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¿Te has casado con tu papá?

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¿Tu pareja es para ti como un padre o una madre?

Si yo te dijera que te has casado con tu papá, con tu mamá, ¿qué me dirías? Seguramente que estoy loca de remate ¿verdad?

Ni tan loca porque justo esto ha pasado con muchas parejas que, sin darse cuenta, han seguido los mismos patrones y en consecuencia han escogido a una pareja muy parecida a su progenitor. Es decir, la relación papá/hija, mamá/hijo se proyecta.

Pero ¿por qué se da este fenómeno si muchas veces lo que menos se desea es parecerse a ellos?

Hay muchas razones. Una de ellas porque es lo que conocen; no pueden escoger algo distinto porque no saben hacerlo diferente. También y generalmente de forma inconsciente, pretendiendo que el cónyuge ocupe el lugar del progenitor, o bien que llene los vacíos de aquello que se supondría papá -o mamá- le debieron dar y les faltó formándose heridas emocionales -carencias-.

Digamos que su tanque emocional anda un poco vacío -si no es que totalmente- además de herido y busca que el cónyuge ocupe el lugar y haga las veces de papá o mamá.

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Este tipo de relación en la que la pareja herida ansía ver a su papá -o mamá- a través del cónyuge es peligrosa porque, entre otras cosas, en lugar de tener un compañero (a) pareciera que tiene un hijo más.

La persona herida, en vez de asumir su rol de pareja responsable y de apoyo busca siempre ser la cuidada, es codependiente y muchas veces chantajista, tiene actitudes inmaduras, etc.

Llegará el momento que en vez de ser solo los hijos del matrimonio hay un hijo más atrapado en el cuerpo de un adulto inmaduro.

El matrimonio se torna bien pesado por la falta de madurez, de ayuda y apoyo por parte de la pareja, de responsabilidad y de compromiso que se supone cada uno debiera tener como cabezas de hogar y compañeros de camino.

La psicoanalista Constanza Michelson dice que existen relaciones que son tóxicas y otras que no lo son y que, al contrario, hacen bien.Y esto no es necesariamente porque se esté buscando a la figura paterna o materna, sino lo que se está haciendo es repetir un patrón, es decir, la forma de la relación.

“Si es intensa, tormentosa y fatal es porque estás repitiendo el amor materno. Ese tipo de relación es hiper demandante donde uno espera todo del otro, igual como eres con tu mamá. Te pegoteas y te confundes con tu pareja. Mientras que las relaciones marcadas por lo paterno estarán impresas con la diferencia y habrá una adecuada separación”.

Para evitar este tipo de relaciones no sanas es importante reconocer que tipo de heridas emocionales que se traen y sanarlas de preferencia antes de elegir pareja para casarse.

Edmundo Campusano, psicólogo y docente dice: “…se relaciona con la construcción de la identidad de la mujer en lo referido a validarse y saber respetarse a sí misma, en general es la figura del padre la que imprime ese aspecto en la formación personal. El padre es el representante más cercano que tiene del sexo “opuesto”, aquel en el que ve aquellas características de los hombres y con quienes podrá vincularse en el futuro.”

Esto es, en la mujer si no hay presencia paterna se gestan heridas emocionales, vacíos que luego pretenderá llenar mediante el amor de un hombre; falta de confianza personal, sentirse no apoyada y desprotegida, aflicciones que las llevará arrastrando al matrimonio.

En fin. Sabemos que es difícil reconocer estas heridas de la infancia por lo que a lo largo de la vida cargaremos con cierto bagaje emocional que es el que nos predispone a actuar de cierta forma y a elegir las parejas que se escogemos.

La buena noticia es que todas estas tienen remedio cuando nos damos cuenta de ellas y las trabajamos. Sobre todo, cuando sanamos la relación que tuvimos con papá -mamá-. Sanando ese vínculo luego será más sencillo reconocer y aceptar al cónyuge solo como lo que es, pareja.

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