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La producción de droga en Colombia aumentó con ayuda de venezolanos que mueren de hambre

PLANTATION
Shutterstock-Juanillo197
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La crisis humanitaria de Venezuela y las ventajas de las tierras de frontera se suman al cese del conflicto armado con las FARC, que genera disputas territoriales, de rutas y mercados entre disidentes. Condiciones perfectas en Colombia para disparar la rentabilidad del más lucrativo mercado ilegal del planeta

Gasolina gratis, niveles récord de corrupción y el hambre de venezolanos que “están dispuestos a cultivar coca y hacer prácticamente cualquier otro trabajo a cambio de un plato de comida” son algunas de las razones del aumento en la producción de droga colombiana con destino a Estados Unidos, Europa y otros mercados del mundo.

La conclusión se desprende de una contundente investigación realizada para el Observatorio Colombiano de Crimen Organizado
https://es.insightcrime.org/indepth/observatorio-rosario/index.php, coordinado por la Fundación InSight Crime https://es.insightcrime.org/ y la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales (FCPGRI) de la Universidad del Rosario, tras la compleja labor de un equipo multidisciplinario de 12 investigadores, en visitas a más de 146 municipios.

Aunque el conflicto civil se ha reducido, y únicamente el Ejército de Liberación Nacional (ELN) permanece en el campo de batalla, “el tráfico de drogas está mutando nuevamente”. Peor aún, en la actualidad “el comercio de cocaína en Colombia está más boyante que nunca” y la producción ha llegado “a niveles récord”.

En parte, las razones tienen que ver con “el colapso de Venezuela y la criminalización del régimen chavista bajo la administración de Nicolás Maduro, que tiene enormes implicaciones para la dinámica criminal en Colombia”.

Señala el informe que cuando se estudia el crecimiento de los cultivos de coca en 2015 y 2016, se observa una relación entre su expansión y las áreas tradicionales de influencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que luego de un proceso de paz están hoy convertidas en partido político.

El principal departamento cultivador de coca es Nariño, que limita con Ecuador y se encuentra en la costa Pacífica. “Es perfecto para el cultivo de coca, porque tiene fácil acceso a precursores químicos para el procesamiento de la droga (combustible ecuatoriano subvencionado, o que toman del oleoducto Transandino, el cual atraviesa al departamento), y puntos de despacho por mar o por tierra a través de Ecuador, donde los compradores mexicanos esperan el producto ansiosamente”.

Sin embargo, esa dinámica “es similar en el otro extremo del país, en el Catatumbo, departamento de Norte de Santander, en la frontera con Venezuela”. El lugar del mundo donde “resulta más barato producir cocaína”.

El caso es emblemático: las condiciones de cultivo en esa zona “son ideales”. Presentan el mayor rendimiento de alcaloide, con más de 7 kilos por hectárea; y se ve favorecida además por el acceso a “combustible prácticamente gratis proveniente de Venezuela”.

Además, “los venezolanos están dispuestos a cultivar coca y a hacer prácticamente cualquier otro trabajo, a cambio de un plato de comida”. No en vano, Nariño y Norte de Santander “representaron casi la mitad del crecimiento de la coca en todo el país en el año 2016”, agrega el informe que supera las cincuenta páginas.

En conversación con Aleteia, José lo confirma. Es venezolano, del fronterizo estado Táchira. Pero se adentró hace un lustro en las montañas de Nariño, donde formó parte del proceso de cultivo y recolección. Volvió a Venezuela tras “probar suerte un tiempo” y consiguió labor como obrero de la construcción, mientras que su esposa trabaja en labores del hogar como dama de servicio, por turnos.

En aquella ocasión viajaba solo. En 2017 regresó a tierras colombianas con su actual esposa y una niña de apenas dos años que procreó el matrimonio “en un descuido”. Intentó volver a su antiguo trabajo, pero reconoció que la cosa ya no es tan simple como antes. Ella y la bebé reciben atención del Centro de Refugiados que mantiene el Servicio Jesuita en buena parte de la nación cafetera.

“Esta vez no me han ofrecido ese trabajo”, se apresura a indicar, convencido de que su sola respuesta podría afectar la atención que –como refugiados- reciben su señora y su niña. “Para entrar a un campo de coca debes ir referido; pues de otra manera lo más probable es que salgas con los pies por delante, o que termines siendo abono para las matas. Se trata de un negocio delicado”, advierte.

Asegura que la labor que realizan los agricultores “¡no es para todo el mundo!”, porque el trabajo “¡No es fácil!”. “Si es raspando, dejas los dedos y las manos pegadas en la mata”.

Se refiere a la cosecha de las hojas de coca, a la que alude InSight Crime, una labor usualmente llevada a cabo por jornaleros especializados conocidos como “raspachines”. Son los encargados de recoger las hojas de las plantas, “pero sin causarles daño”. Solían ser reclutados por las FARC como combatientes o vigilantes, una práctica que el ELN está replicando.

No lo pagan bien, como muchos creen. Pues, según José, “ganamos lo mismo los ‘raspachines’ que los que cultivan maíz”. El negocio no es para quien siembra sino para quien procesa. “Y es peor ahora, que hay gente que trabaja apenas por un plato de comida”, señala.

“Inicialmente te dan algo así como una inducción. Pero algunas personas son alérgicas al contacto con la planta. ¡Y no aguantan! A otras les resulta demasiado duro, por el simple hecho del trabajo como tal, porque ¡es muy exigente! Eso es trabajo de campo y usualmente es en campos secretos o muy adentro en la montaña”.

“Eso lo pagan, cuando es para recolección (los raspachines) por arroba; o sea, por casa 12 kg. Es mucho volumen. Pero la verdad es que el productor, el agricultor, cobra lo mismo por coca, que por maíz. Los únicos que se benefician son los que la procesan”, asegura.

Lamenta que el éxodo masivo de sus compatriotas afecte –en general- el mercado: “Han llegado muchos venezolanos y ‘se regalan’ por menos del ingreso diario. Así que los explotan peor que si fueran esclavos”.

El problema, detalla, es que “recién se llega aquí la gente, viene con la percepción de poder comprar de todo con muy poco. Y es un boom luego de que en Venezuela con un sueldo tan grande (sólo en número) no te alcanza para nada”.

“Se hace tarde y hay que volver a casa”, dice. “Hoy cuidaré de mí mismo. ¡Dios cuidará de mi familia!”.

Enlace al Informe:

https://es.insightcrime.org/wp-content/uploads/2018/03/La-nueva-generaci%C3%B3n-de-narcotraficantes-colombianos-post-FARC-Los-Invisibles.pdf

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