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Los mimos favorecen el desarrollo cerebral del bebé

BABY AND HER MOTHER
SHUTTERSTOCK
A los pocos días de nacer, los bebés reconocen dónde provienen los sonidos, anticipan el desplazamiento de objetos e identifican a su madre por su olor y por su voz.
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Un estudio estadounidense reciente asegura que los mimos que se dan a los bebés desde su nacimiento tienen un impacto directo sobre su desarrollo cerebral. ¿Una buena razón para colmarlos con todo nuestro afecto?

Estas son las conclusiones de un equipo de neuropsiquiatras del Nationwide Children’s Hospital en Ohio (EE.UU.): los bebés que reciben caricias de sus padres tienen reacciones cerebrales marcadamente más intensas y vivas. De acuerdo con estos investigadores, que observaron a 125 bebés, incluyendo algunos prematuros, para evaluar la influencia del contacto físico en los recién nacidos, el hacer sentir el calor corporal al bebé, mecerlo, besarlo o acariciarlo aumentaría sus posibilidades de que se desarrolle “más inteligente” y “más sociable”.

De hecho, estas facultades se desarrollan ya desde los tres primeros meses del niño. Durante este periodo, si los bebés reciben 20 minutos al día adicionales de contacto afectivo, los resultados serían espectaculares para el desarrollo cerebral. Concretamente, el contacto afectivo estimularía la producción de hormonas del bienestar y del crecimiento. ¿Un cóctel ideal para fomentar la “inteligencia”?

Los mimos les hacen crecer

En su libro Los alimentos afectivos, publicado en 1993, el célebre neuropsiquiatra Boris Cyrulnik insistía ya en el poder del afecto en los procesos de desarrollo del niño. Según Cyrulnik, la afectividad —demasiado a menudo considerada como un valor anticuado— moldea al ser humano. Sin ella, el bebé no cumplirá sus promesas genéticas”. Y al contrario, según él: la negligencia afectiva causa estragos y puede dañar el cerebro.

En el caso de los bebés aislados, que no son atendidos o solamente de forma mecánica, el cerebro es menos estimulado. Entonces se constata una disminución de algunas funciones cerebrales. Por el contrario, si acariciamos al bebé, si jugamos con él y le hablamos afectuosamente con una sonrisa, el niño aprende a anticipar. Su cerebro reacciona, la circulación de energía aumenta. “Es como un ordenador o un músculo que se entrena”, explicó Boris Cyrulnik en una conferencia en Quimper, Francia, el pasado noviembre.

Sediento de amor

El neuropsiquiatra va aún más lejos cuando señala que la falta de atención y de amor reduce más adelante la capacidad de aprender y de comprender. Así que, levantemos la nariz de nuestros smartphones y abracemos a nuestros bebés con cuidado. Y si el corazón nos los pide y tenemos algo de tiempo, ¿por qué no unirnos a los voluntarios conocidos como “acunadores” que mecen y dan mimos a bebés hospitalizados?

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