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La lección de Miriam: una religiosa ermitaña que no pronuncia una palabra desde hace 16 años

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Vive en el convento carmelita del Amor Misericordioso de Stettin (Polonia). ¿Cómo entender su opción en un mundo tan lleno de palabras?

Miriam lleva una vida increíble, que algunos podrían definir contranatural. Es antinatural porque estamos creados como seres sociales y entramos en relación con los demás, sin los cuales no podríamos expresarnos plenamente, dirían algunos, añadiendo que este tipo de vida podría llevar a un desorden mental. Vemos qué puede decirnos una mujer que ha permanecido en silencio en los últimos 16 años.

Miriam de la Cruz puede realmente decirnos mucho, aunque vive entre los muros del convento de Strettin. ¿Cuál es su mensaje? Podemos leerlo en sus publicaciones y deducirlo por quien la ha conocido.

Para sus hermanas es aquella que las sostiene con su oración silenciosa y da testimonio del valor del silencio, ofreciendo la posibilidad de un encuentro profundo con Dios. Para quien la rodea, es un punto de interrogación y a veces un punto de exclamación. ¿Cómo entender su opción en un mundo tan lleno de palabras?

Su ermita es una pequeña habitación separada de la pared del convento carmelita.

Al contrario de lo que se podría esperar, no está situada en la espesura de un bosque o en la esquina más perdida de un pueblo remoto, en un lugar inaccesible.

El convento carmelita del Amor Misericordioso, en que se encuentra la ermita de Miriam, es un elemento central del distrito de Golęcin de Stettin.

Afuera de sus muros se encuentran una escuela primaria, una clínica oncológica, una casa de retiros, una oficina parroquial y un presbiterio, además de un ambulatorio y un albergue nocturno gestionado por Caritas, la más grande entidad de beneficencia polaca gestionada por la Iglesia.

Es, por lo tanto, un lugar rodeado por los vaivenes de la vida cotidiana, y es aquí que podemos encontrar a la única mujer de Polonia que hizo voto de silencio perpetuo.

Miriam la ermitaña – una vocación en la vocación

Miriam de la Cruz está en silencio desde hace 16 años. Podemos decir que haya descubierto una vocación dentro de la vocación.

Describe así su experiencia:

“Es extremadamente difícil expresar con palabras cuán feliz es la vida en la amistad con Nuestro Señor y en el contacto incesante con Él. Es un Amigo tan fiel, generoso, tierno, amable, divertido, ingenioso y amoroso. Es una amistad que satisface todos los deseos del corazón humano, que cura todas las heridas y te libera de cualquier limite. Tiene piedad de nuestra debilidad y muestra una generosidad sin igual”.

Sor Miriam entró en el convento carmelita de Częstochowa. Llegó a Stettin hace 35 años, en 1983, cuando se le encomendó la misión de fundar una nueva comunidad. Después de un tiempo entendió que Dios la invitaba a hacer cosas más grandes. No sería una monja “común y corriente” y decidió volverse ermitaña.

Siguió su llamada, por mucho que la idea pudiera parecer una locura. Visto que la congregación vaticana para los Institutos de Vida Consagrada expresó que sería imposible vivir como ermitaña en la espiritualidad carmelita, Miriam fue relevada de sus votos en la Orden Carmelita, y el 28 de febrero de 1988 tomó los votos de ermitaña frente al obispo Kazimierz Majdański. En 2001 hizo voto de silencio perpetuo.

“Su rostro es como el sol”

La monja, que en los últimos treinta años ha vivido en la ermita del Sagrado Corazón de Jesús, es realmente sorprendente.

Iga, que visitaba a menudo el convento de Stettin, observó: “Su rostro es como el sol. La conocí el día de la fiesta del santo patrono, cuando se le podía acercar para felicitarla. Si se pudiera leer el estado del corazón de alguien por el aspecto de su rostro, diría que está realmente en paz. Fue un encuentro breve pero memorable. Respondía a las preguntas que ella…no hacía. Tenía la impresión de que fuera un diálogo en que me preguntaba cómo me llamaba y qué hacía en la vida, y respondía a esas preguntas tácitas. Miriam tiene una mirada profunda, amable, apasionada y dinámica”.

Al principios de los años noventa, a sor Miriam se le encomendó otra misión, similar a la que la había llevado a Stettin.

Durante tres años, a petición del obispo local, apoyó a una congregación recién fundada por las Religiosas Discípulas de la Cruz. Se volvió la responsable del consejo de la congregación y dejó una huella indeleble en su espiritualidad. Fue su última “misión externa”.

Hace algunos años, en 2013, Miriam vistió el hábito de ermitaña, una especie de escapulario, símbolo de adopción voluntaria de la humillación y del sufrimiento para la gloria de Jesús y la salvación del prójimo.

Esto marcó el tercer y más alto nivel de la profesión monástica, que tuvo su origen en la tradición ortodoxa, significando la entrada a un estado cercano al de los ángeles y adoptado en muy raras ocasiones.

¿Por qué permanezco en silencio?

¿Cómo es hoy la vida de un ermitaño? La religiosa sobre todo reza, ayuna, participa en la misa en la capilla del convento y pinta iconos, que se pueden encontrar en la capilla del convento carmelita y en varios otros lugares.

Son verdaderas obras de arte, un ejemplo de belleza nacida de un profundo silencio.

En una carta titulada “Por qué permanezco en silencio”, publicada en Więź monthly (11/2006), sor Miriam observó que está segura que exista un estrecho vínculo entre el silencio y la palabra.

“¿El voto del silencio no es contranatural? Me lo he preguntado yo también. El silencio es probablemente muy difícil para nuestra naturaleza, y también para mí, pero la vida social humana es posible gracias a ciertas dialécticas de silencio y palabra, contemplación y compromiso, liberación de los deseos terrenales y amor por el mundo, etc. El papel del silencio en la comunicación interpersonal, en las relaciones, parece, por lo tanto, fundamental y realmente necesario para obtener armonía. Es la comunicación que tiene lugar en el espíritu humano, en que se originan la consciencia, la amabilidad, la atención al otro, la calidez y el respeto. Existe una estrecha correlación entre el silencio y la palabra, visto que todo nace del silencio”.

La vida de Miriam, aunque puede parecer extremadamente difícil, es también un espléndido mensaje sobre la existencia del Misterio, que no puede sondearse como tampoco la vida de Miriam la ermitaña, aunque podemos intentar captar al menos un atisbo.

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