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La (des)esperanza hace al zombi

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Los Hambrientos invita a hacerse ciertas preguntas, como ¿qué pasa cuando un hombre no cree en nada?

Premiada en el festival de Toronto como la Mejor Película canadiense, Los hambrientos es una interesante aunque desigual aproximación al cine de muertos vivientes que no obstante invita a hacerse ciertas preguntas, como ¿qué pasa cuando un hombre no cree en nada?

Los hambrientos habría pasado sin pena ni gloria sino fuera por la etiqueta de cine indie que arrastra la cinta desde el primer momento. De hecho, no hace falta ni ver un solo fotograma para adivinar que la película de Robin Aubert no es la típica película de zombis. Es más, a buen seguro dejará helados a los fans del género, y lo que es más interesante, despertará cierta seducción para los que poco o nada saben de muertos vivientes, pero, y esto es importante, sí les interesa el cine.

Por lo general, en las películas de zombis los monstruos suelen ser lo menos interesante, porque son las personas reales y sus conflictos las que hacen que el relato avance y sobre todo, que se construya como un drama generalmente moral. Pero en el caso de la película de Aubert, no sé si de forma consciente o no, lo menos interesante son sus personajes reales.

Los hombres y mujeres que huyen de los muertos vivientes resultan bastante estereotipados y sus andanzas bastante previsibles. Hay un protagonista, una chica, una casa, una niña, una huida y un final abierto. O sea, más de lo mismo.

Ahora bien, Los hambrientos es una película interesante primero, por cómo está narrada. La templanza y la mesura de la cámara, siempre a su ritmo, contrasta con las persecuciones y el histerismo generalizado que empapa un pequeño pueblo de Quebec que, de un día para otro y sin explicación, se ve asediado por muertos vivientes.

Así, Aubert no solo filma lo que hay delante de la cámara, sino que también hace partícipe al espectador de su entorno. Esto es interesante porque la intención de Los hambrientos no parece tanto la de generar un suspense que al fin y al cabo, no deja de ser un concepto pasajero, sino la de proporcionar una atmósfera espesa y hasta incómoda que inunde el relato.

De este modo, con su cámara Aubert parece hacernos respirar la asfixiante sensación de horror que se puede percibir en el ambiente pero no por la sangre (que la hay, aunque mucho más escasa que en una película de zombis), sino por lo que transmiten sus imágenes ajenas a las carreras y a las persecuciones.

Pero es que además, ese abierto desinterés de Aubert por sus personajes se torna mucho más inquietante cuando se dirige hacia sus monstruos. Extrañamente inteligentes, capaces de planificar una emboscada y hasta de diseñar inquietantes construcciones con los desechos de la sociedad que andan devorando.

En Los hambrientos los zombis se perfilan sin discusión como el futuro de la sociedad porque como parece sugerir la película, sin esperanza, cuando no hay nada en lo que creer, es entonces cuando uno se convierte en un zombi. O dicho de otro modo, la desesperanza hace al zombi.

Ficha Técnica

Título original: Les affamés (2017)


País: Canadá


Dirección: Robin Aubert


Guion: Robin Aubert


Reparto: Marc-André Grondin, Monia Chokri, Charlotte St-Martin, Micheline Lanctôt, Marie-Ginette Guay, Brigitte Poupart, Édouard Tremblay-Grenier, Luc Proulx, Didier Lucien, Robert Brouillette, Martin Héroux, Patrick Hivon

Tags:
cine
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