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El profesor que salvó a más de 600 niños hebreos de ser asesinados

VAN HULST
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Sin duda, sus acciones fueron su mayor enseñanza

Johan van Hulst trabajaba como profesor en una escuela calvinista en la ciudad de Amsterdam (Holanda) justo cuando el ejército nazi invadió los Países Bajos a principios de los años 40.

En 1942, la escuela -que se encontraba en un vecindario mayormente de familias hebreas- se vio forzada a cerrar porque el gobierno le quitó los fondos.

Pero van Hulst, contrario a lo que pensaba la administración, creía que con ayuda de los padres del alumnado y un poco de esfuerzo extra de los profesores, podrían mantener las puertas abiertas.

Y así fue. Incluso, el académico se convirtió en el director de la escuela. Sin embargo, a tan sólo uno pasos de la institución estaba el teatro Hollandsche Schouwburg, el cual había sido tomado por los nazis para convertirlo en un centro de deportación de hebreos a distintos campos de concentración.

En este centro trabajaba como administrador Walter Süskind, un alemán-judío que estaba residenciado en Holanda con la esperanza de huir con su familia a Estados Unidos.

Él se encargaba de registrar a los hebreos de la localidad antes de ser deportados y trataba de tener buenas relaciones con las autoridades alemanas.

Pero también lo que hacía era registrar menos personas de las que realmente llegaban para poder ayudar a escapar a algunos. Van Hulst protegió a varios de los jóvenes haciéndolos pasar por sus estudiantes.

Pero pronto ambos podrían ayudar aún más. Los nazis construyeron justo al lado de la escuela del profesor holandés un sitio que sirviera de guardería para los bebés y niños judíos más pequeños. Allí trabajaba Henriëtte Pimentel, quien decidió unirse a los planes de Süskind y van Hulst.

Como era sólo una pared lo que separaba ambos sitios (y Süskind jugaba con los números de los registros), pasaban bebés -previo al consentimiento de sus padres- por encima del muro cuando los soldados nazis se descuidaban (generalmente en la hora de la siesta).

Asimismo, aprovechaban cuando pasaba el tranvía y bloqueaba la vista de los cuidadores para que miembros de la resistencia holandesa se llevaran a los niños a refugios más seguros escondidos en cestos de bicicletas o basuras (algo similar a lo que hizo Irena Sendler en el Gueto de Varsovia).

Todo era muy peligroso y podía costarle la vida a van Hulst y a su familia, porque sí, él estaba casado y tenía dos hijos, aunque nunca les contó nada a ellos en el momento para no comprometerlos.

Un día llegó una inspectora nazi a su escuela sin previo aviso. Mientras revisaba el recinto, escuchó el llanto de varios bebés. Por suerte, ella también era un miembro de la resistencia que estaba infiltrado.

Johan van Hulst nunca fue atrapado y, aunque no hay un registro exacto, ayudó a escapar a más de 600 niños y bebés que estaban destinados a terminar en una cámara de gas junto a Süskind (que murió en Las marchas de la muerte de 1945 después de ser descubierto ayudando a otros judíos de otro campo de tránsito) y Pimentel (quien murió Auschwitz en 1943).

Quizá mucha gente no ha oído hablar de él porque él mismo afirmaba: “No me gusta ser protagonista de nada, sólo pienso en los miles de niños que no pudimos salvar”.

Asimismo, decía que lo más difícil era escoger, porque sabían que no podían salvarlos a todos y siempre le quedó el remordimiento que cuando un día ayudaba a escapar a doce, por qué no habían sido trece.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Johan van Hulst se convirtió en miembro activo del partido cristianodemócrata holandés, llegó a ser senador y, posteriormente, europarlamentario, promoviendo siempre los valores de libertad e igualdad.

A lo largo de su vida fue condecorado y recibió varios tributos de autoridades israelíes.

“Nosotros decimos que quien salva una vida, salva un universo. Usted salvó cientos de universos. Quiero agradecerle en nombre del pueblo hebreo, pero también en nombre de la humanidad”, le dijo el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu durante una visita a Holanda en 2012.

¿2012? Sí. van Hulst tuvo una larga vida. Falleció el pasado 22 de marzo a sus 107 años de edad y hoy la que era su escuela es un centro de remembranza del holocausto.

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