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“Nuestro bebé nació con 40 kilos”

rafael tatiani filho
Rafael Festa - Facebook (fair use)
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Se forma una nueva y entusiasmada familia: "Vamos a ser el suelo de él en cualquier caída que tenga en la vida"

El fotógrafo Rafael Festa, de 32 años, y la gerente comercial Tatiani Ziegler, de 30, no esperaron nueve meses para la llegada de su hijo a casa, sino ocho. Y no fue un parto prematuro. Fue un largo tiempo de “gestación” acompañado de una asistente social y una psicóloga del Tribunal de Justicia de Santa Catalina hasta que, finalmente, el papá pudo compartir en las redes sociales la noticia que, tan ansiosamente, él, la mujer y el hijo habían esperado:

“Nuestro bebé nació con 1.44 mts, 40 kilos y… 10 años”. 

El anuncio, en 5 días, superó los 430 mil “me gusta”, 100 mil comparticiones y 50 mil comentarios en Facebook.

Rafael y Tatiani, que cultivaban el deseo de adoptar a un hijo de entre 3 a 7 años, recibieron finalmente el último lunes, 26 de febrero, la guardia provisoria de adopción.

El nuevo papá explica:

“Tenemos una vida ajetreada y todo el proceso de gestación y cuidados con el niño en los primeros meses de vida sería más difícil para nosotros en este momento. Por eso decidimos tener un hijo mayor, que ya tuviera cierta independencia. Cuando la asistente social nos habló del perfil del niño, nos interesamos inmediatamente”. 

La preparación para la llegada del hijo empezó en junio, cuando ellos entraron en la lista de espera de la adopción.

“Las personas tienden a pensar que la espera para adoptar puede durar años, pero no necesita ser así. La mayoría de las personas tienen varias exigencias para adoptar, principalmente la de que sea un bebé recién nacido. Todo puede ser más fácil y rápido, como lo fue para nosotros, si pensaran diferente. Espero que esta visibilidad llame la atención de las personas para una adopción tardía. Las personas piensan en tener un hijo cuando tengan la mejor casa, puedan dar el mejor regalo, todo lo más caro, y olvidan que el niño que está en una casa hogar necesita principalmente amor. Por más que tenga una estructura que lo acoge, no es una familia y no tiene el amor que tú le puedes dar”.

Según los datos del Registro Nacional de Adopción, hay en Brasil 7.626 niños y jóvenes esperando a ser adoptados y 39.711 adultos interesados en adoptar. A diferencia de otros países, Brasil permite que las familias escojan el “perfil” del niño deseado.

El 80,82% quieren niños de hasta 5 años, pero sólo 24,6% de los niños que esperan a ser adoptados están en esa franja de edad. En 2016, se registraron 1.226 adopciones de niños y adolescentes en Brasil: sólo 13 fueron de adolescentes entre 15 y 17 años, por ejemplo.

Tatiani y Rafael fueron orientados a no mencionar el proceso de adopción al  niño a lo largo de la “gestación”. El padre cuenta:

“Fuimos presentados como ‘padrinos afectivos’ y nos fuimos acercando poco a poco. Él es un niño muy hablador, tiene facilidad para hacer amigos y todo fue muy tranquilo”.

Al principio, el niño sólo se quedaba con Rafael y Tatiani los fines de semana, pero, al final de diciembre, ya no volvió a su centro de acogida.

“Para nosotros era muy difícil despedirnos de él. Ahora él ya está matriculado en una escuela cerca de nuestra casa y puede quedarse con nosotros para siempre. La llegada de mi hijo es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida”.

La llegada del niño ya con 10 años no es un problema para Rafael:

“No acompañamos sus primeiros pasos, pero vamos a ser el suelo de él en cualquier caída que tenga en la vida. Ya tenemos todos los derechos y deberes de padres. En breve, tendremos la guardia permanente. En este tiempo en que nos preparamos, tuvimos contacto con otros niños en la casa hogar y no está descartado que, en el futuro, adoptemos nuevamente”.

¡Enhorabuena a los nuevos papás y muchas felicidades a la nueva familia!

Rafael publicó en su Facebook este mensaje que os traducimos a continuación

…¡Y nació nuestro bebé!

Con 1,44 mts, 40 kilos y… 10 años

Nuestra gestación no fue de las más convencionales. No vimos nuestra barriga crecer (excepto la mía, pero no por ese motivo), pero nuestro pecho estaba a punto de estallar. Tuvimos un curso para explicarnos cómo sería nuestro embarazo.

En lugar de un test de farmacia, tuvimos a una asistente social que nos decía que existía la posibilidad de estar embarazados. No oímos su corazón latir a través de una máquina, pero el nuestro se aceleró cuando una puerta se abrió y él vino en nuestra dirección.

No hicimos ningún ultrasonido, pero cada semana teníamos visitas para poder ver la carita de nuestro bebé. No tuvimos antojos extraños ni pasamos nauseas horribles, pero Dios sabe cuán malos eran los domingos por la noche, cuando teníamos que llevarlo de vuelta a la casa hogar.

El acompañamiento de la gestación no fue realizado por enfermeras y obstetras, sino por psicólogas y asistentes sociales. La prisa para montar el cuarto de nuestro bebé fue la misma, pero él estaba junto para opinar sobre la decoración.

No podíamos pregonar al mundo que estábamos embarazados, pero sabíamos que el mundo sería chico para tanto amor. Nuestros dolores de parto fueron angustiosas semanas de espera por decisiones burocráticas. Y hoy, nuestro partero fue un juez, sentado en una silla, que firmó un papel y nuestro hijo, finalmente, está en nuestros brazos.

En lugar de pensar en las fases que perdimos, me gusta imaginar todas las cosas que hemos conquistado y lo que aún vamos a conquistar.

No oímos sus primeras palabras, pero le oímos decir: “Tía, la semana que viene quiero ir a tu casa y no quiero volver más”.
No acompañamos sus primeros pasos, pero vamos a ser el suelo de él en cualquier caída que tenga en la vida.

No lo llevamos a su primer día de clases, pero hemos intercambiado un aprendizaje constante cada día. No oímos su primer llanto, pero ciertamente acompañaremos su primera desilusión amorosa. Tal vez no logremos ir con él en brazos por ahí, pero esos brazos al final del día aún tienen un sabor especial.

No tuvimos que ponerlo en la cuna, pero nos encanta cuando él va a nuestro cuarto y nos pide que le demos las buenas noches. No pasamos por la temida fase de los “porqués”, pero estaremos siempre estimulándolo a cuestionar la vida. No lo vimos aprender a escribir, pero estaremos a su lado, ayudándolo a escribir su futuro de la mejor manera posible.

Aún somos “tío” y “tía”, y no nos importa. El amor incondicional va más allá de los títulos. Lo amamos no por lo que él siente por nosotros o por lo que él nos puede ofrecer, sino porque queremos toda la felicidad del universo para él.

Aún estamos aprendiendo a ser padre y madre. Desde la noticia de la gestación hasta el parto han pasado 8 meses. Un parto incluso prematuro. Aún nos equivocamos mucho y estoy seguro que eso es una constante en la paternidad. Pero hoy podemos comprender mejor que cada pequeña falla ha sido una intención de acertar que no se logró.

No tenemos palabras para agradecer todo el apoyo y las palabras de aliento que hemos recibido. No intentaré poner nombres aquí pues, ciertamente, sería injusto con alguien. Pero nuestro corazón reconoce a cada persona que nos ha ayudado en esta caminata.

Y que vengan todos los clichés sobre padres que siempre oímos…

 

 

 

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Con información del portal G1

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