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La historia de cómo Pablo llegó a ser apóstol de Cristo

Paul, Apostle of Christ
Affirm Films
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La película que protagonizan Jim Caviezel y James Faulkner estuvo empapada de oración desde su origen

El actor James Faulkner, quizás más conocido por sus papeles en Downton Abbey y Juego de tronos, acababa de regresar de un rodaje “difícil” en el campo inglés y se estaba relajando con un vaso de whisky en su casa de Londres. Era cerca de la medianoche cuando sonó el teléfono.

“Es mi mánager desde Los Ángeles”, relató en una entrevista reciente. “‘¿Qué disponibilidad tienes, James?’ ‘Bueno, a partir de cinco horas, me tienes’. Él dijo, ‘Fantástico, no te muevas, te llamo en 10 minutos’”.

“Me llama en 10 minutos y me dice: ‘Dentro de tres días te vas a Malta. Tienes un guión en tu email. Quiero que lo leas y que me llames de inmediato. Es un guión maravilloso. Es algo que hace varios meses que tengo en mente para ti y por fin se ha abierto’”.

Faulkner afirmó quedar “muy emocionado” por lo que leyó.

“Le llamé nada más terminar y le dije: ‘Mira, tengo que interpretar esta parte’. Es una parte maravillosa”, afirmó. “Es una película importante para su tiempo, para que se reafirme la fe cristiana”.

El guion venía de manos de Andrew Hyatt, 35 años, que previamente había escrito Llena de gracia [Full of Grace, en el original], una película de 2016 sobre los últimos días de la Santísima Virgen María. Sin embargo, este último proyecto, Pablo, apóstol de Cristo, es el resultado de una colaboración repleta de oración con otros profesionales y muchos apoyos, al igual que un producto de genio creativo. El primer borrador de la película se elaboró en una casa de retiro a las afueras de Chicago y su desarrollo levantó el vuelo gracias a las oraciones de muchos defensores del proyecto.

Mucho antes de avisar a Faulkner para interpretar a san Pablo y a Jim Caviezel para san Lucas, Hyatt se reunió con los productores Eric Groth y Terence “T.J.” Berden en la Casa de Retiro Jesuita Bellarmine, en Barrington, Illinois. El padre jesuita J. Michael Sparough, que pertenece al equipo ministerial del lugar, conocía a Berden de sus días dirigiendo el ministerio en el campus de la Universidad Loyola en Chicago.

“Por entonces él era el actor con más talento en el programa de interpretación en Loyola”, afirmó el padre Sparough, que estudió dirección teatral en Yale y fue fundador de la compañía de teatro Fountain Square Fools Christian. “De modo que lo recluté para actuar en una serie de producciones  que yo usaría regularmente. Una parte de mi modo de presentar el mensaje del Evangelio es usar la dramaturgia, la danza, la mímica y la música para dramatizar historias bíblicas en el marco de días de oración o retiros. T.J. estaba muy involucrado en el ministerio de jóvenes adultos y actuó en varias jornadas de oración”.

Ambos mantuvieron el contacto después de la graduación de Berden. Berden empezó a desarrollar películas para ODB Films, una productora católica liderada por Eric Groth. Berden colaboró con Hyatt en Llena de gracia y otras películas que exploraban el género bíblico desde un punto de vista artístico y humano.

En una entrevista, Hyatt afirmó que Llena de gracia fue su “intento de encontrar aquello a lo que sentía que nunca había estado realmente expuesto en muchas de sus experiencias de fe, esto es, la humanidad detrás de esos individuos. Esa película trataba sobre Pedro y ahora estamos explorando a Pablo. Así que ahí es donde empezó la escritura [del guion], en la pregunta ‘¿Cómo puedo ofrecer al público un vistazo a la humanidad de este hombre increíble?’”.

Además, añadió que la historia de Pablo resonaba en su interior, ya que él tuvo una “reconversión muy poderosa de vuelta a la fe, muy parecida al momento de Saulo”.

Mientras valoraba cómo dramatizar la vida de san Pablo, continuó preguntándose: “¿Dónde está el momento en que vamos a experimentar quién es realmente este hombre?”.

“Y no paraba de repetirse en mi cabeza una idea que me fascinaba: ‘¿Quién es Pablo al final de su vida? ¿Quién es este tipo que dice al final de su vida ‘He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe’? (…) Así que terminó convirtiéndose en algo como ‘Bueno, centrémonos en esto, y dejemos hablar a Pablo. (…) Al final de su vida, ¿cómo hablaría, qué cosas diría?’”.

