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El Papa: Dios quiere llevarnos a todos al Paraíso, ninguno excluido, ni Judas

POPE Audience
Antoine Mekary | ALETEIA | I.MEDIA
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El Pontífice recibe a jóvenes en riesgo de exclusión social en una audiencia privada en la Sala Clementina del Vaticano

El papa Francisco aseguró que Dios quiere que el cielo sea para todos, “ninguno excluido”, además, dijo haber llorado al conocer el caso de un joven de 21 años abandonado a los dos meses de edad que sintió de nuevo el rechazo de la madre cuando la buscó, y Francisco le prometió rezar por él para que su madre un día pueda hacerle ver el amor que siente. «No seas escéptico, ten esperanza”. Lo dijo el Obispo de Roma el 04 de enero ante un grupo de jóvenes rumanos, informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede el 19 de febrero de 2018.

¿Por qué la vida es tan difícil?, preguntaron los jóvenes que reciben ayuda de la ONG “FDP protagonistas en la educación”, comprometida con la ayuda a las personas en riesgo de exclusión social.

En relación a la afirmación de un sacerdote sobre uno de los chicos del orfanatorio fallecido, – que no iría al cielo porque pecador – el Pontífice responde: “Tal vez ese cura no sabía lo que decía. Tal vez ese día ese sacerdote no estaba bien, tenía algo en el corazón que le hizo responder así”.

Ninguno  de nosotros  puede decir que una persona no ha ido al cielo. Te digo algo que tal vez te maravilla: ni siquiera de Judas podemos decirlo.  […] Igualmente te digo que Dios quiere llevarnos a todos al Paraíso, ninguno excluido”, expresó el Papa a los niños y jóvenes, entre ellos, huérfanos o en custodia por otras familias o en riesgo de exclusión.

Asimismo, reiteró la actualidad de la imagen del Buen Pastor. “Y es lo que en Semana Santa celebramos: la pasión de Jesús que, como Buen Pastor, dio su vida por nosotros, sus ovejas. Y si una oveja está perdida, Él sale a buscarla hasta que la encuentra”. “Estoy seguro, conociendo a Jesús, que fue lo que hizo con vuestro amigo”.

El sufrimiento de los niños 

Los chicas y chicos preguntaron al Papa del por qué de su vida difícil. El Pontífice explicó que existen “por qué”, que no tienen respuesta, como por ejemplo “por qué sufren los niños”.

«No sabemos el por qué en el sentido del motivo: ‘¿qué hice de mal para tener esta suerte?’ No lo sabemos. Pero sabemos el por qué en el sentido del ‘fin’ que Dios quiere dar a tu suerte, y el fin es el de la sanación: el Señor cura siempre. La sanación y la vida”.

El Papa aseguró que hay preguntas a las cuales no puede responder:  “Sólo Dios puede darlas. En la vida hay muchos por qué a los cuales no podemos responder. Podemos sólo mirar, sentir, sufrir y llorar”.

La pelea 

Un joven le preguntó también el por qué de las ‘peleas’ y él mismo refirió  de las discusiones con sus compañeros, aún después de visitar la misa.

«Es el pecado, el egoísmo humano. Por esto – como tú dices- peleamos a menudo, nos hacemos mal, nos engañamos». «Ir a la Iglesia- explica el Papa -nos sirve para ponernos ante Dios así como somos, sin maquillaje. Decirle ‘te pido perdón, ten piedad de mi’”.

El abandono

A la pregunta sobre la dolorosa  actitud de algunos padres, que prefieren los niños sanos a los enfermos o con problemas, el Papa responde: “ante la fragilidad de los demás, como las enfermedades, hay algunos adultos que son más débiles, no tienen la fuerza para soportar las fragilidades”. […] “Es difícil recibir ayuda de padres frágiles y a veces somos nosotros los que tenemos que ayudarles”.

“En vez de acusar a la  vida porque me ha dado padres frágiles, y yo no soy tan frágil, por qué no cambiar la cosa y dar gracias a Dios y a la vida porque yo puedo ayudar la fragilidad del padre”.

Al final, el Papa dijo haber llorado al leer la pregunta que realizó un joven que fue abandonado por su madre en el orfanatorio cuando tenía sólo dos meses de vida. “A 21 años la busqué, me quedé con ella dos semanas pero no se comportó bien conmigo. ¿Por qué no me acepta?”

El Papa llora

“Cuando leí tu pregunta, antes de dar las instrucciones para hacer el discurso, lloré”, admitió Francisco. “Estuve cercano a ti con algunas lágrimas. […]» Y de nuevo explicó que los adultos también “tienen grandes fragilidades” debidas, en el caso de ustedes, “a tanta miseria, a tantas injusticias sociales que aplastan a los niños y a los pobres, y también a tanta pobreza espiritual”.

La pobreza espiritual

“Sí, la pobreza espiritual endurece los corazones y provoca lo que parece imposible, que una madre abandone el propio hijo. Es el fruto de la miseria material y espiritual, de un sistema social equivocado, deshumano, que endurece los corazones, que nos hace equivocar, que hace que no encontremos el camino justo. Esto necesitará del tiempo: tú has buscado algo más profundo en su corazón. […]Te prometo rezar para que un día pueda hacerte ver el amor que siente. No seas escéptico, ten esperanza”.

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