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¿Acabará Macron con siglos de prejuicios anticatólicos en Francia?

EMMANUEL MACRON
Ludovic MARIN I POOL I AFP
French President Emmanuel Macron delivers a speech during a meeting of the Bishops' Conference of France (CEF) at College des Bernardins in Paris, on April 9, 2018. / AFP PHOTO / POOL / ludovic MARIN
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En su reciente discurso a los obispos franceses, el presidente galo propone "laicidad" frente a "laicismo"

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, quiere establecer una relación más abierta entre el Estado y la Iglesia Católica. Hasta ahora el Estado había “ignorado” el hecho religioso al ser un Estado laico a raíz de la ley del año 1905 que declaró la separación radical entre el Estado y la Iglesia. Han pasado más de cien años y la situación de entonces no tiene que ver con la actual realidad ni de la Iglesia Católica ni de Francia.

Macron lo dijo en un discurso que pronunció ante la Conferencia Episcopal francesa y 400 personalidades del ámbito político, cultural y religioso, en París en la sede del famoso Colegio de los Bernardins.  El discurso, que duró una hora, se aplazó para que el presidente Macron pudiera conocer la última Exhortación Apostólica del Papa, “Gaudete et exultate”, recién publicada.  Según Macron hay que salir de este círculo de “malentendidos y desconfianza recíproca” entre la Iglesia y la República.

Es la primera vez que tiene lugar un encuentro de estas características entre el Presidente de Francia y la Iglesia católica. También Macron mantuvo antes reuniones con las religiones musulmana, hebrea y protestante.

Macron quiere establecer unas nuevas bases de entendimiento con la Iglesia católica, una nueva relación entre lo religioso y lo civil en la Francia laica, pues no tiene sentido hoy el laicismo (que es una laicidad radical), que ignora el hecho religioso y hasta lo combate, sino quiere mantener lo que él llama la “laicidad”, es decir que los católicos puedan colaborar con el Estado en tantas obras benéficas –ayudas a los pobres y obras de beneficencia– y de contenido social como desarrollan la Iglesia y sus instituciones, manteniendo el estado laico.

Es más. Dijo el Presidente de Francia que espera que los católicos colaboren más y se impliquen más en la vida política de Francia: “Los católicos no deben sentarse en las escalerillas de la República, sino encontrar el gusto y la sal de lo que siempre habéis hecho, y participar en las políticas nacional y europea” para aportar la propia visión”. Ha pedido a la Iglesia “vivir plenamente la libertad de ser uno de los puntos de referencia que no ceden a las tendencias de los tiempos”

La laicidad consiste en proteger lo que de bueno tienen las religiones para los ciudadanos, dentro de la separación entre el Estado y la Iglesia: lo laico y lo sagrado no se oponen, dijo Macron, al contrario, la laicidad “no tiene como función negar lo espiritual en nombre de lo temporal, ni arrancar de nuestras sociedades la parte sagrada y espiritual de nuestros conciudadanos”.

Macron, en su largo discurso hizo referencia a conceptos católicos como trascendencia, martirio, salvación, vocación, esperanza y conversión y citó a numerosos escritores y filósofos cristianos. El presidente Macron, aunque no se define como católico practicante, pidió ser bautizado a los 12 años, y se formó en los jesuitas.

En su discurso del lunes manifestó su deseo de querer escuchar aquella voz que saca su fuerza y claridad de ideas, de un pensamiento donde “la razón dialoga con una concepción trascendental del hombre”, pues la política “necesita de la energía de quienes dan un sentido a la acción y que llevan al corazón una forma de esperanza”.

Se trata, para Macron, de practicar una “laicidad de apertura”, es decir que el Estado tenga también en cuenta el aspecto espiritual y religioso de sus ciudadanos, pues son muchos los franceses que practican una religión, y especialmente religiones cristianas. No son tiempos hoy para mantener una “tirantez” permanente entre las dos potestades, civil y religiosa, sino buscar una colaboración entre ellas para el bien del ciudadano.

Preparándose a las críticas de quienes en Estado laico es un bien absoluto, como han hecho ya los partidos de izquierda, Macron ha dicho que “la laicidad no tiene por función negar lo espiritual en nombre de lo temporal, ni desarraigar de nuestras sociedades la parte sagrada que alimenta a tantos ciudadanos nuestros”.

Lo dicho por Macron es también doctrina del Concilio Vaticano II. Así, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (n.76) establece que entre los poderes civiles y la Iglesia debe existir una “sana cooperación” siempre que no empañe el mensaje cristiano, pues el hombre está compuesto de alma y cuerpo. La iglesia se ocupa del alma y el Estado del cuerpo, y para beneficiar al hombre no puede haber un conflicto entre estos dos aspectos, sino una “sana cooperación” para el bien de todo el hombre.

Los obispos católicos, por medio de su portavoz, Olivier Ribadeau Dumas, afirman que el discurso del presidente Macron ha marcado un antes y un después en las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Francia, que se habían distanciado mucho a raíz de la ley de 1905.

El Estado, dijo el presidente francés, necesita de “la savia católica” para revitalizar nuestra nación. Macron pidió “prudencia” para abordar la bioética y los migrantes, temas que hoy son polémicos entre la Iglesia y el Gobierno de Francia.

El discurso del Presidente de Francia ha caído bien, no solo a los católicos, sino a miembros de otras confesiones religiosas y a buena parte del mundo intelectual francés. Para algunos ha sido “romper” la identidad laica francesa instaurada con la Revolución Francesa, y con siglos de abierta hostilidad y exclusión.

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