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Juana de Ibarbouru, probablemente la poetisa más grande de América

IBARBOUROU
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Fue tan famosa que su país la enterró con honores de Ministro

Afuera el calor tremaba, pero dentro de la casona colonial de mi tía abuela, la frescura se hacía sentir como los jazmines recién cortados que adornaban la mesa del salón principal. Ella, mi tía, sentada en su gran hamaca me recitaba con tanto sentimiento una y otra poesía, y yo a sus pies me deleitaba a escucharla.

 

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises,

yo le tengo piedad a la higuera.

 

En mi quinta hay cien árboles bellos,

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

 

En las primaveras,

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

 

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos que nunca

de apretados capullos se viste…

 

Por eso,

cada vez que yo paso a su lado,

digo, procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

«Es la higuera el más bello

de los árboles todos del huerto».

 

Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!

 

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo le cuente:

 

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

 

La higuera uno de mis poemas preferidos que quedó grabado en mi memoria, en mis recuerdos. Con el tiempo descubrí su autoría, y como no podía ser menos, viniendo de una mujer extraordinaria, culta e independiente como era mi tía, la autora de este poema era nada menos que “Juana de América”, como así denominaron a esta mujer extraordinaria, a Juana de Ibarbouru. Ya lo creo, mi tía no dejaba nada al azar cuanto se tenía que hablar de mi educación.

Juana Fernández Morales nació en Melo, Cerro Largo, Uruguay, el 8 de marzo de 1892. Casualmente, comparte su natalicio con el que décadas posteriores será elegido como el Día Internacional de la Mujer.

También ella, de niña, solía escuchar atentamente los poemas que su padre recitaba, y los anotaba en un cuadernito. Más tarde en su adolescencia comenzó a escribir sonetos, lo hacía todo por inspiración de modo intuitivo e autodidacta, sin haber recibido una verdadera instrucción formal.

En 1919 publica su primer libro y en el corto período de diez años Juana, que ya había adoptado el apellido de su esposo para firmar sus obras, se convirtió en una de las poetas más conocidas de América Latina. Más tarde, su trabajo recibió premios de casi todos los países de habla hispana, fue candidata al premio Nobel, y sus libros se tradujeron en varios idiomas.

Juana de Ibarbourou, es considerada también una pionera dentro del feminismo latinoamericano, junto a Alfonsina Storni y Gabriela Mistral. En muchas de sus obras retrata con sarcasmo e ironía el papel de la mujer en la sociedad de su época, y retrató en algunos poemas con mucha delicadeza y observancia el erotismo femenino.

Al morir fue velada en el mismo Salón de los Pasos Perdidos en que recibió el titulo de “Juana de América”. El gobierno del momento dispuso un día de duelo nacional y fue enterrada con honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer en la historia de Uruguay a la que se le otorgó tal distinción.

 

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