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¿Qué sigue tras los ataques de Estados Unidos a Siria?

SYRIA AFRIN
Ahmad Shafie BILAL I AFP
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Rusia y Estados Unidos danzan por encima del dolor

La situación no es tan confusa como pudiera haber parecido en un principio. Todo ha quedado en amenazas, rounds de sombra. Afortunadamente, sin personas muertas. Muchos menos civiles. Pero sí con un pulso entre Estados Unidos y Rusia. ¿Revive la guerra fría entre ambas potencias? Siria está en la mitad del fuego de las declaraciones cruzadas.

Listos para hacerlo otra vez

Ayer sábado, en la reunión de urgencia convocada por los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (entre los que se encuentran Rusia y EE UU), la embajadora de Estados Unidos ante este organismo, Nikki Haley, fue enfática: “Si el régimen sirio usa sus gases venenosos de nuevo, Estados Unidos está cargado y engatillado”.

La advertencia de la embajadora Haley tiene que ver con la que hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que no va a permitir que el régimen de Bashar al-Assad vuelva a usar gas asfixiante de cloro contra la población civil, tal y como lo hizo el pasado 7 de abril –en opinión de Estados Unidos y de sus aliados en el ataque a Siria, Gran Bretaña y Francia; “un montaje” en opinión de Rusia—en la región de Duma.

Durante la reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador de la Federación Rusa, Vasily Nebenzya, pidió una resolución del propio Consejo condenando los ataques con misiles Tomahawk que realizó el viernes, sobre las 21:00 horas (tiempo de Damasco) la coalición liderada por Estados Unidos.

La delegación rusa consideró que estos ataques son una “violación al derecho internacional y a la carta de la ONU”. Finalmente, el Consejo de Seguridad rechazó la moción.

Un ataque avisado

Mientras esto ocurría en la sede de la ONU, fiel a su estilo, el presidente estadounidense lanzaba un par de tuits en los que declaraba que el ataque había sido un éxito y que la misión era “cumplida”. En el segundo tuit, Trump dijo que estaba orgulloso del Ejército de su país el cual, muy pronto, se va convertir en el mejor Ejército de la historia.

Su homólogo, Vladimir Putin, no estaba tan feliz ayer sábado. Antes al contrario, a través del embajador en Estados Unidos, Anatoli Antónov, recalcó que los ataques de Estados Unidos a Siria (hay que recordar que Trump llamó por su nombre y apellido a Putin y con él al gobierno de Irán como aliados de al-Assad) “no se quedarán sin consecuencias”.

En Moscú, el propio Putin dijo que el ataque ha tenido “una influencia destructiva en todo el sistema de relaciones internacionales”.

El ataque del viernes, según la secretaria de Defensa de Francia, Florence Parly, había alcanzado los tres objetivos que se propuso: el principal centro de investigación sirio de armas químicas y dos importantes centros de producción de este tipo de armas. Además, Parly dijo con claridad que los rusos “estaban al tanto del ataque”.

Tanto así que fuentes sirias han confirmado que los lugares golpeados por los misiles de la coalición –en las afueras de Damasco y en la ciudad de Oms– habían sido evacuados previamente, por aviso de Rusia.

De hecho, hacía una semana que el presidente Trump estaba especulando sobre el ataque a Siria, tras enterarse del supuesto ataque a Duma, en el que habrían muertos cerca de 40 civiles, entre ellos varios niños asfixiados por los gases venenosos usados por las milicias leales a al-Assad.

En su cuenta, Trump tuiteó el pasado miércoles: “Rusia, prepárate, porque (los misiles) van en camino, bonitos, nuevos e ¡INTELIGENTES!”

Los rusos –o los sirios—se prepararon. Evacuaron personas de los lugares designados para el ataque de precisión estadounidense y, al mismo tiempo, según fuentes sirias, pudieron “interceptar” 13 de los cerca de 105 misiles lanzados el viernes desde el mar y por los aviones Tornado del Reino Unido.

¿Habrá consecuencias?

La prensa internacional ha mirado, con absoluta insistencia, al presidente ruso Vladimir Putin ayer sábado. Y no ha encontrado en él alguna reacción que anuncie algo similar a una respuesta bélica a Estados Unidos.

Dentro del ajedrez político que se vive en Siria, Vladímir Putin, acusó a Washington de “hacer el juego” a los terroristas y de “agravar la catástrofe humanitaria” en Siria. En una declaración difundida por el Kremlin, Putin condenó “de la forma más seria” la “agresión” cometida por EE UU y sus aliados “contra un Estado soberano que se encuentra en la vanguardia de la lucha contra el terrorismo”.

También anunció la convocatoria de la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU para “debatir las acciones agresivas de EE UU y sus aliados”, pero no advirtió ni anunció respuestas concretas rusas al ataque aliado.

Tres cuestiones podrían detener cualquier tipo de intento de guerra: el aviso del ataque, la inexistencia de víctimas (y menos de víctimas rusas) y la poca posibilidad de enfrentar a Occidente y a Estados Unidos.

El ataque fue calificado como “limitado” y para los especialistas no va a acarrear consecuencias militares inmediatas. Sin embargo, la guerra civil en Siria continúa. Siete años de conflicto interno, medio millón de muertos y diez millones de desplazados parecen no importarle a las grandes potencias.

Rusia y Estados Unidos danzan por encima del dolor. Persiguiendo intereses geopolíticos. Y prestigio.

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