calidad artística de Avicii. Nile Rodgers habla del joven como “compositor de melodías más natural que había conocido nunca”.

Wyclef Jean asegura que “Tim es un músico como Michael Jackson, que tiene la sinfonía dentro de su cabeza, hace esto igual que Bach hizo lo que hizo. Tim es para mí un teórico de la música y eso es lo que le convierte en un gran compositor”.

El reportaje muestra lo apasionado que era con su música y la ilusión que ponía en su trabajo. También el lado oscuro. Las exigencias de una industria que había encontrado a la gallina de los huevos de oro y quería desplumarla.

El joven había cumplido sus sueños pero no se sentía feliz porque, como revela él mismo en el documental, “pude soportar todos los golpes que me llevaba, porque me siento muy afortunado de hacer lo que hago, pero no tuve tiempo de averiguar qué quería hacer y cómo quería hacerlo. Me dejé llevar por la corriente y me concentré unicamente en la música y en las giras y obviamente tenía que hacer lo que dije que iba a hacer (…) pero yo no planeaba nada. Era como si estuviera persiguiendo una felicidad que no era realmente la mía”.

El DJ, en otro fragmento del documental, sentencia: “No era feliz, no tenía tiempo para mí mismo, tiempo para parar un poco”.

Finamente, cansado y al límite de sus fuerzas se retiró en 2016 de la escena pública con solo 26 años. No quería hacer ni más giras interminables ni más actuaciones. Estuvo así 8 años ininterrumpidamente. No podía soportar más la presión, el estrés y la angustia que le producía actuar. En su mensaje de despedida a sus fans reconocía que, aunque ha sido “una bendición poder viajar por el mundo y actuar”, ha tenido “muy poco tiempo para la persona real detrás del artista”.

Se dedicó entonces a disfrutar de la vida que normal que no tuvo y a viajar por el mundo. Parece que estaba en Omán como turista cuando hallaron su cuerpo sin vida en la habitación del hotel. Se desconocen por el momento las causas de su muerte.

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