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Esta increíble monja de 98 años es el alma de su equipo de baloncesto

SISTER JEAN
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La hermana Jean Dolores Smith sabe de básquet; vive el baloncesto con una intensidad que desconoce de edades.

 

Nació en 1919, cuando la NBA ni siquiera había sido fundada, cuando los abuelos de sus chicos del equipo de la Universidad de Loyola Chicago ni siquiera habían nacido.

A ellos, en torno a quienes concentra su incansable labor pastoral, les llega apenas por arriba de la cintura. Con su metro y medio de altura reza con ellos, los motiva, los prepara viendo los partidos de los adversarios con anterioridad para sugerirles estrategias, y hoy, se alegra con ellos, porque están viviendo la mejor temporada en 33 años.

Hace 33 años que Loyola Chicago no ganaba un partido del campeonato de la NCAA, uno de los acontecimientos deportivos más populares de Estados Unidos.

Y ella está ahí como capellán del equipo que lo es desde 1994, ya en silla de ruedas por un accidente que tuvo en noviembre, pero con el mismo espíritu jovial.

“Ellos son altos, pero ustedes pueden más”, les arengó antes del encuentro contra Tennessee, un equipo que venía con mejores antecedentes y al que los de Loyola vencieron por apenas un punto, tras la histórica victoria contra Miami que puso fin a los 33 años de sequía.

Nacida en San Francisco, sor Jean jugó baloncesto en sus años de secundaria. A los 18 años, siguió su llamado a unirse a las Hermanas de la Caridad de la Beata Virgen María.

SISTER JEAN
LoyolaChicago - Twitter

Al poco tiempo, comenzó a trabajar como maestra, y se ofreció como voluntaria para entrenar en colegios públicos de Los Ángeles; entrenó de todo, tanto equipos de baloncesto como de vóley, softball y ping pong.

En 1961 llegó a Chicago, y en 1991, con la fusión del College en el que se desempeñaba con la Universidad de Loyola, comenzó a trabajar en una de las universidades católicas más renombradas de Estados Unidos.

Ya en 1994, asumió como capellán del equipo de básquet de varones. Desde entonces, sólo contando con los dedos de una mano pueden nombrarse los partidos de local a los que no asistió.

En Loyola es una celebridad. Recientemente el Rector declaraba que debe ser la persona más reconocida y querida de la Universidad. Cada vez que la anuncian por altavoz en los partidos, recibe una ovación. Todos los jugadores la saludan. Los jueces la abrazan. Y los adversarios la respetan.

Cuentan una anécdota de un partido en el que como ella estaba sentada cerca del banco contrario, el entrenador le dijo si quería alinear el equipo por él. Ella, dedicada a analizar a los contrarios antes de cada partido, asumió el desafío. Y alineó a los mismos jugadores que el entrenador pensaba elegir.

La hermana Jean luce feliz. Dice que los jóvenes son una inspiración para ella. “Aprendo cada día. Mi vocabulario ha cambiado durante estos años. Todo es asombroso, todo es cool”, dice con una sonrisa en una entrevista reciente, en la que además dice que quienes dudan del futuro de la Iglesia deben visitar su Universidad: “Todo lo que tienes que hacer es pasar un día con los estudiantes aquí en Loyola y te sentirás lleno de esperanza para la Iglesia”.

La gran temporada de sus chicos, que hace más de 30 años no tenían un año igual, le ganó lugar en las páginas de los grandes periódicos americanos.

No todos los días se ve a una monja de cerca de 100 años ser la animadora número 1, prácticamente entrenadora, de un equipo de baloncesto.

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