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9 signos de estos tiempos agitados según el representante de la Santa Sede en la ONU

Emrah Yorulmaz / Anadolu Agency
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Mons. Bernardito Auza apela al valor de la “interconectividad”

Revolución tecnológica, daño al planeta, situación de los refugiados, conflictos, polarización del discurso político… son algunos de los signos de un mundo que cambia.

“Nos vemos abocados cada vez más a una agitación global”. Así definió el entorno actual el Arzobispo Bernardito Auza, Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, en el discurso inaugural de una conferencia sobre ·Ethics in International Business· en la Universidad de Fordham, esponsorizada por la Centesimus Annus Pro Pontifice Foundation.

Para el Arzobispo, en este contexto, la humanidad debe encontrar economías, culturas y negocios siguiendo la brújula de la ética, pues encabezamos una era de cambio global. Así, advirtió que “la desigualdad es sólo una muestra de esta era, con sus signos de los tiempos, respecto a los cuales estamos llamados a encender la luz de Doctrina Social Católica”.

Algunos de los signos que el Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas detalló son:

1. La situación de los refugiados y migrantes: 258 millones de personas cruzando fronteras, buscando refugio por varios motivos. Algunos, hasta sufren las consecuencias del tráfico humano y otras formas de esclavitud contemporáneas.

2. Los conflictos: desde la Segunda Guerra Mundial, no había tantos conflictos en el planeta. Sólo en 2016, se detectaron 39 conflictos abiertos y 11 situaciones que se podían traducir en conflicto. Hace 20 años, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió 52 veces. En 2017, las reuniones tuvieron lugar en 292 ocasiones.

3. El terrorismo: que está haciendo mella en zonas donde solía reinar la paz. El incremento de grupos terroristas sin Estado ha creado una especie de guerras asimétricas y ha hecho que sea más difícil restablecer la paz.

4. El incumplimiento de los derechos humanos: de muchas minorías culturales, religiosas y de personas víctimas de trata o tráfico humano, entre muchos otros casos.

5. La creciente polarización del discurso político en el mundo: que lleva a una desarmonización social y a la desconfianza de los ciudadanos hacia sus líderes políticos, que se traduce en la caída de partidos históricos y el nacimiento de formaciones con ideologías extremas.

6. La colonización ideológica: en la que los valores y formas de vida determinados quieren imponerse en países y zonas en situación de desarrollo.

7. El daño al planeta: pues como el Papa afirma en la encíclica ‘Laudato Si’, nuestra casa común está deteriorada por la contaminación y la cultura del desgaste.

8. La desigualdad económica: Nos encontramos en una situación económica en la que más de un billón de personas viven en la pobreza, en un momento en el que la distancia entre ricos y pobres es todavía más acentuada.

9. La revolución tecnológica: que está modificando la forma de relacionarnos e informarnos. Vivimos, a la vez, con nuevos riesgos como, por ejemplo, que hackers puedan robar información privada.

Una efectiva brújula ética: la doctrina social católica

Ante esta situación el Arzobispo Bernardito Auza se pregunta: ¿Qué ofrece la Doctrina Social Católica? ¿Qué papel puede tener ante estos retos? ¿Puede convertirse en una guía ética de este mundo en agitación? Según él, la Doctrina Social Católica puede ofrecer vías para encontrar una efectiva brújula ética en este tiempo de agitación, pues “los principios fundamentales de la Doctrina Social Católica son relevantes para dar respuesta a estos retos”. De este modo, apela a tres claves:

– La solidaridad: con las personas en necesidad, como principio del cristianismo, como enseñanza central del Evangelio.
– La producción y distribución de los bienes no puede quedar en manos de las fuerzas del mercado, para evitar esta creciente situación de desigualdad.
– No recomienda explícitamente un sistema económico concreto, considera los elementos de los distintos modelos que están más en consonancia con la visión de la Iglesia.

Finalmente, el Arzobispo Auza apeló también al principio de interconectividad, como valor que empuja a la cultura del encuentro frente al aislamiento de esta era a pesar de la alta conectividad, para “calibrar juntos la brújula ética que encaje en este mundo agitado”.

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