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Latinoamérica necesita exorcistas

CROSS
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Distintas motivaciones llevan a la gente a las sectas cúlticas demoníacas. Nadie, más allá de la iglesia, se preocupa por vigilar estos casos

“Roma busca exorcistas”, titula un despacho de prensa. La eterna lucha entre el bien y el mal ha llegado a nuestros días, y la Iglesia católica se muestra preocupada por lo que estima un “auge” de las posesiones demoníacas, centenares de miles en todo el mundo, tal y como asegura la Asociación Internacional de Exorcistas, que además ha sido reconocida jurídicamente por el Vaticano.

Ya hemos perdido la cuenta de las menciones del Santo Padre acerca del maligno, persona y presente en el mundo, alertando acerca de sus pompas y sus obras.

No obstante, el propio Vaticano ha dicho que de los “endemoniados” en estudio en todo el mundo, sólo un 2-3% lo eran realmente. “El resto tiene problemas psiquiátricos”, decía hace un tiempo Corrado Balducci, un experto de la curia romana. Pero hacen falta. En España solo hay 15. Latinoamérica, donde el fenómeno se extiende, la escasez es preocupante. Porque, no solo deben ser autorizados por el obispo para ejercer como tales, sino que su preparación debe ser óptima para discernir los casos y actuar de manera correcta.

Las sectas proliferan en América Latina. Probablemente en todo el mundo también. Las llamadas redes cúlticas no son una respuesta, son la confirmación de un problema personal, con reflejo social, que se encuentra en fase aguda.

Dicen los expertos que son problemas básicamente personales los que llevan a una persona “a entregar su cuerpo y su mente, su voluntad, a un psicópata”. Señalan varios: en primer lugar, la soledad. Luego, el afán de novedad, el hastío de los valores tradicionales y la falta de expectativas, pues las personas quieren la felicidad aquí y ahora.

Por otra parte, la falta de información, aunque suene increíble en este siglo caracterizado por las comunicaciones. Pero sucede que, precisamente, el exceso de información ha provocado desinformación. Y las crisis por las que todas las personas hemos pasado en algún momento, especialmente los jóvenes con sus padres entrando a la adolescencia, son el caldo de cultivo para los inescrupulosos. Ni se diga cuando el conflicto arropa a todo un país y enferma a las sociedades, como son los de carácter político y sus consecuencias en la calidad de vida de la gente.

Es importante enfatizar en que cualquier persona es susceptible de caer en las redes sectarias. No se trata de inteligencia, ni de edad, ni de posición social o económica. No se trata de nivel educativo. Son las situaciones de carácter personal las que influyen y hacen a la gente vulnerable.

Pero hay una característica especial en nuestros países latinoamericanos: mientras dramas personales caracterizados por el desarraigo y la falta de respuestas a las crisis existenciales se plantean en los países cuyas necesidades básicas están virtualmente satisfechas y hacen de las personas presas fáciles para desadaptados que prometen felicidad y autocontrol, en las realidades de nuestra parte del continente el tema es la impotencia ante las demandas sociales, económicas y de oportunidades sin respuesta. Los jóvenes – y también los no tan jóvenes- comienzan a optar por acudir a lo mágico, a lo esotérico y es allí donde estas organizaciones captan a desesperados incautos.

Con la proliferación de cultos rituales como santeros –una religión politeísta nacida en Nigeria-, espiritistas, paleros y toda una gama de cultos importados, la vía se ha despejado para la instalación del fenómeno.

Aunque se dice que la santería es el sincretismos entre los cultos Yorubas y la religión Católica y se la presenta como una forma de sobrevivir de la religión Yoruba en el continente Americano, sabemos que sus derivaciones perjudiciales proceden de la manipulación política. Llega a Cuba a mediados del siglo 18 y hoy es exportada a otros países, como Venezuela. Los efectos son la entronización de la ignorancia, el recurso mágico para la solución “instantánea” de problemas y, de paso, abrir boquetes a la fe Católica en un continente donde se encuentra fuertemente enraizada pues forma parte de la más profunda identidad cultural. Pero lo que se ha abierto, más bien, es una puerta al satanismo.

Recordamos, en el año 2007, en diálogo con Caracol Radio (Colombia), al sacerdote jesuita Jaime Vélez Correa, comentando cómo “por causa de la constante violencia nuestro país está siendo objeto del surgimiento de cultos y ritos satánicos, particularmente en las principales capitales”. También ha reportado casos en Honduras.

El padre Vélez, un hombre ordenado –para aquél entonces- hacía 50 años y con once años de ejercicio como exorcista, llamaba la atención sobre la manera como las personas se apartan de Dios, del cristianismo, y caen en vacíos de credo, optando por el satanismo que representa la negación del bien. También ha reportado casos en Honduras.

