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¿Cómo hacen oír los católicos su voz en la UNESCO?

UNESCO HEADQUARTERS
SERGE ATTAL I ONLY FRANCE
FRANCE. PARIS (75) UNESCO HEADQUARTER
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Descubre esta iniciativa que defiende el pensamiento cristiano en la Unesco desde 1947

“La esperanza, una convicción interior que nos permite soportar las dificultades y avanzar a pesar de las tinieblas”. Este testimonio del cardenal Phillippe Barbarin se pronunció hace algunas semanas con motivo de los 70 años del Centro Católico Internacional de Cooperación (CCIC) con la Unesco, un organismo influyente pero casi desconocido para el “gran público”.

“El CCIC es una plataforma de reflexión, de información, de intercambio y de formación fundado sobre los valores cristianos de solidaridad y de compromiso”, explica Christine Roche, su presidenta desde 2012. “Actúa en los ámbitos de competencias de la Unesco, es decir, la cultura y la educación, la información y la comunicación, las ciencias exactas y naturales y las ciencias humanas y sociales”. Esto le confiere un papel bastante particular ante la Organización de las Naciones Unidas.

Juzguen por sí mismos. El CCIC cuenta con unas cincuenta ONG cristianas miembros, entre ellas la Asociación Internacional de Caridades (AIC), la Confederación Internacional San Vicente de Paúl (CSVP), Fondacio, la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresa (UNIAPAC), el Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos, l’Oeuvre d’Orient… “A diferencia de las ONG cristianas que se dirigen directamente a la Unesco en nombre de su fe y según sus carismas, el CCIC se une a la reflexión de toda la sociedad civil”, detalla Christine Roche.

La voz de los cristianos en el mundo

¿Pero qué vínculo(s) mantiene el CCIC con la Santa Sede? “Mantenemos unas buenas relaciones. Mons. Follo, observador permanente de la Santa Sede en la Unesco, está al corriente de todo lo que hacemos, trabajamos en armonía y no duda en darnos consejos. Sin embargo, el CCIC no es la voz de la Santa Sede, es la de los cristianos en el mundo. Disponemos de una libertad de opinión y de acción que no tiene el Vaticano. El CCIC podría considerarse como un puente de unión entre la Unesco y la Santa Sede”, indica la presidenta.

El CCIC se creó en 1947 de mano de Mons. Rupp, con la ayuda de Jean Larnaud y el apoyo de Mons. Roncalli, nuncio apostólico en Francia. En enero de 2010, es decir, 63 años después, el CCIC fue declarado oficialmente por la Unesco como socio asesor.

Concretamente, su acción se desarrolla en dos etapas: en primer lugar, el CCIC envía una reflexión propia basada en el saber hacer y la experiencia de sus miembros en el terreno. En una segunda fase, el organismo pone en marcha y modera grupos de estudio prospectivo en relación con los objetivos de la Unesco, organiza simposios y reuniones en la sede de la organización sobre los principales temas de la sociedad e invita a los Estados miembros y a la secretaría general cuando la situación lo requiere.

En 2013, por ejemplo, el CCIC ayudó a preparar la conferencia sobre la familia en el marco del Año Internacional de la Familia. Fue una oportunidad para la organización de poner de relieve la desaparición del término “familia” en las diferentes directivas de la Unesco… y su progresiva reaparición después la conferencia.

En 2015, a la luz de los acontecimientos actuales, el CCIC también reflexionó sobre la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado. Más recientemente, la organización ha formado un grupo de trabajo en torno al tema “Revolución digital, transhumanismo y el devenir humano” para estar presente y ser competentes en estos temas que ocuparán el debate público en los próximos meses.

“No un lobby, sino una voz”

“El CCIC tiene un papel de observador, es consultivo, pero no deliberativo”, explica la presidenta. Antigua profesora y directora de centro educativo, Christine Roche escoge sus palabras con precisión. Aunque sus ojos atestiguan una gran vivacidad, no duda en tomarse unos momentos de reflexión antes de responder.

“No somos un lobby, sino una voz y una presencia en la Unesco. Es necesario que el pensamiento cristiano esté presente en el seno de los organismos internacionales. Y el CCIC lo está”, afirma.

El CCIC, por ejemplo, trabaja actualmente en el Día Internacional de la Niña que tendrá lugar el 11 de octubre. “Estamos preparando una serie de eventos destinados a la comunidad internacional así como a la prensa local para sensibilizar sobre los matrimonios precoces, la mutilación genital, el acceso a la educación…”.

El CCIC participa también en la ejecución de los programas de la Unesco. “Como la Unesco no dispone de fondos suficientes para aplicar sus programas, apela a las organizaciones asociadas, de las que formamos parte, para financiarse [la Unesco cuenta con casi 400 en total; Ndlr]. Por lo tanto, podemos opinar sobre la forma en que los aplicamos”.

Pero cuanto más bella es la aspiración, más duros pueden ser los límites. Por ejemplo, el CCIC no puede actuar directamente –ni indirectamente– sobre las resoluciones relativas al conflicto israelí-palestino.

“El CCIC no tiene voz política”, nos recuerda la presidenta. “En cuanto a la situación de Jerusalén, me limitaré a repetir las palabras de Irina Bokova, directora general de la Unesco: ‘Siempre es peligroso cuestionar un equilibrio histórico muy delicado’”.

La levadura en la masa

“Para resumir la acción del CCIC, me gusta evocar la imagen de la levadura en la masa o la gota de agua en el océano. Aunque no se vea directamente, es indispensable para el debate de ideas”, señala acertadamente Christine Roche. “Porque es en este debate donde se percibe la riqueza –y la belleza– humana. Y es también la riqueza del cristianismo: Cristo se da a todos y a cada uno, en conciencia. Lleva una palabra de paz, de amor, que cada uno recibe y escucha a su manera. Es la levadura en la masa”.

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