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Setenta años del Bogotazo

BOGOTAZO
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¿Moraleja? Las peores guerras son entre hermanos: Colombia aún busca la paz

El 9 de abril de 1948 asesinan en Bogotá al dirigente liberal Jorge Eliecer Gaitan. Se genera una espiral de violencia inusitada, conocida como el Bogotazo. El problema político en Colombia era serio. Se vivía un torbellino de inestabilidad política. El Partido Liberal, dividido, facilitó la vuelta al poder del Partido Conservador que ganó las elecciones de 1946.

No hubo acuerdo de gobierno entre ambos grandes partidos y Gaitán, quien se posiciona como favorito para ganar en 1950, buscó ganar el respaldo de las clases más desfavorecidas.

Esa época se caracterizó por asesinatos, agresiones, persecuciones, destrucción de la propiedad privada y terrorismo por el alineamiento político. El conflicto causó entre 200.000 y 300.000 muertos y la migración forzosa de más de dos millones de personas, equivalente a casi una quinta parte de la población total de Colombia, que para ese entonces alcanzaba los 11 millones de habitantes.

Jorge Eliécer Gatián, abogado, líder popular de origen liberal y de encendida prédica antioligárquica, seguro ganador de las próximas elecciones presidenciales, es baleado en las calles bogotanas y se desata una rebelión social violenta que se extiende como reguero de pólvora por el país y parte en dos el siglo XX para todo lo que vaya a suceder en Colombia desde entonces.

El conservadurismo colombiano, que no trabajaba precisamente para llevar la democracia al país, veía a Gaitán como una clara amenaza, por lo que finalmente, el 9 de abril de ese mismo año, el líder liberal recibió tres disparos que acabarían con su vida. La multitud que presenció lo ocurrido fue en busca del presunto asesino, Juan Roa Sierra, le golpearon hasta matarlo y le arrastraron hasta el Palacio de Nariño, donde abandonaron su cadáver desnudo. Este hecho desató lo que la historia conocería como ‘Bogotazo’, una revuelta nacional contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, a quien le exigirían su renuncia. Ese día hubo saqueos en el centro de Bogotá que fueron expandiéndose a otras ciudades de Colombia.

 

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Cortesía Archivo Distrital de Bogotá

 

Ese episodio dio inicio a ‘La Violencia’, etapa que se extendió hasta 1958 -algunos historiadores lo amplían hasta 1966- y marcó la triste realidad de Colombia en los años centrales del siglo pasado. Pero en los sesenta, como una seguidilla lógica de todo ese desencuentro profundo en la sociedad colombiana, surge la guerra de guerrillas, aparecen las FARC y el resto es historia harto conocida.

Unos pocos años antes en Argentina, en 1945, el coronel nacionalista Juan Domingo Perón, de gran ascendencia sobre la creciente clase trabajadora, es encarcelado y se desata una rebelión popular el 17 de octubre, que también parte en dos el siglo XX para el país del sur. Ambos hechos -uno presenciado, el otro seguido con interés por un joven dirigente estudiantil cubano, Fidel Castro, de barba aún rala- se enmarcan en un contexto histórico propicio para el surgimiento de movimientos populares como resultado del proceso de sustitución de importaciones tras la crisis internacional de 1930 y los modelos de Estado benefactor; esos movimientos adquieren un carácter antiimperialista en la medida en que se percibe que Estados Unidos pretende extender su influencia en el continente tras la Segunda Guerra Mundial.

Gaitán, como Castro y como tantos otros, fueron vapores impulsados por una borrasca política y de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Por aquellos años, Lázaro Cárdenas expropia compañías petroleras extranjeras en México; Getulio Vargas impulsa la industrialización y con ello la sindicalización de los trabajadores en Brasil; y Paz Estensoro habilita el ingreso de nuevos sectores populares a la política en Bolivia con su nacionalismo revolucionario. Colombia, con el asesinato de Gaitán, perdió la posibilidad de experimentar su propio “nacionalismo popular” desde el Estado y, en cambio, se sumergió en “La Violencia” que aún signa la vida política del país.

Los discursos de Gaitán eran presentados como “oraciones”: Oración por los Humildes, Oración por la Paz, oración por…pero lo cierto es que estaban repletos de contrastes. El 7 de febrero de 1948 Gaitán encabeza una manifestación denominada “La Marcha del Silencio” a la que acuden más de 100.000 personas y que ocurre en protesta por los hechos de violencia política en diversas zonas del país.

En su famosa “Oración por la Paz” Gaitán le dice a Ospina Pérez: “… Señor presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de constitucionalidad. Os pedimos que no creáis que nuestra tranquilidad, esta impresionante tranquilidad, es cobardía. Nosotros, señor presidente, no somos cobardes: somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. Pero somos capaces, señor presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia….”

El 15 de febrero, Gaitán se pronuncia en la ciudad Manizales esta vez con un discurso llamado “Oración por los Humildes” como homenaje a 20 liberales masacrados en el Departamento de Caldas. Nunca incitando a la venganza física, sino procurando la revancha por la vía de un triunfo de los liberales sobre los conservadores.

Como contrapartida, Gaitán pronunciaba frases terribles como: “Si avanzo, seguidme. Si me detengo, empujadme. Si os traiciono, matadme. Si muero, vengadme”.

Y murió. Y la venganza aún respira. Después de su asesinato sobrevino El Bogotazo que marcó “el día en que Colombia cambió para siempre”. Fue el momento en que hizo eclosión la lucha bipartidista. Ir hasta esos tiempos, setenta años atrás, es como viajar a la génesis de la violencia en Colombia. Ocurrió el crimen político más sonado de la historia de ese país. La fecha es considerada por muchos como punto de partida de la violencia en Colombia y otros la reclaman como referente obligado para el reconocimiento de las víctimas en el país. Recorrer este periplo significa entender por qué la consecución de la paz es un proceso tan complejo en Colombia.

¿Qué habría pasado en Colombia y en el continente de vivir Gaitán y concretar sus planes de gobierno en su país? No arriesgamos teorías pero si algo mostró la dinámica es que las peores guerras son las intestinas. Dejan una coexistencia difícil pues deben seguir adelante, compartiendo espacios y destino quienes protagonizaron el conflicto, asumir las consecuencias y curar las heridas.

Hoy, Colombia aún busca la paz. Los vidrios aún están regados. La huella que la violencia dejó en ese país es todavía nítida, a pesar de una recuperación de la convivencia y la economía notables. Pero todo ello es frágil y debe ser escrupulosamente vigilado a menos que no se repitan errores y el camino transitado sea el de la verdad y el perdón.

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