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La incertidumbre política: otro factor que conspira contra el crecimiento

ZELAYA
Facebook Manuel Zelaya R.
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Honduras es hoy un caso, pero hay otros en América Latina

En su cuenta personal de tuiter, Manuel Zelaya, destituido presidente hondureño (2009), colocaba a finales de Enero: “Las movilizaciones son nuestro derecho constitucional a protestar contra el fraude y deben continuar a nivel nacional hasta culminar el 27 con el paro nacional”.

Todos saben que Honduras vive actualmente un clima de mucha tensión tras los resultados de las pasadas elecciones presidenciales del 26 de noviembre de 2017. Lo que tal vez no todos sepan –fuera de Honduras- es que el sector opositor está liderado por el expresidente de Honduras, Manuel Zelaya y el candidato presidencial Salvador Nasralla, quienes han llamado al pueblo a no abandonar las calles y a seguir en pie de lucha con las manifestaciones. Consideran que los resultados de los comicios han sido fraudulentos por las supuestas contradicciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE).

La cronología de los hechos indica que los hondureños fueron a elecciones el 26 de noviembre pasado. Nasralla parecía tener alguna ventaja para el día siguiente pero, entre dudas acerca de la transmisión de actas, el presidente hondureño Juan Orlando Hernández aparece el día 19 superando por 1,6 puntos a Nasralla en medio de denuncias sobre un posible fraude, lo que provocó que los opositores salieran a las calles a protestar. Pero, finalmente, los resultados oficiales expresaron que Hernández obtuvo el 50,11% de los votos frente al 31,54% a favor del candidato opositor Salvador Nasralla.

Poco después, Nasralla, de 64 años, compareció ante medios radiales de Honduras y, coreado por Zelaya, dijo que se retira del ruedo político porque “se dio cuenta de que, en Honduras, no se ganan elecciones de forma democrática, sino que los gobiernos son impuestos por Estados Unidos y la cúpula empresarial hondureña”. Y sentenció: “Ya no tengo nada que hacer en política”.

Las protestas se han intensificado al tiempo que el gobierno impone medidas de seguridad para el control de la situación. A mediados de diciembre se recuentan las actas y de nuevo el ganador es Juan Orlando Hernández. La OEA sugirió repetir comicios -luego que la Misión de Observación Electoral del organismo internacional registró varias irregularidades en el desarrollo del proceso- y el mandatario nacional no se negó, planteando un diálogo con la oposición que se mantiene en las calles. Pero, a la fecha, es Hernández quien ejerce el poder y la tensión persiste.

Para algunos, la Honduras de hoy -que no ha visto estabilidad desde que Micheletti logró enderezar el barco luego del feroz conflicto que estalló con la salida de Zelaya- se hunde en la crisis política la cual, últimamente, contabilizó 34 víctimas fatales, muchas de ellas reprimidas por las fuerzas del orden.

Honduras tiene niveles de pobreza considerables, la presión del narcotráfico y la acción de bandas delincuenciales que desestabilizan la convivencia social. Todo esto en medio de un cuadro de denuncias constantes sobre violaciones a los derechos humanos desde todos los frentes.

La Conferencia Episcopal advirtió en enero que, si no hay diálogo entre el presidente, Juan Hernández y el excandidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, Salvador Nasralla, en Honduras habrá más muertes y represión militar.

En un comunicado, el pasado 20 de diciembre, la iglesia Católica planteó la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, como salida a la crisis política. “No podemos ni debemos prolongar una crisis que paralizará el país y que no propicia cambios profundos en el seno de la sociedad. La salida es un diálogo inclusivo, con la presencia de representantes de todos los sectores de la sociedad y por medio del análisis de todos los desafíos que necesitan responderse con urgencia, a fin de superar la actual crisis desencadenada desde las elecciones del pasado 26 de Noviembre”.

Como antecedente, hay que recordar que en el 2009, tras el golpe de Estado que sacó del poder al entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, pidió al derrocado mandatario que se quedara en el exilio ya que si se atrevía llegar al territorio nacional, en Honduras correría la sangre. La advertencia del religioso fue rechazada por los seguidores de Zelaya Rosales, que denunciaron su evidente inclinación a favor del gobierno provisional encabezado por Roberto Micheletti. Lo cierto es que, desde el término de la gestión de Micheletti, Honduras vive una aventura volátil que la mantiene en un terreno movedizo cuyos efectos se están reflejando en la economía.

Otros países se encuentran en situación de riesgo, con la incertidumbre socavando las bases de un crecimiento, aún moderado. El caso de Brasil, en alguna medida México ante la posibilidad de un triunfo electoral de López Obrador y el crónico de Venezuela no dejan lugar a dudas.

En Tegucigalpa, una misión del Fondo Monetario Internacional, encabezada por Roberto García-Saltos, finaliza esta semana una evaluación de las finanzas del país centroamericano, que empezó el 3 de abril. Han determinado que Honduras registrará un menor crecimiento en 2018 por la “incertidumbre” generada por la crisis política electoral, aunque la economía continúa comportándose “de manera satisfactoria”.

Según el informe, en 2018, el crecimiento se moderará al 3%, “en parte influenciado por la incertidumbre política y condiciones externas menos favorables” que en 2017; incertidumbre generada por las protestas de la oposición de izquierda encabezada por el excandidato presidencial, Salvador Nasralla, en contra de la reelección de Juan Orlando Hernández, alegando “fraude” en las elecciones de noviembre.

La visita de la misión del FMI ocurre luego de vencer en diciembre un acuerdo de tres años para evaluaciones marcroeconómicas firmado con el gobierno de Juan Orlando Hernández. Las recomendaciones del FMI son preservar la estabilidad macroeconómica y fortalecer el marco institucional, como aspectos cruciales para la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

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