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Qué hacer con las abuelas que se creen mamás

GRANMOTHER
Martin Novak - Shutterstock
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Una postura invasiva no ayuda en la educación de los hijos. ¿Cómo hacérselo ver a esas abuelas sin dañarlas?

A la llegada de los nietos, la mayoría de las abuelas está dispuesta a cambiar horarios y fórmulas de vida para adecuarse a lo que necesite el nuevo miembro de la familia. Y, sobre todo, para ayudar al papá y la mamá que, en muchos casos, trabajan fuera de casa.

Ante esta situación tan frecuente en la actualidad, es habitual que los papás pidan a sus respectivos padres que les echen una mano. Con ellos hablan entonces de cuadrar horarios, de organizar el día a día, los fines de semana, de quién cuidará al bebé antes de ir a la guardería o, después, de quién le va a recoger al colegio.

Así, lo habitual es que la abuela (las abuelas materna y paterna) entienda como un felicísimo acontecimiento la llegada de un nieto. Para ella supone volver a volcar su experiencia como madre en actos tan cotidianos como cambiar pañales o preparar la leche si es el caso.

Los cuidados del bebé (o del pequeño) son esenciales, pero ¡ay de la abuela que piense que ella debe ir por delante porque la mamá es novata o porque lo que ella opina es mejor que lo que ha dicho la mamá!

Por su parte, la abuela ha de tener en cuenta tres ideas importantes para que todo funcione sobre ruedas:

  1. Ella ya no es la mamá sino la abuela y, por lo tanto, quien en última instancia toma las decisiones son los papás de la criatura. Así es el ciclo de la vida.
  2. Han transcurrido unos años (15 al menos) desde que ella fue mamá y, por lo tanto, hay que estar dispuesta a aceptar que “las cosas han cambiado”. Quiere decir eso que, en lo mecánico y lo material sobre todo, puede que haya habido evolución desde que ella fue mamá: en productos, en servicios, en conocimientos sobre Pediatría…
  3. No hay una fórmula única de crianza de un bebé y educación de los hijos. Hay tantas fórmulas como personas. Hay que respetar la libertad de los padres por encima de todo.
Grandmother with grand children
By FamVeld | Shutterstock

Algunas abuelas pueden encontrarse entonces con que chocan con la hija (o la nuera) por la forma de afrontar las distintas vicisitudes que comporta el nacimiento del bebé.

También puede ocurrir que, aunque la mamá sea experta, ellas decidan que las horas que pasan con el bebé son dueñas de hacer lo que quieran con él. Como si el bebé fuera de su propiedad: “Deja, que ya sé yo cómo hay que hacer esto”, “cuando lo tenga yo, voy a arreglar las cosas a mi manera”… Acecha el peligro.

Si se presenta el caso y vemos que la abuela es intrusiva, se excede en las decisiones que toma e invade lo que debería ser una cuestión de papá y mamá, hay que actuar con delicadeza pero con fortaleza, o sea, hablando con ella con claridad  y sin herir.

  1. Ante todo, es importante agradecerle su gran ayuda. La abuela que entrega sus fuerzas, su cariño y su tiempo a los niños. Recordemos su edad y valoremos si aquello que le pedimos puede superarle.
  2. Los padres deben establecer mecanismos de diálogo. No solo el hijo o hija sino ambos, porque la abuela debe someterse a ambos (no solo ha de dar cuentas a su hijo o hija).
  3. Hay que comprobar que lo que hace la abuela es perjudicial para papá y mamá, pero en vez de “castigarla” verbalmente, hay que presentarle los hechos y preguntarle con qué intención lo hace. Por ejemplo: “Vemos que siempre llegas más tarde de la hora a la que hemos quedado que traerás los niños a casa, ¿acaso no puedes ser puntual?”. Nos daremos cuenta de que las abuelas a veces hacen cosas no por fastidiar o ser intrusivas sino sencillamente porque su perspectiva es otra y no se daban cuenta del daño que podían hacer: “Lo siento -tal vez te responda-, solo quería estar al máximo con la nieta y no pensé en vuestra hora de la cena”.
  4. Hay que conocer las circunstancias de la abuela. Tened en cuenta que una temporada puede estar más cansada o más sensible.
  5. Hay que intentar que el papel de la abuela quede establecido antes de que las circunstancias nos devoren. Planificad con tiempo su colaboración y así correrás menos riesgos de encontrar que la abuela ha invadido un territorio que no le correspondía.
  6. Hay que educar afectivamente a los abuelos como tales. Los papás no nacen con un libro de instrucciones sobre cómo serlo, y los abuelos tampoco. Sí nacen con muchos talentos, así que hay que saber orientarlos bien.

Tres recomendaciones

Para que esto no ocurra, hay que buscar modos de hacer crecer en la familia a una abuela con tres características primordiales:

  1. Una abuela sabia es la que verdaderamente sabe estar en su lugar. Es prudente: pregunta, busca consejo (sí, aunque haya hecho esto antes mil veces), lee, se informa y, sobre todo, actúa según el criterio de los papás.
  2. Una abuela competente es la que considera que no lo sabe todo. Quiere formarse como abuela: saber cuál es ese papel que ayuda tanto a los papás, que es importante en la crianza y la educación de los nietos, y al mismo tiempo es secundario con respecto a los padres.
  3. Una abuela inolvidable es la que refuerza al papá y la mamá en todos los campos: habla bien de ellos delante de los nietos, facilita la tarea de padres a los padres, refuerza los lazos de unión de la familia y concretamente de la pareja… y se permite ciertos “extras” como abuela siempre y cuando no interfieren en los valores que los padres tratan de inculcar en los menores.

 

Por encima de todo, y aunque pueda haber en algún  momento una situación de abuela intrusiva que hay que rectificar, no olvides que los abuelos son un tesoro en la familia y que la aportación que pueden hacer a la educación de los hijos es infinita. Deja que tus hijos se empapen del saber y del cariño de quien los quiere.

Ser intrusivo no pertenece al ADN de la abuela. Por lo tanto, siempre se podrá cambiar (si vosotros queréis y ella quiere). Paciencia, cariño y palabras de lealtad.

 

 

 

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