Y es que, después de EEUU e Italia, Colombia ocupa la tercera casilla de los países donde prolifera la práctica del satanismo. El uso de cultos satánicos por parte de las sectas, especialmente en Colombia y México ha venido alertando sobre la necesidad de formar y poner a trabajar a más exorcistas en este continente. En este último país, hace pocos años, la Iglesia Católica tomó la decisión de preparar unos 40 exorcistas para enfrentar la violencia desmedida en la sociedad mexicana por la acción de los carteles de la droga. En el caso de Venezuela –particularmente afectada por la “exportación” cubana- cada día los medios de comunicación y redes sociales denuncian la perturbación que ocasiona a las familias y hasta casos de asesinatos inspirados y fomentados por las prácticas de culto al demonio.

El Halloween, una fiesta para nada relacionada con nuestras tradiciones y costumbres, llegó para convertirse en instrumento de las sectas satánicas. Muchas de ellas se aprovechan de esa fecha para regresar a las antiguas prácticas celtas y hacer adivinaciones, invocar a los muertos. “En ese día se profana la Eucaristía, en ese día se raptan niños, se raptan mujeres embarazadas para sacrificarlas”, advirtió en 2017 el sacerdote salvadoreño Samuel Bonilla, remitiéndose a testimonios de ex satanistas.

En Venezuela se ha reportado actividad en varios estados del país, principalmente en Bolívar, Lara, Carabobo y Miranda. Sacrificios humanos han tenido lugar recientemente. Desde 1994, cuerpos policiales de Estados Unidos y Canadá advirtieron que sectas de fanáticos religiosos y satánicas están practicando sacrificios humanos en Venezuela, en el marco de un foro sobre pobreza y gerencia policial. El cónclave reunió en esa ocasión a representantes policiales de ciudades de esos dos países, del propio FBI, de la agencia antinarcóticos DEA y de la International Conference of Police Chaplains (ICPC).

Esto se ha tratado como un problema de seguridad en Estados Unidos (que en 1992 vivió el holocausto de los Davidianos). Hay sectas que pueden cambiar las conductas de las personas, y se asegura tener conocimiento de sacrificios humanos que se practican en todo el continente americano. Subrayan que “Venezuela se encuentra seriamente afectada progresivamente por estos hechos”. Inducen a suicidios colectivos como el de Jonestown (Guyana) en los 70.

El diario La Prensa del estado Lara reportó el año pasado espeluznantes revelaciones de sacerdotes que sirven en sus diócesis. Una vez cada quince días el padre Jhon Jairo García (párroco de Andrés Eloy Blanco) recibe algún caso relacionado con actos satánicos en su iglesia. La aseveración la hizo el sacerdote luego de conocer que, aparentemente, cinco niños en el caserío Maraca del Tocuyo pactaron con el demonio a cambio de favores. Lo de los ritos satánicos es alarmante y preocupa que los casos sean cada vez más frecuentes”, comenta el padre en conversación telefónica con el mencionad diario.

Carlos Arroyo, sacerdote, explicó que en los últimos años se ha dado el fenómeno de personas que caen en depresión y buscan refugio organizando misas negras (veneración a Satanás). “Cada vez que las familias nos buscan por ayuda y se hace un estudio de la persona se evidencia una profunda tristeza. Esas son las almas que prefiere el diablo porque son personas entregadas al dolor. Lamentablemente aquí nadie, más allá de la iglesia, se preocupa por vigilar estos casos”.

El Padre Arroyo aseguró que el 40% de los pactos se registran luego de una perdida (física o material) que lleva a las personas a buscar cualquier salida para rehacer su vida. “Habla con una santero que esté empezando y pregúntale por qué lo hace. La mayoría de las veces te va a decir que quiere otra vida, bien sea porque sufrió una decepción o porque perdió algo muy querido. Satanás ama a las personas que están en crisis”, dice el religioso.

Matías Amaro, pastor evangélico, comparte la opinión de Arroyo. Dice que los pactos diabólicos representan una salida que, tarde o temprano, termina pasando factura a los protagonistas. “La guerra espiritual ha existido desde siempre. Lamentablemente tenemos a gobernantes que desconocen de la palabra del Señor y permiten que pasen cosas extrañas. Vivimos en un país que ha sido pactado por muchas personas que utilizan la santería para ganar poder y eso es lamentable”, dice Amaro.

La iglesia Católica realiza constantes encuentros católicos para santificar a los fieles y mantener “puro” al pueblo de Dios. Pero habría que tomarse más en serio la “pelea espiritual” y, sobre todo, reforzar la presencia, en estos territorios, de exorcistas entrenados para un oficio cada vez más requerido y urgente.-

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