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Amor-odio por las mudanzas

MOVING
Monkey business images - Shutterstock
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Propósitos que surgen cuando trasladas tu casa en cajas de cartón

Dicen eso de qué “odiar a alguien es concederle demasiada importancia”, pero es que una mudanza es suficientemente importante. Me da pereza mover toda la casa, claro, pero a la vez, me encantan.

Porque me ponen frente al espejo, con ellas observo mi relación con la vida, mis puntos fuertes y los flancos débiles: lo que guardo de forma ordenada, los tesoros que mantengo a buen recaudo, pero también lo que acumulo inconscientemente e incluso esas cosas que te persiguen sin que te puedas librar de ellas…

Pues bien, me acabo de mudar (estoy en ello) y no sólo de casa, también de ciudad y con cajas a medio, me pongo valiente y esto es lo que me he propuesto:

  • No guardar nada que no necesite, ni ropa ‘por si acaso’. Dice la gurú japonesa del orden, Marie Kondo, que sólo hay que mantener aquello que te ‘hace feliz’. Así dicho suena bonito pero me parece una exageración. A ver, ¿cómo de feliz me puede hacer, por ejemplo, la crema para zapatos? Pues cero, pero me hace falta. Pues eso, que yo considero que para hacernos felices están las personas, no las cosas. Así que, no me sirve esa regla. Pero estoy de acuerdo en que no es necesario guardar todas las camisetas viejas por si un día me da por pintar el garaje…
  • Regalar a mis amigas todo lo que pueda hacerles ilusión tener. Yo no almaceno y ellas disfrutan un regalito.
  • Vender todo aquello que pueda dar servicio en otro sitio. Viví en Bruselas unos años y allí, de temporada en temporada, los vecinos montaban un mercadillo de segunda mano… Cada uno en la puerta de su casa. Servía para dar una segunda vida a tus cosas, además de ganar espacio en la casa.
  • Ordenar bien la ropa y demás enseres de los niños. ¿Pero de dónde salen tantos bodies y tantos pijamas? ¿Y tantos calcetines? ¿Y vestidos? Pero, ¿cuánto tiempo nos sirvió esta hamaquita? Todo son preguntas, os lo aseguro, incluida la de “¿dónde guardamos todo esto?”
  • No llevar (demasiadas cosas) a casa de mis padres. Sí, porque luego decimos que nuestros padres son de la generación de guardar, pero en cuanto podemos les endosamos una caja (más) en el sótano. Pero es que es el mejor sitio para guardar la ropa del bebé, ¿verdad?
  • Ordenar mejor que nunca la cocina. Nunca lo consigo… No sé por qué, creo que colocar cacharros redondos es un imposible. Siempre se pierde una tapa o se tuerce la torre (de dos ollas y un cazo, no dan para más). Eso o tienes una cocina como un campo de fútbol, cargadita de armarios, claro.
  • Reciclar todos los envoltorios de la mudanza: cartón con cartón, plástico con plástico… Esto lo hago sí o sí, es mi pequeño granito de arena para ordenar nuestro mundo.
  • Mis libros, mi tesoro… Cómo usuaria de bibliotecas, algunas temporadas hago limpieza y dono esos libros que no tengo pensado volver a releer. Es regalar cultura y ponerla al servicio del resto de la sociedad. Pero aún así mantengo mi propia gran biblio en casa.
  • Comprar lo mínimo posible. Esta lección se aprende cuando haces una mudanza sí o sí. Obligarse a tirar lo innecesario me despierta el lado responsable: si compro menos ahora, me sobrará menos después.

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