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Huérfano, viudo… ¿y cómo se llama al que ha perdido a un hijo?

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Marjan Apostolovic - Shutterstock
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¿Qué sienten los padres de los niños fallecidos?

La muerte de un hijo está considerada como una pérdida inconcebible e insuperable. Resulta una idea aberrante, como si de algún modo la ley natural estableciera que los padres deben morir antes que los hijos.

Esta creencia está profundamente extendida en nuestra sociedad, hasta el punto de que no existe un término que designe a aquellos que han perdido a un hijo: huérfano es quien ha perdido a un progenitor, viudo es quien perdió a un cónyuge, pero no existe una palabra ni una expresión que recoja el estado en que queda una persona cuando pierde a un hijo. Precisamente por eso, porque no entra dentro de nuestros esquemas mentales, porque es tan dolorosa, tan dura y tan desconcertante ni siquiera existe en nuestra lengua.

Recientemente varios actores famosos y periodistas se unieron precisamente para lanzar  una petición en internet para solicitar a la Real Academia Española (RAE) que acepte un término que designe a las personas que han sufrido la muerte de un hijo: Huérfilos’; una acción que forma parte de la campaña que lanzó la Federación Española de Padres de Niños Con Cáncer para hacer visibles a los 11 mil 730 padres que han perdido a un hijo a causa de cáncer infantil.

La culpabilidad por sobrevivir a un hijo

Ojalá existiera alguna manera de blindarse ante la muerte, ya sea no hablando de ella o siendo prudente, pero también los prudentes mueren. Y eso es lo que lleva a mucha gente a creer que la pérdida de un hijo nunca puede ser elaborada o superada, como si seguir viviendo a la muerte de un hijo fuese ilegítimo o deshonroso.

Se lo hemos escuchado decir a psiquiatras, a amigos, a pacientes, a periodistas… Es una creencia profundamente arraigada en nuestro entorno. Y esa es tal vez una de las posibles hipótesis que nos permiten entender por qué se complica este tipo de duelo, ya que mientras un doliente crea que no debe o no es legítimo sobrevivir a la muerte de un hijo y volver a ser feliz; mientras ese pensamiento persista, ningún tratamiento será eficaz, independientemente de la ayuda psicológica que reciba.

El duelo patológico puede ser superado

El duelo es el proceso de cicatrización en el que la herida nunca llega a sanar.

Hay diversos tipos de duelo negativo que conviene tener presente para no darles espacio en nuestras vidas.

1.- El duelo ausente: Se sufre un shock tan grande que no se puede salir de la primera etapa. La pérdida es negada, sublimada u oculta en un estado de confusión frente al mundo.

2.- El duelo conflictivo: Se utiliza el duelo como excusa o argumento para justificar otros conflictos, por ejemplo no responsabilizarse de la vida que le queda por vivir.

3.- Duelo retrasado: Se deja pendiente hasta aclarar el conflicto interno que evoca la pérdida, hay sentimientos ambivalentes (amor-odio o tristeza-alivio)

4.- Duelo desmedido: La expresión emocional se desborda, excediendo los límites de la integridad propia o de terceros muchas veces, da el paso a los suicidas.

5.- Duelo crónico: Es aquel en el que el proceso se recicla infinitamente sin terminar nunca.

En un duelo por la pérdida del hijo, no solamente quien sufre la pérdida es quien padece un sufrimiento atroz ya que si el dolor se convierte en patológico puede arrastrar si no a todos, sí a los integrantes más cercanos de los padres, convirtiendo sus vidas en verdaderas tragedias.

El dolor necesita tiempo

Aunque la muerte se lleve a tu hijo, el amor nunca desaparece. El dolor nos acompañará toda la vida, pero es esencial saber dar tiempo al tiempo.

El dolor inicial, tan agudo y tan profundo, nos crea un estado emocional similar al que produce la sensación de la propia muerte.

El tiempo nos ayudará a visualizar y recordar que el amor que sentimos hacia el hijo fallecido es siempre intenso y cada vez mayor.

La contradicción y el conflicto de sentimientos y emociones es evidente, pero el tiempo mismo nos irá haciendo ver cómo el amor, si sabemos darle espacio en la vida, nos ayudará a reconocer su presencia incluso faltando la sensación física del hijo que no está presente como antes.

Cuando el dolor se va transformando en amor y el tiempo hace que predomine el amor y el recuerdo positivo en nuestra vida de la persona amada podemos decir que estamos desarrollando el luto de manera madura y responsable.

El dolor nunca desaparecerá, pero darle un sentido con el tiempo es un camino sano de maduración de un luto. 

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