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El Jueves Santo se tiñó de sangre sacerdotal en El Salvador

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"Este clima de violencia criminal debe ser combatido y superado mediante el mejor esfuerzo nacional", expresó la Iglesia

Una tragedia más ha enlutado a la Iglesia salvadoreña.  El Jueves Santo presuntos pandilleros asesinaron al sacerdote Walter Osmir Vásquez, quien fue sepultado el pasado Domingo de Resurrección en la localidad de Lolotique (de donde era originario), tras una misa en la parroquia de esa localidad.

El irrefrenable cúmulo de asesinatos y la disputa de las pandillas por el territorio, han convertido a El Salvador en un polvorín.  Y con la amenaza de la repatriación de miles de salvadoreños que vivían en Estados Unidos bajo el paraguas del programa de estancia temporal (el TPS, por sus siglas en inglés) y que ha sido suspendido por la administración del presidente Trump.

“Este clima de violencia criminal debe ser combatido y superado mediante el mejor esfuerzo nacional”, señaló la Iglesia en un comunicado leído ante los feligreses por el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, durante la Misa del Domingo de Resurrección en la Catedral de San Salvador.

“La situación de violencia es grave, no solo la muerte de nuestro hermano sacerdote nos conmueve, sino la de todos los salvadoreños que mueren, no hay derecho”, agregó Escobar en una rueda de prensa tras la Misa.  Para el arzobispo Escobar, la lucha contra la violencia criminal no debe involucrar solo al gobierno, “sino que es un tema que nos compete a todos”.

El asesinato del padre Vásquez –ultimado a balazos por presuntos pandilleros el jueves cuando se dirigía a participar de las celebraciones de la Semana Santa en la ciudad de Lolotique, a 130 kilómetros al este de San Salvador—ha llenado de estupor a los fieles de esta pequeña nación centroamericana que se apresta a celebrar la canonización del mártir Oscar Arnulfo Romero.

 

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El arzobispo Escobar señaló que el asesinato del padre Vásquez debe “investigarse y clarificarse”, y, tras una llamada del vicepresidente de El Salvador, Óscar Ortiz, quien se comunicó para expresar las condolencias del gobierno por la muerte del sacerdote, exigió al propio gobierno “que el asesinato no quede impune”.

El padre Vásquez, de 36 años, era originario de Lolotique. Había sido ordenado el 13 de febrero de 2010 y designado como vicario en la parroquia Nuestra Señora de la Merced del municipio de Mercedes Umaña, perteneciente a la diócesis de Santiago de María.  Hasta el momento no se tienen indicios del “móvil” del asesinato, toda vez que el sacerdote, tras sufrir el robo de sus pertenencias, fue “ejecutado” por los sicarios.

La diócesis de Santiago de María emitió un comunicado en el que condenó todo tipo de violencia, “de manera especial este hecho que sucede en el contexto de la Semana Santa, a pocas horas de que el padre Walter había renovado sus promesas sacerdotales” durante la Misa Crismal.

Asimismo, el obispo de la diócesis de Santiago de María, William Iraheta Rivera, agradeció “la disponibilidad de las autoridades ante tan sacrilegio hecho” y confió en que “se realizaran las diligencias respectivas para dar con los responsables del crimen y que se haga justicia”.

Según cifras oficiales en El Salvador, durante 2017, se registraron 3.962 homicidios, 60 por cada 100.000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo. Los asesinatos, como el del sacerdote Vásquez, son atribuidos, principalmente, a las pandillas Mara Salvatrucha (MS13), Barrio 18 y otras menos conocidas pero igual de letales, que operan en todo el territorio salvadoreño.

Con información de El Nuevo Diario

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