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El Papa en Maipú: Un discurso a la juventud para la posteridad

@Barbara Krzisnik

Jovenes en Maipu 2 (Chile)

Esteban Pittaro - publicado el 18/01/18

Cuando Papa Francisco deja los papeles y predica como si se tratara de un retiro espiritual...suceden cosas

Cuando el Papa Francisco levanta la mirada de sus discursos, y los periodistas como locos comienzan a escribir otra cosa distinta a la que tenían bajo embargo, algo especial está por pasar. Cuando encima de todo habla en español, la lengua que lleva en el corazón, como más de una vez aclaró, puede ser incendiario. Cuando encima el viento le vuela el solideo, y se lo quita para hablar relajado, y la misma luz y cercanía le permite identificar expresiones y hasta alguno que se desmaye, y se siente cerca, cuidado. El Espíritu Santo va a soplar. Y eso es lo que pasó en el encuentro del Papa Francisco con los jóvenes en el Santuario de Maipú.

Las palabras del Papa Francisco a los jóvenes chilenos se enmarcan en una tradición de mensajes que los hispanoparlantes atesoraremos para siempre, que comienzan en la Jornada Mundial de Río de Janeiro, con un prefacio que fue el discurso con los jóvenes argentinos y luego una inolvidable vigilia en Copacabana, también ampliamente en español. Y han tenido otros pasajes en cada visita a Latinoamérica, cada videomensaje, y suma ahora otra perla desde la Casa de María en Chile.

Un Papa casi sin papeles, como predicando un retiro espiritual después de horas de confesión, ilusionado, esperanzado ante la Fe que ve que quienes tiene adelante que termina siendo una suerte de entrenador que arenga a los jugadores para que salgan a la cancha.

Desde Río

“Entonces los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos”, dijo en la catedral de Río durante un encuentro con jóvenes argentinos, allá cuando recorría sus primeros meses de Papa.

“Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, sino salen se convierten en una ONG ¡y la Iglesia no puede ser una ONG!”, clamaba aquella vez, a la vez que pedía “¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí”.

Días después, en una noche que inesperada y providencialmente terminó siendo en la playa de Copacabana les decía: “Cuando aceptamos la Palabra de Dios, entonces somos el Campo de la Fe. Por favor, dejen que Cristo y su Palabra entren en su vida, dejen entrar la simiente de la Palabra de Dios, dejen que germine, dejen que crezca. Dios hace todo pero ustedes déjenlo hacer, dejen que Él trabaje en ese crecimiento (…) Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento. Sé que ustedes apuntan a lo alto, a decisiones definitivas que den pleno sentido. ¿Es así, o me equivoco? ¿Es así? Bueno, si es así hagamos una cosa: todos en silencio, miremos al corazón y cada uno dígale a Jesús que quiere recibir la semilla”.

“Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es pasión nacional. ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor”, explicaba.

Y sobre el final, a orillas del Atlántico, avivaba: “Tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Ustedes… Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús”.

Con sangre chilena

Durante el encuentro con los jóvenes en Maipú el Papa se encontró con una juventud a la que admira, y a la que incluso le reconoció la creación de iniciativas que han trascendido las fronteras (Un Techo para Chile, entre otras que tampoco nombró) y la resiliencia ante la adversidad. Su mensaje fue específicamente a ellos, pero en ellos a la juventud del mundo.

Desde Maipú, donde con un abrazo entre San Martín y O’Higgins ante la Virgen del Carmen se fundó la patria chilena, dijo: “si ustedes no aman a su patria yo no les creo que lleguen a amar a Jesús y que lleguen a amar a Dios. El Amor a la patria es un amor a la Madre. La llamamos madre patria porque aquí nacimos pero ella misma, como toda madre, nos enseña a caminar y se nos entrega para que las hagamos sobrevivir a otras generaciones”.

“En mi trabajo como obispo pude descubrir que hay muchas, pero muchas, buenas ideas en los corazones y en las mentes de los jóvenes. Y eso es verdad ustedes son inquietos, buscadores, idealistas. (…)Madurar es crecer y hacer crecer los sueños y hacer crecer las ilusiones, no bajar la guardia y dejarse comprar por dos chirolas. Eso no es madurar. Así que cuando los grandes pensamos eso, no les hagan caso”, instó Francisco.

