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María, la clave para la reunificación de los pueblos latinoamericanos

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Cómo la política ha herido la unidad de los pueblos, y quién puede reunirlos

Miles, decenas de miles, han pretendido arropar al expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva intentado evitar su encarcelamiento, tras la negación del Tribunal Superior de Justicia de concederle un hábeas corpus tras ser condenado por corrupción.

Mientras tanto, otros miles, también decenas de miles, celebraron en calles o en silencio su encarcelamiento. Entre ambos grupos, hay un muro enorme de distancia. Todos brasileros. En tiempos globalizados, el pesar o la celebración se trasladó a otros países, en los que la figura de Lula no pasó en nada desapercibida.

 

 

Miles rechazan en la Argentina las posibles las causas judiciales que investigan corrupción e incluso traición a la patria de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, mientras miles las celebran. Miles añoran, y miles condenan a Rafael Correa en Ecuador. Ni que hablar del Perú, que acaba de ver caer a un presidente. Y sin entrar en Venezuela, donde las evidencias del pueblo venezolano huyendo de su país no hacen más que dejar perplejos a quiénes atónitos observan cómo miles defienden a capa y espada al régimen bolivariano.

Increíblemente entre éstos en Venezuela, hay miles que también observan incrédulos como hay quienes no ven le huella de la conspiración occidental contra el gobierno de Maduro.

Si siguiésemos paseando por Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, entre tantos otros, veríamos escenarios parecidos. Miles de un lado, miles del otro.

América no es un inmenso y único jardín, así como Europa tampoco lo es. Por eso, pese a las divisiones internas comunes, cada Estado tiene la posibilidad de resguardar hacia dentro de sus fronteras una cultura institucional independiente.

A Costa Rica le tocó elegir presidente en el medio de esta vorágine de antagonismos internos con ecos externos. Costa Rica eligió presidente, en dos vueltas, a su manera. El balotaje que vio ganador a Carlos Alvarado por sobre Fabricio Alvarado tuvo lugar el domingo de Pascua. Día extraño para votar. Pero de alguna manera providencial.

En un mensaje posterior a las elecciones los obispos de Costa Rica resaltaron la nutrida participación en las celebraciones de Semana Santa, y dijeron: “Nos llena de mucha alegría al ver en ello una respuesta de comunión y fe ante los elementos de división que se quisieron introducir en los últimos tiempos”.

Y encomendaron nuevamente el país a la “Madre de la Unidad”. “En estos días en que los creyentes celebramos la Resurrección del Señor, Misterio Central de nuestra Fe, contemplamos que en la primera comunidad cristiana, la presencia de María promovía la unanimidad de los corazones en la paz y la concordia (cf. Hch 1,14), por ello también, pedimos este don para el pueblo costarricense por intercesión de aquella a quien San Agustín llamaba la ‘madre de la unidad’.

Hoy imploramos a nuestra querida Madre, Reina de Los Ángeles, nos conduzca a todos por el camino de la comunión con su Hijo Resucitado y entre nosotros como hermanos, superando toda división y resentimiento”.

 

P.M Wysocki (Lumière du Monde)

 

Aunque la Emperatriz es común y es Nuestra Señora de Guadalupe, en cada estado latinoamericano María es patrona con una advocación distinta. Y casi siempre se encuentra en ella un vínculo con la patria. Lo revivimos con intensidad estos días, con la conmemoración de los 200 años de la Batalla de Maipú en el Templo Votivo Basílica de Nuestra Señora del Carmen en Chile.

María, que reúne a sus hijos esperando la Resurrección y celebrándola, puede ser la clave para la reunificación de los pueblos latinoamericanos heridos en su unidad, divididos por las ideologías y sus políticos.

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