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¿Cómo descubrir si un seminarista o un sacerdote sufre un trastorno de personalidad?

Jeffrey Bruno | Aleteia

Gelsomino del Guercio - publicado el 06/03/18 - actualizado el 06/03/18

Veamos, con la ayuda de un especialista, si es realmente posible prevenir abusos sexuales u otros comportamientos desviados en el clero

¿Hay detalles particulares que pueden llevar a considerar un trastorno de personalidad en un seminarista o en un sacerdote?

¿Verlo hiperactivo, con excesivas manías de protagonismo, o bien muy ansioso e inquieto es indicativo de un estado que merece intervención clínica?

La respuesta es negativa. Pues, sobre todo en estos casos, es muy difícil identificar, a través sólo del comportamiento exterior, los síntomas de un trastorno de la personalidad. Decir que un sacerdote parece un potenciar pedófilo o un narcisista es engañoso.

El psicólogo y psicoterapeuta Aureliano Pacciolla enseña psicología general y psicología de la personalidad en la Universidad LUMSA de Roma. Actualmente es profesor en varias escuelas de psicoterapia y master post-universitarios, y es autor de quince ensayos científicos. En su carrera de psicólogo ha conocido numerosos casos de sacerdotes y seminaristas afectados por problemas de personalidad.

Cómo llevar a cabo una correcta prevención

Según Pacciolla, el terreno en el que trabajar para comprender si una persona es idónea para la vocación de sacerdote o seminarista (y por tanto, si no presenta trastornos de personalidad – que podrían desencadenar un abuso sexual, un comportamiento narcisista, delirante, etc…), es solo la de una correcta prevención.

Una prevención bien hecha, muy útil para conjurar la mezcla de informaciones y venenos que inundan los medios cada vez que se comprueba un escándalo cuya protagonista es un miembro del clero.

Este camino hoy es arduo. Y sin embargo, seguir un protocolo bien definido y uniforme entre seminarios, órdenes, congregaciones, diócesis, minimizaría mucho el riesgo de encontrar sacerdotes o seminaristas “inadecuados”.

Veamos cómo estructurar un itinerario de prevención eficazmente que, según Pacciolla, debe moverse en dos direcciones: los test psicológicos y el seguimiento con personas de apoyo.

El primer screening

Un seminarista debería someterse a un screening psicológico antes de entrar o bien apenas entra en el seminario. Se trata de una serie de entrevistas con un psicoterapeuta para establecer el perfil psicológico de la persona, y conocer así su estilo de personalidad. 

Durante el curso de los estudios del seminario, cada 1 o 2 años, habría que repetir el screening, si se juzga necesario. Así es como se realiza una primera monitorización seria del sujeto.

Igualmente, se puede realizar un screening cuando ya se ha ordenado sacerdote, y repetirlo en función de lo que señale el terapeuta.

El “Best Friend”

La otra forma de monitorizar – en continuidad con la primera – a un seminarista o un sacerdote – es la de proponer una metodología que prevé el “Best Friend” (BF) (“Mejor Amigo”).

El Best Friend, explica Pacciolla, debe tener tres características: ser elegido por el seminarista o el cura en cuestión; ser de su confianza; debe conocer bien a la persona.

Quienes acepten esta metodología tienen que rellenar un cuestionario PID-5 (Personality Inventary DSM5), para mostrar la autopercepción (cómo uno se percibe a sí mismo y su personalidad).

El mismo cuestionario, pero formulado en tercera persona, se propone al BF (puede haber más de uno), con el fin de mostrar cómo es percibido el sujeto desde fuera. Después, los resultados se confrontan para buscar puntos críticos, siempre de acuerdo con el sujeto, que puede desistir de este contrato terapéutico si lo desea.

Los límites actuales

El problema de fondo es tener clara la necesidad no sólo de un continuo acompañamiento espiritual, sino también psicológico, de los aspirantes al sacerdocio. Y no como un «extra facultativo», sino como una parte integrante del discernimiento vocacional: no como un «test» que se pasa al ingresar, sino como una ayuda durante toda la formación del seminarista, y luego del sacerdote.

¿Qué sucede hoy en seminarios, órdenes y congregaciones? Suele haber un documento, que se llama “ratio institutionis”, en el que se explicitan los criterios de la formación del seminarista/futuro sacerdote: entre estos está el recurso a psicólogos (en algunos institutos está previsto en la “ratio“, en otros es facultativo, es decir, sólo se aplica si el rector/superior lo ve necesario).

Allí donde está previsto el recurso a expertos (es decir, el ingreso está condicionado también al coloquio con el psicólogo), no hay después una monitorización ni un seguimiento (BF-otros test/análisis).

¿Por qué? No sólo porque muchos formadores o rectores no vean la necesidad: Para algunos psicoterapeutas, la figura del BF les produce incomodidad porque la perciben como una interferencia en el secreto profesional. Sin embargo, esta figura de acompañamiento está prevista por el manual de psicología DSM-5.

Sin embargo, una prevención eficaz nace de la confrontación entre muchos datos de fuentes distintas, que pueden hacer salir realmente los rasgos críticos de esta persona. Hay trastornos que se pueden camuflar muy bien (como por ejemplo las parafilias, entre ellas la pedofilia) y los trastornos sexuales: sin una monitorización global del sujeto existe el riesgo de no detectarlo.

Por tanto, para Pacciolla, esta metodología de prevención debería extenderse como praxis para todos los seminaristas y sacerdotes si se quiere dar un cambio real a la selección y la formación de los miembros del clero, y hacer disminuir el numero de protagonistas en tristes episodios de sucesos.


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