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Conoce al “Arquitecto de la democracia en Centroamérica”

CALVANI
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Arístides Calvani y su mujer Adelita Abbo unieron a los venezolanos en duelo tras su muerte en un accidente de avión

Destacados militantes católicos, políticos comprometidos con el humanismo cristiano, hoy son patrimonio de la gran patria latinoamericana y de la Iglesia universal: Arístides Calvani y su esposa y compañera de vida e ideales, Adelita Abbo, representaron mucho para nuestros países y su lucha por la democracia sustentada en la educación en valores y miras elevadas que siempre promovieron, no solo en Venezuela, sino a lo largo y ancho del continente.

El bien común era el objetivo de esta pareja que tomó la Doctrina Social de la Iglesia como norte de todo su trayecto vital de entrega para llevar esperanza a los oprimidos.

Arístides y Adelita eran inseparables. Tanto, que hasta en el momento de dejar este mundo lo hicieron juntos. Como si el uno no hubiera podido ser sin el otro.

Un terrible accidente se llevó la vida de ambos, junto a dos de sus seis hijos, Graciela y María Elena. Ellos estaban entre los más de 100 pasajeros de un jet Caravelle de dos turbinas, propiedad de la empresa Aerovías de Guatemala.

La catástrofe ocurrió cuando el avión en que viajaban sobrevolaba la selva de Petén, cerca de las ruinas de Tikal. No hubo sobrevivientes. Era el 18 de enero de 1986.

Cuentan que la víspera habían estado felices. Él, visiblemente emocionado, había dicho a Vinicio Cerezo, recién electo presidente de Guatemala, “¡cumple con tu deber, patojo!” (“patojo” quiere decir muchacho en Guatemala). Estaba satisfecho por haber visto coronada su última misión al contribuir eficazmente con el retorno de la democracia en ese país.

De hecho, los esfuerzos y riesgos, aun personales, que asumió Calvani por restaurar la paz en esa parte de América, le habían ganado el calificativo de “Arquitecto de la democracia en Centroamérica”.

Le pusieron a disposición un avión oficial para su gira a Tikal y él rehusó la merecida deferencia: “Eso sería muy oneroso para el país. Iremos en vuelo comercial”.

Fue su última lección de austeridad, la cual caracterizó siempre la vida del matrimonio Calvani. Fue una de las contadas veces, en sus existencias dedicadas por completo al trabajo, en que se permitieron hacer algo de turismo.

La conmoción en Venezuela y el mundo, reflejada en la prensa internacional, fue mayúscula. Los Calvani eran reconocidos, respetados y admirados en más de un continente.

En la Casa Amarilla, sede de la Cancillería venezolana, estuvieron los féretros expuestos para recibir el adiós del pueblo. Fue una larga y penosa seguidilla de personas, desde las más representativas del país hasta las más humildes, que llegaban para rendirles homenaje.

La verdadera riqueza de sus vidas se hizo patente en aqeél momento: no fue el brillo de él como canciller de la República y reconocido intelectual, ni el de ella, quien llegó a presidir el Concejo Municipal de Caracas, sino la manera tan emotiva como todos los venezolanos olvidaron sus diferencias –algunas de ellas muy recientes y profundas- para presentar sus respetos al unísono, amalgamados en un solo llanto, evidenciando un sentido duelo ante la desaparición de quien fuera uno de los políticos más principistas, combativos y voluntariosos que ha conocido el país.

“El dolor estrujó los corazones de América”, rezaba un titular de prensa. Otro: “Se nos fue un corazón hecho para el amor”. Otro: “Bajó la guardia un brazo hecho para la lucha”. Otro más: “Se ha ido una tolerancia para conciliar y se silenció una palabra para enseñar”.

Y un lamento que venía del fondo de los espíritus: “Ya no seremos testigos de su inconmovible paz interior en medio de la tormenta”. ¡Cómo necesitamos hoy de su inteligencia , su disponibilidad y su testimonio!

Ya en su velorio, uno de los obispos auxiliares de Caracas ofreció testimonio de la vida de santidad de este matrimonio. Para la época, era mucha la gente de Iglesia que se preguntaba “¿por qué no laicos santos?”.

Baltazar Porras, hoy cardenal arzobispo de Mérida y presidente de la comisión episcopal para la visita de san Juan Pablo II a Venezuela (1996), urgió a publicar una biografía de los esposos Calvani a fin de presentársela al Papa. Fue Lola Vidal quien recogió su trayecto de entrega al Señor.

Quizá este año centenario, que se presta a la difusión de sus vidas, de sus aportes y sacrificios por cumplir su misión, todo unido con el hilo conductor de su fe cristiana traducida en historias ejemplares, reanude el impulso de esta causa justa y noble.

Ellos fueron, sin duda, un don de Dios para ejemplo de la humanidad. Son considerados por la Iglesia como Siervos de Dios en proceso de beatificación.

Muchas personas, escribieron sobre ellos: “Su obra será recogida y editada por su trascendencia”…”Si se perdieran los Evangelios, se podrían reeditar en la vida de los Calvani”.

Arístides Calvani promovió el pluralismo ideológico y salidas democráticas a las guerras civiles en las cuales se hallaban inmersas buena parte de las naciones de nuestra región.

Fue uno de los teóricos del socialcristianismo, inspirándose en el filósofo francés Jacques Maritain. Asumió una posición contraria al “individualismo liberal y el totalitarismo marxista” y destacó el papel social de la empresa.

La docencia fue su vocación constante. Dio clases en la Escuela de Servicio Social, en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Católica Andrés Bello fue profesor de Introducción al Derecho, de Filosofía del Derecho y de Filosofía Social.

Creó la Escuela de Ciencias Sociales en la Universidad Católica Andrés Bello en septiembre de 1959. El 10 de julio de 1962 fundó el Instituto Internacional de Formación Demócrata Cristiana (IFEDEC), que desde 1986 lleva su nombre.

Participó en la creación de la Central Latinoamericana de Trabajadores. Fue Secretario General de la Organización Demócrata Cristiana de América.

En su honor, la Internacional Demócrata Cristiana concede anualmente el Premio Arístides Calvani por la pazla democracia y el desarrollo humano, que han recibido, entre otros, Andrés Pastrana, Ricardo Arias Calderón y Emil Constantinescu.

Si bien es verdad que su vida de luces se apagó y que lo añoramos siempre en tiempos de crisis, también es verdad que el legado de su vocación docente pervive en frases como: “Lo importante no es lo mucho que se lea, sino lo mucho que se reflexione”.

Para los jóvenes, Calvani siempre tenía un estribillo que se adelantó a los estragos que hoy causan el frívolo relativismo y el engañoso laicismo: ”Vive como piensas o terminarás pensando como vives”. Podría, muy bien, ser lema en el próxima jornada sinodal centrada en la Juventud.

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