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Elecciones en México: Basta de comprar cualquier cosa que nos den

MEXICO
Niyazz - Shutterstock
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Entrevista con Marcial Padilla, director general de la organización civil ConParticipación

El próximo domingo 1 de julio, México va a las urnas para elegir presidente y 3,416 puestos más de elección popular, en las elecciones más grandes y más complicadas de la historia moderna del país.

La discusión pública se ha centrado sobre los tres candidatos de coalición que lideran, actualmente, los sondeos de opinión: Andrés Manuel López Obrador de la coalición “Juntos haremos historia”; Ricardo Anaya de la coalición “Por México al Frente” y José Antonio Meade de la coalición del gobernante Partido Revolucionario Institucional con el Partido Verde y con el Partido Nueva Alianza.

Una novedad histórica se presenta en estas elecciones, la presencia de tres candidatos independientes (Margarita Zavala, Armando Ríos Peter y Jaime Heliodoro Rodríguez) que bien podrían inclinar la balanza hacia uno de los tres punteros.

A partir de ahora, Aleteia inicia una serie de entrevistas, artículos y reportajes de cara al proceso electoral de México, con el afán de contribuir a una discusión democrática de fondo que ayude a la definición del voto de los mexicanos, y sirva como laboratorio de democracia en otras naciones latinoamericanas que este año enfrentan procesos electorales complejos. Iniciamos con una entrevista al director de la organización civil ConParticipación, Marcial Padilla.

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Marcial: una encuesta realizada por ustedes en octubre de 2017 llega a la conclusión de que los ciudadanos mexicanos sentimos a los gobernantes alejados de la realidad, sin ningún interés por nosotros. ¿Las cosas han cambiado desde entonces?

Observando las alianzas electorales que se han formado antes de las elecciones de 2018, esa percepción se ha ido afianzando. Los mexicanos hemos visto forjarse complicadas negociaciones entre partidos y plataformas irreconciliables entre sí, con justificaciones que rayan en lo cómico en ocasiones.

En los hogares mexicanos se refuerzan dos sentimientos cada día más claros: la frustración y la impotencia, ¿no es así?

Frustración por advertir que las personas con responsabilidad ante la sociedad exhiben un rostro y un mensaje que nada tiene que ver con las acciones que realizan. Impotencia porque sentimos que nada está en nuestro poder para cambiar las cosas. Se difunde la desesperanza y la desconfianza.

Al mismo tiempo, en los hogares, las oficinas, los espacios de convivencia y las redes sociales también se da otro fenómeno que acompaña a la frustración y la impotencia. Se observan encendidas discusiones sobre quién debe ser el próximo presidente de México y quién (o quiénes) no deben serlo por ningún motivo. Se suman los ciudadanos a las campañas sucias, a las descalificaciones, a la difusión de mensajes dudosos. Y con esta combinación, hemos renunciado a nuestra ciudadanía del proceso electoral aún antes de iniciar. Ya nos hemos rendido.

Llama la atención que pocos presten atención al hecho de que ni siquiera han empezado las campañas electorales…

Así es, formalmente, aún no nos encontramos en el momento en que los candidatos comenzarán a competir por nuestra confianza a través del voto. Pero nosotros ya hemos caído en el juego. Estamos precisamente donde el sistema nos quiere tener: estamos apostando por ellos, en vez de hacer que ellos apuesten por nosotros.

¿Qué significa esto?

Reflexionemos por un momento en la siguiente analogía. Cuando compramos un boleto de lotería, automáticamente suceden dos fenómenos en nuestra mente. El primero es que queremos que nuestro boleto gane; el segundo: queremos que todos los demás pierdan. En la mecánica electoral los candidatos desean colocar al ciudadano en la misma situación. Quieren que apostemos por ellos, lo antes posible y con la mayor pasión posible. Así en la mente del elector sucede un mágico momento en el que el candidato que se ha elegido se convierte en “el bueno”, y se le perdonan todos sus defectos y se asumen todas sus afirmaciones. Simultáneamente, el elector convierte a los demás en “los malos”, los que deben perder, y magnifica sus defectos.

Entonces, la conversación se convertirá, de ahí en adelante, en un esfuerzo para convencer a los demás de nuestra posición, ¿no es verdad?

Es una lucha entre ciudadanos, un rompimiento entre quienes tienen distintos boletos, como en una lotería. Y los candidatos ya han logrado entonces que nosotros apostemos por ellos y trabajemos para ellos. Hemos asumido cualquier cosa que ofrezcan en vez de exigir que ofrezcan lo que queremos y necesitamos. No tienen que proponer nada. Ya han logrado que compremos cualquier cosa que nos den.

¿No te parece que es tiempo de invertir esta mecánica perversa?

Insisto: debemos dejar de apostar por ellos para lograr que ellos apuesten por nosotros. La sociedad debe pasar de una lógica de personas a una lógica de agenda: “¿Qué necesito y por qué? ¿Qué y quién va a garantizármelo?” De modo que, independientemente de la persona o el partido, comencemos a exigir y construir una posición social que dé peso a los temas que deben definir los programas y equipos de los gobernantes. No debemos tomar aquello que nos ofrezcan, sino forzarlos a que ofrezcan lo que nos deben.

Eso implicaría, entre otras cosas, retener las decisiones electorales. Pero, ¿estamos preparados para hacerlo en México?

Ellos, los candidatos, deben subir sus apuestas. Deben darse cuenta de que no pueden comprarnos a bajo precio. Deben valorar lo que significa un respaldo popular. Los temas deben comenzar a pesar en los sondeos, más que las personas. No estamos acostumbrados a esto, pero es posible. En Costa Rica, por ejemplo, recientemente se advirtió que un candidato prácticamente desconocido venció en la primera vuelta gracias a asumir incondicionalmente dos temas: el respeto a la vida humana en gestación, y el respeto del matrimonio como la unión de hombre y mujer. Así de fácil. Fue el tema, no el candidato, el que obtuvo el peso decisivo.

Pero, yo también insisto, en México no estamos acostumbrados a actuar así… ¿Qué podemos hacer ahora?

Ser conscientes de que haciendo las mismas cosas tendremos los mismos resultados. Es hora de dar peso a temas como la honestidad y combate a la corrupción –real, no simulada–, a la seguridad, al derecho a la vida, al rechazo de la ideología de género, al rechazo a la legalización de la marihuana recreativa. Son los temas los que deben pesar definitivamente, y si ningún candidato asume estas banderas se debe advertir en los sondeos que los ciudadanos no otorgamos nuestra confianza. Ellos, los candidatos, deberán aprender a leer un nuevo texto, el texto de la agenda social pautada por nosotros los ciudadanos.

¿No crees que muchos mexicanos piensan que el futuro de México depende, únicamente, de quién es el próximo presidente de la República?

Y no es así. Las políticas sociales y económicas, la estabilidad del Estado, el bienestar de la familia, forma parte de un complejo entramado orgánico. El poder ejecutivo federal es importante, claro. Pero también el legislativo. Y también quién es el gobernador, y qué composición hay en los congresos locales, así como quiénes son los alcaldes o presidentes municipales. México no es una persona en la residencia oficial de Los Pinos. México es una nación sólida y estructurada. Cada voto debe contar.

¿Un mensaje final?

Pasemos de ser ciudadanos que apostamos por candidatos, a ser ciudadanos que exigimos a los candidatos que apuesten por nosotros. De eso dependerá en buena medida qué futuro contemplaremos.

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