“A nosotros (los adultos) nos toca ayudarlos a que sean coherentes con lo que dicen, es un trabajo en el que los vamos a ayudar, pero si ustedes no hablan, cómo los vamos a ayudar. Y que hablen con valentía y que digan lo que sienten”, pidió el Papa haciendo referencia al sínodo de Los Jóvenes, la Fe y el discernimiento vocacional, pero en palabras que van más allá de esta instancia.

“Una vez uno me decía hace poco ‘yo no sé si hablar de la Santa Madre Iglesia’, hablaba de un lugar especial, ‘o de la Santa abuela Iglesia’. No, no. La Iglesia tiene que tener rostro joven y eso ustedes tienen que dárnoslo. Pero claro, un rostro joven es real, lleno de vida, no precisamente joven por maquillaje, con crema rejuvenecedora, eso no sirve, sino joven porque desde su corazón se deja interpelar. Y eso es que lo que nosotros, la Santa Madre Iglesia hoy necesita de ustedes: que nos interpelen. Después prepárense para la respuesta, pero necesitamos que nos interpelen, la Iglesia necesita que ustedes saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos, ‘esto me gusta’, ‘este camino me parece que es el que hay que hacer’, ‘esto no va’, ‘esto no es un puente, es una muralla’. Que nos digan lo que sienten y lo que piensan”, pidió en la misma línea.

#QuéHaríaCristoenmiLugar

Pero así como el encuentro con los argentinos quedó marcado por el pedido de “Hagan lío”, o el discurso en Copacabana por el de “no balconear la Fe”, este encuentro con los jóvenes chilenos será recordado por la contraseña, la contraseña para conectarse a la Fe.

Tras recordar a un joven que le contaba cómo se preocupaba cuando no tenía señal, el Papa reflexionó: “Sin conexión, sin la conexión con Jesús, terminamos ahogando nuestras ideas, ahogando nuestros sueños, nuestra fe y claro nos llenamos de mal humor. De protagonistas —que lo somos y lo queremos ser— podemos llegar a sentir que vale lo mismo hacer algo que no hacerlo”.

La contraseña para la conexión está basada en San Alberto Hurtado, santo chileno fundador del Hogar de Cristo: “La contraseña de Hurtado para reconectar, para mantener la señal es muy simple, seguro que ninguno de ustedes trajo un teléfono, ¿no? —si se animan me gustaría que la apunten en sus teléfonos— Yo se las dicto. Hurtado se pregunta: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’ Los que puedan, anótenlo. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’. Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’.

Esa es la contraseña, la batería para encender nuestro corazón, encender la fe y encender la chispa en los ojos. Que no se les vaya. Eso es ser protagonistas de la historia. Ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y alegría”.

Para el cierre de un discurso que seguramente dará muchísimos frutos en la iglesia chilena, el Papa enumeró personajes del Evangelio a los que invitó a emular: “Sean ustedes los jóvenes, se los pido por favor, sean ustedes los samaritanos que nunca abandonan a nadie tirado en el camino. (…) Sean ustedes los jóvenes cirineos que ayudan a Cristo a llevar su cruz y se comprometen con el sufrimiento de sus hermanos. Sean como Zaqueo, que transformó su enanismo espiritual en grandeza y dejó que Jesús transformara su corazón materialista en un corazón solidario. Sean como la joven Magdalena, apasionada en busca del amor, que solo en Jesús encuentra las respuestas que necesita. Tengan el corazón de Pedro, para abandonar las redes junto al lago. Tengan el cariño de Juan, para reposar en Jesús todos sus afectos. Tengan la disponibilidad de Nuestra Madre, la primera discípula para cantar con gozo y hacer su voluntad”.

Cada uno de los encuentros del Papa con los jóvenes, más cuando se deja llevar por las respuestas de ellos y les habla desde el corazón en la lengua que le dicta el corazón, va entretejiendo una gran catequesis que trascenderá los años y difícilmente los hispanoparlantes podamos olvidar. Son mensajes dirigidos a toda la Iglesia, no sólo a ellos. En Maipú tuvimos el 17 de enero de 2018 otro capítulo. Esperemos que queden varios más.

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