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¿Por qué las guerras del Congo y Sudán del Sur?

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“Los niños y los jóvenes son utilizados, manipulados en sus mentes para que se conviertan en combatientes, en soldados. Y esto es muy grave, es inaceptable”

La Jornada Mundial de Oración y Ayuno convocada por el papa Francisco, ha conseguido que los ojos del mundo, especialmente de los cristianos, se vuelvan hacia los dos países con más necesidades humanitarias en el mundo: La República Democrática del Congo y la República de Sudan del Sur.

Se trata de dos países distintos, aunque con parte de su frontera en común, donde la guerra y la guerrilla por motivos económicos y políticos, azota a las poblaciones civiles, en especial a mujeres y niños que divagan por la selva huyendo de la guerra, de la miseria y de la violencia.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Filippo Grandi, se calcula que en este año 2018 el número de refugiados llegará a los 3 millones, “convirtiendo la crisis de Sudán del Sur en el más grave desde los tiempos del genocidio en Ruanda”, entre tutsis y hutus.

La República Democrática del Congo, situada en el centro de África, tiene 180 millones de habitantes, y entre ellos hay 250 grupos étnicos registrados que hablan 700 idiomas y dialectos. Un 80 por 100 de la población es cristiana, con predominio de la católica. Las grandes potencias de Europa y Estados Unidos tienen intereses en este país por sus terrenos agrícolas, los diamantes, el petróleo, el oro, el cobre y sobre todo el coltán, un mineral muy escaso en la tierra que se usa para la fabricación de móviles y para la microelectrónica, las telecomunicaciones y la industria aeroespacial. Es una excolonia belga.

Por su parte, la República de Sudán del Sur, situada al este de África, es un país independiente desde el año 2011. Tiene 10 millones de habitantes, de los que un 70 por 100 son cristianos y de estos un 36 por ciento son católicos. Hay varias lenguas que se hablan en distintas tribus, pero la oficial es el inglés, común a todos. También existe el árabe y en grupo reducido el español, que son sudaneses formados en Cuba. En las continuas guerras civiles se desplazaron 4 millones de sudaneses del sur, mientras que 2 millones murieron. Su principal riqueza es el petróleo que exporta a todo el mundo. Pero como Sudán del Sur no tiene puerto, llegó a un acuerdo con Sudán del Norte para trazar un oleoducto que lleva el crudo hasta Port Sudán, en el Mar Rojo. Es una ex colonia inglesa.

En el Congo cientos de miles de personas se encuentran vagando por la zona llamada de los grandes lagos, que son fronterizos a Uganda, Ruanda, Burundi, Tanzania y Zambia. El mayor lago es el Tanganika. Allí cerca de un millón de personas se mueven de modo permanente, huyendo de la guerra y del hambre.

En realidad, tanto es el hambre que mueren diariamente muchas personas y muchos niños por no recibir alimentos y medicinas. Según el Alto Comisionado de ACNUR, Filippo Grandi, se está a punto de llegar a una hambruna en la zona. La crisis en las poblaciones de los lagos es, por sus dimensiones, igual a la tremenda situación de la guerra de Siria y el Oriente Medio. Pero esta crisis ha llegado sin que Europa soportara los migrantes.

Por otro lado, las guerrillas se nutren de niños entre los 10 y 12 años, los llamado “niños soldado” que tanto ha denunciado el papa Francisco. “No hay futuro luchando en la selva”, decía un niño, Jet’aime Kambale Pamoja, que pudo escapar de las guerrillas y finalmente consiguió un oficio de carpintero. Hoy vive en la pequeña localidad de Kiwanja, al norte del país y tiene 23 años.  Cuenta Kambale, que se alistó al grupo de los Maï-Maï, que tiene entre 20 y 30 mil soldados, entre ellos niños, como otras guerrillas.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) informa que decenas de miles de menores de 18 años son usados en conflictos en todo el mundo. En la última década, 65.000 fueron liberados y rescatados. De estos, más de 20.000 solo en el Congo.

La zona donde más se sufre la guerra es en la encrucijada de las fronteras de Uganda, Ruanda y Burundi, entre los lagos Victoria y Tanganika.

El vicedirector y responsable del área internacional de Cáritas, Paolo Beccegato, insiste en la necesidad de ayuda para los millones de desplazados han dejado todo para huir de la guerra y la violencia. Según ha declarado a Vatican Insider, forman parte de los “conflictos olvidados” los que hay en Congo y Sudán del Sur. Para él no se trata de “guerras tribales, sino de guerras para el control de los recursos naturales, y han que tomar conciencia, como hace el papa Francisco, de que la solidad se manifiesta también con la oración, el ayuno. El ayuno, señala, no solo va bien al cuerpo, sino que significa privarse de algo en solidaridad con aquellas poblaciones que nada tienen.

Según Paolo Beccegato, “no podemos plantearnos el problema de los desplazados, de los refugiados y, en general, de los migrantes solo cuando llegan a Europa y nos vemos involucrados. Hay que recordar que estos problemas extendidos en el mundo solamente tienen que ver parcialmente con Europa; África, en cambio, conoce flujos migratorios enormes de los que nadie habla”.

En cuanto a sensibilizar a la opinión pública de estos aspectos humanos, Peccegato dijo que  “este año es el que llevará a la Iglesia universal al Sínodo sobre los Jóvenes (octubre de 2018), los jóvenes como signo de esperanza. Pues bien, entonces no se puede callar que en varios países los niños y los jóvenes son utilizados, manipulados en sus mentes para que se conviertan en combatientes, en soldados. Y esto es muy grave, es inaceptable, es un escándalo para esta humanidad contemporánea”. 

En la República Democrática del Congo, además, existe una inestabilidad política a causa de que su presidente, Joseph Kabila, se está eternizando en el poder. Elegido en 2001, sigue al frente del país sin convocar elecciones. Actúa de modo dictatorial contra el pueblo, hasta el punto que el arzobispo de Kinshasa y Primado del Congo, Laurent Monsengwo Pasinya, ha denunciado la violencia ejercida contra pacíficos ciudadanos que piden elecciones. Kabila tuvo que haber convocado elecciones en 2016, pero no lo ha hecho y el caos se está adueñando en el país.

Tanto en Sudán del Sur como en la República del Congo, la violación de los derechos humanos es constante, y esto nada contribuyen a la pacificación y normalización de estos países. 

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