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El “Centro Esperanza” aporta su “granito de arena” por una mejor Venezuela

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Violeta Martínez pasó de aprendiz a instructora, un cambio de vida gracias al método de aprendizaje que lleva al “emprendimiento propio” en un país marcado por la crisis

“Aprender y emprender” son las premisas que pone en práctica Violeta Martínez, afianzada en la estrategia y en los valores aprendidos directamente en el Centro Esperanza, que las religiosas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor tienen en Caracas. Ella es uno de los mejores resultados de la estrategia de enseñanza y puesta en práctica de las ideas de emprendimiento implementadas por las religiosas. Violeta comenzó como cualquiera de los que ahora son sus alumnos: “buscando salir de abajo, con mucha dignidad y con la fe puesta en un futuro mejor”. ¡Y lo logró con creces!

El Centro Esperanza ayuda a personas que viven en situación de calle o salen de la cárcel y se encuentran sin empleo formal; rescata a hombres y mujeres que ven mermadas sus vidas por el alcoholismo y las drogas; rescata a las chicas que caen en la prostitución y educa para revertir la violencia familiar.

Con la implementación de charlas de orientación, oficios y talleres, motivan a estas personas para establecer un emprendimiento propio y enfrentar “dignamente” las dificultades por las que atraviesan en la Venezuela actual.

 

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De aprendiz a instructora…

Violeta Martínez conversó con Aleteia y confesó su satisfacción por colaborar en la enseñanza de los cursos que desde hace 25 años ofrece la congregación religiosa que llegó a Venezuela el 27 de junio 1925. “Trabajamos con personas en situaciones de extrema necesidad y pobreza”, explicó.

“Muchas personas que vienen a esta casa de acogida se encuentran desempleados pero desean mejorar su nivel de preparación para lograr nuevas y mejores oportunidades en el campo laboral o como una manera de auto financiarse”, refirió la formadora.

Destacó que esta capacitación también le da oportunidad a jubilados y a las personas de la tercera edad a aprender un oficio para defenderse en la vida y sentirse útiles en una sociedad que ya no los contrata, ni los toma en cuenta. Entre los talleres ofrecidos mensualmente están repostería, panadería, pasapalos, computación, corte y costura, peluquería, tejido de zapatos, bolsos y tapicería. Cada curso reúne de 10 a 15 personas.

“Ante mi interés por aprender, los instructores vieron en mí un potencial para enseñar a los demás, por tanto aproveché la oportunidad y acepté ser profesora que ejerzo desde el 2011, cumpliendo con esta labor social de ayudar al prójimo a encontrarse a sí mismo para que triunfen en la vida”, dijo. Pero también se ocupa de la oficina administrativa en la institución.

Con una sonrisa a flor de labios, refirió el éxito obtenido a través de los cursos que se imparten en el centro, y destacó la experiencia de algunas alumnas que han creado emprendimientos en Chile y Brasil, con resultados satisfactorios. Comentó que “los participantes salen bien preparados y satisfechos de los conocimientos obtenidos”.

En cada una de sus palabras demostró sus convicciones en el amar a Cristo sobre todas las cosas, de allí su permanente interés de ayudar al prójimo, especialmente de lograr su transformación interior, a pesar de que no es religiosa. “La palabra de Dios debe ser nuestro alimento diario”, afirmó.

 

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La ayuda es también espiritual…

El testimonio de Violeta Martínez fue confirmado por la hermana Fidelia Dugarte, directora del Centro Esperanza. “La institución no sólo imparte conocimientos y destrezas a las personas interesadas en encontrar un oficio para ganarse la vida honradamente, sino el de ofrecer una ayuda espiritual para esos hombres y mujeres que no tienen un norte en la vida”, relató.

No obstante su lamento por la profunda crisis que embarga a Venezuela, especialmente en el plano moral, la religiosa manifiesta su convencimiento que “nuestro país saldrá adelante y superará sus actuales dificultades”. Mientras ello ocurre, explica que motivan a los ciudadanos “para que salgan adelante con sus dones y aprendan nuevas destrezas y nuevos oficios”.

 

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El hecho de que sean los más pobres en una sociedad sumergida en la crisis, no significa que no tengan el deseo de contar con un futuro mejor, es la enseñanza que deja el Centro Esperanza. “Con una actitud positiva y la fe puesta en Dios, siempre se puede salir delante”, ratifican estas mujeres.

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