Berden envió al padre Sparough las primeras versiones del guion, que tenían el título de trabajo de “Jefe de pecadores”. El director espiritual y maestro de retiros no es un erudito de la Escritura, pero sentía que podía ofrecer algo, no solo desde su propia vivencia en teatro, sino también por su experiencia liderando peregrinaciones a Grecia y Turquía, “siguiendo los pasos de san Pablo”. Sparough se reunió con Hyatt para darle sus comentarios sobre el guion y, con el tiempo, el grupo se reunió en un retiro para debatir sobre el guion y “buscar la bendición del Señor para el proyecto”, afirmó el sacerdote. El equipo quería “sumergirse en la oración”, añadió, “para acceder a sus propios instintos más profundos como narradores, aunque también para buscar protección espiritual”.

“Así que vinieron aquí un diciembre y era la primera lectura previa de todo el guión, la primera vez que se leía en voz alta. Andrew me pidió que leyera a san Pablo para que él pudiera sentarse a escuchar las palabras en voz alta”.

¿Por qué buscaba el grupo “protección espiritual”?

En una entrevista, el padre Sparough reflexionó sobre lo que considera un “fuerte componente espiritual del proceso artístico”, explicando: “Intentas escuchar la voz del Espíritu Santo y hay una batalla espiritual, una oposición espiritual que viene en su contra, y quedé muy impresionado por que justo antes de que empezaran, después de haber firmado el contrato [con Sony], antes de ir a Malta a los rodajes, reunieron un equipo de apoyo de oración con personas que les habían apoyado: algunos económicamente, muchos de ellos eran apoyos espirituales, guerreros de oración, por así decirlo”. En cierto momento, el obispo David J. Malloy de Rockford, Illinois, celebró una misa para el grupo, que consagró la película a Nuestra Señora Estrella de la Nueva Evangelización.

“Había un equipo de personas que rezaba regularmente por la película antes de la producción, durante la producción y después de la producción”, declaró el padre Sparough.

“Una de las cosas que admiro de verdad de ODB es que están comprometidos con los estándares más elevados de la cinematografía y lo hacen como cristianos católicos”, continuó el sacerdote. “Así que aportan una profunda fe al proyecto sin comprometer de forma alguna la integridad artística. Dado que T.J. y Eric son católicos devotos y Andrew un converso más reciente, la imaginación católica es menos literal que la imaginación cristiana evangélica a la hora de crear películas. No querían una película sobre san Pablo que fuera a bombardear a las personas con mensaje, mensaje, mensaje, sino que fuera una historia absorbente y los personajes cobraran vida propia de verdad. Y ahí se puso el esfuerzo en la escritura del guion desde el principio, en cómo equilibrar una película sin hacerla demasiado pesada, sino haciendo una historia dramática cautivadora”.

De su experiencia rodando en Malta, Hyatt afirmó: “La mejor experiencia fue ver al reparto y al equipo preocuparse tanto por la historia de Pablo. Y no era una película hecha por la Iglesia ni un equipo cristiano, pero ver cómo impactaba incluso a personas que nunca habían escuchado el Evangelio antes, que nunca antes escucharon las palabras de Pablo. Fue algo muy especial ver actuar a James [Faulkner] y ver estos preciosos momentos íntimos dentro de la comunidad cristiana [en la historia]. Miraba a mi alrededor y veía a personas llorando, en ciertos momentos muy emotivos con Pablo y la antigua Iglesia cristiana, mirar en torno mío y ver a todo el reparto y el equipo llorando, aquello fue muy especial”.

También contribuyó el que Malta fuera uno de los lugares que san Pablo visitó en sus viajes evangelizadores por el Mediterráneo hace 2000 años.

Faulkner, que se describe como anglicano “ligeramente practicante”, recordaba la educación cristiana que recibió de pequeño. “Te enseñan a poner la otra mejilla y a amar al prójimo. Pero interpretar a Pablo me hizo entender eso de una forma muy fuerte… Fue un hombre que sufrió enormemente a lo largo de su vida. Yo no tuve que pasar por lo que pasó Pablo. Muy pocas personas lo hacen”, afirmó. “Las exigencias físicas de su vida: los viajes, la constante persecución, los azotes, las palizas, las adversidades por las que pasó, y todavía fue capaz de amar al prójimo y encontrar redención y predicarles sobre redención. El hecho de que nunca era demasiado tarde para cambiar de vida, creo que está muy claro en el guion”.

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