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La Ley anti-blasfemia y los abusos del poder

BLASPHEMY
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No puede esgrimirse que estas leyes custodien el respeto debido a la creencia religiosa islámica

En docenas de países alrededor del mundo la ley contra la blasfemia y la apostasía permanecen vigentes. Las sentencias son reales, por más que existan voces que defiendan que es un recurso ideológico del mundo occidental o un prejuicio contra el Islam.

Quizá el caso más mediático – y tristemente instrumentalizado también – ha sido el de Asia Bibi, que lleva 8 años esperando la ratificación de su sentencia a muerte por blasfema. En su país, Pakistán, al igual que en Marruecos, Nigeria, Sudán o Iraq entre otros, los trabajos de investigación del Pew Research Centre “The World’s Muslims. Religion, politics and society”, son contundentes: desde 2014, del 75 al 100% de los musulmanes respalda que la ley religiosa contra la blasfemia y la apostasía debe permanecer como ley civil.

A ello se une el hecho de que alrededor de una cuarta parte de los países y territorios del mundo (26%) tenían leyes o políticas contra la blasfemia. Con castigos legales por tales transgresiones varían desde multas hasta la muerte.

Esta identificación entre autoridad política y religiosa ha llevado a que muchas de estas sentencias sean dictadas como castigos ejemplificadores contra disidentes del poder. No sólo contra las autoridades que detentan el poder, sino contra cualquier interpretación que disienta de la oficial. Este ha sido el caso de Sudán, donde se condenó a muerte a 25 personas por este motivo.

En este sentido, no puede esgrimirse que estas leyes custodien el respeto debido a la creencia religiosa islámica. Máxime cuando muchas de estas sentencias se dictan contra católicos (a los que se debe respeto y protección). O cuando los ciudadanos de estos países musulmanes disfrutan del pleno reconocimiento y protección que les brindan las democracias. Criticar esto es no es “islamofobia”. Más bien es subrayar la escandalosa falta de reciprocidad de gran parte de los países autodenominados islámicos respecto a creyentes de otras confesiones.

Y en este sentido, Pakistán es un caso paradigmático. Los estatutos de blasfemia tuvieron un claro origen colonial. Los gobernantes británicos los introdujeron para sancionar los insultos contra cualquier creencia religiosa (no sólo el Islam o el cristianismo). Sin embargo, este tipo de legislación ha seguido vigente desde su independencia en 1947, aumentando su severidad hasta nuestros días.

¿Qué considera el Islam como blasfemo? 

De modo genérico, cualquier comportamiento irreverente hacia Dios y todo lo que el Islam considere sagrado. Pero es interesante subrayar que las fuentes sagradas no hablan de blasfemia. Este “delito” se generó a posteriori por los juristas para proteger una estructura político-religiosa en expansión. En este sentido, el delito fue codificado y añadido a la Sharía. Junto a ello, se fue reforzando la responsabilidad de la comunidad de creyentes en torno a esta defensa del Islam contra la impiedad (kufr).

Desde el siglo IX-XI, se ha demostrado que las penas por blasfemia se han usado como injuria entre tendencias opuestas. En la actualidad, las tendencias islamistas han ido actualizando la noción de impiedad (kufr) para anatemizar sociedades enteras y justificar así su radicalismo.

Las penas por blasfemia varían según la jurisdicción. Pueden ir desde las multas, castigos corporales (azotes, amputaciones), la pérdida de derechos civiles (anulación del matrimonio, expropiación de bienes y herencia) a la muerte (crucifixión, ahorcamiento, o decapitación).

En los países de la Conferencia Islámica, se recoge una amplia lista de penas por blasfemia. Incluyen el insulto directo, la burla o el menosprecio a Dios, el Profeta, los textos sagrados y los dogmas del Islam. Esto incluye cualquier acto disidente contra las normas religiosas establecidas, la lectura de traducciones no autorizadas de los textos sagrados, cualquier crítica a prácticas musulmanas o el rezo por la conversión a una religión que no sea la islámica. La lista se amplía considerablemente según el contexto. En Irán, por ejemplo, el respeto se extiende a imames y autoridades político-religiosas (art. 513 Código Penal). El artículo 295 en Pakistán establece la pena de muerte al blasfemo.

Desde 1999, esta organización intenta que la ONU incorpore una resolución que acepte las penas por blasfemia. En 2009, consiguió que se contemplara la posibilidad (no vinculante) de conseguir el reconocimiento de estos delitos contra el Islam al plano internacional ¿Por qué no se contempla esta misma necesidad para otras creencias religiosas? ¿Hasta cuándo será occidente preso del desconocimiento y del miedo?

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