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¿Quién es Oprah Winfrey?

Kevin Winter/Getty Images/AFP
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Muchos ya la postulan para Presidenta de Estados Unidos, ¿quién es realmente esta mujer?

La pregunta podría parecer ociosa en Estados Unidos, pero no lo es en el resto del mundo. Oprah Winfrey es una celebridad estadounidense, que se ha hecho popular y millonaria en contra de todos los pronósticos y las adversidades. Y su reciente discurso en la entrega de los Globos de Oro, la ha catapultado, cuando menos en redes sociales, hacia la posibilidad de acceder a la candidatura (demócrata) a la presidencia de Estados Unidos en 2020.

Muchos ya comparan el discurso de Oprah con el de Martin Luther King el 28 de agosto de 1963 en Washington (“I have a dream…), discurso que se ha convertido en un icono de la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos y que tocó los corazones de los afroamericanos tanto como los de la mayoría blanca de ese país.

El de Oprah, “Un nuevo día en el horizonte” –coincidente con la avalancha de escándalos de hostigamiento y abuso sexual en Hollywood—fue, también, un discurso reivindicativo, en el que habló del tema del acoso sexual a las mujeres, sí, pero también que el problema del desequilibrio y la discriminación de la mujer va más allá de los estudios cinematográficos, y toca todas las culturas, geografías, razas, religiones, posiciones políticas o lugares de trabajo.

Aprovechando la era “post-Weinstein” en Hollywood (y los informes, verdaderos o falsos, que llegan de la Casa Blanca sobre las relaciones del presidente con la prensa, con las minorías raciales y con las que lo acusan de haberse propasado con ellas), Oprah puso a las mujeres como protagonistas de un cambio cultural en Estados Unidos, a lo cual las redes sociales, inmediatamente, reaccionaron nominándola a ella para que lo conduzca en 2020 a pesar que en el pasado haya negado tener aspiraciones políticas.

¿De dónde viene Oprah?

Oprah Gail Winfrey es una periodista, presentadora de televisión, productora, actriz, empresaria, filántropa y crítica de libros que nació el 29 de enero de 1954 (pronto cumplirá los 64 años de edad) en el pequeño poblado de Kosciusko, Misisipi (7,319 habitantes), en el sur profundo de Estados Unidos, en el llamado “cinturón bíblico”, donde ha arraigado el cristianismo evangélico.

Hija de madre soltera y muy pobre, Vernita Lee, y de un minero, peluquero y consejero municipal, Vernon Winfrey, su infancia estuvo llena de carencias, tanto así que su ropa estaba hecha con tela de sacos de papas elaborada por su abuela, Hatti Mae Lee, quien la crió cuando su madre, una empleada doméstica demasiado joven, la dejó para irse al norte de Estados Unidos.

Fue su abuela Hatti Mae quien le inculcó los valores religiosos de los cristianos evangélicos y la cercanía con Dios. También le enseñó a leer y a escribir a muy temprana edad.

Su fortuna en la actualidad, según la revista Forbes, asciende a 2,800 millones de dólares y, entre otras cosas, es dueña de un verdadero imperio de medios de comunicación, en el que sobresalen un canal de televisión por cable, Oprah Winfrey Network, una exitosa revista y una compañía de producción cinematográfica.

Cuando habla en contra del abuso sexual, Oprah sabe a qué se refiere. A los nueve años de edad, tras ir con su madre a vivir a Milwaukee (Ohio), fue violada por un primo suyo y, más adelante, otros familiares e individuos cercanos a su familia abusaron sexualmente de ella.

A los 14 años quedó embarazada. Perdió a su bebé (un niño) dos semanas después del parto, por complicaciones inherentes a haber sido un nacimiento prematuro.

De Milwaukee salió a vivir con su padre en Nashville (Tennessee), un hombre muy estricto, que hizo de la educación de Oprah su principal objetivo. Se cuenta que cada semana Oprah debía leer un libro y presentarle un reporte a su padre. En la universidad estatal de Tennessee se graduó en Comunicación y en Actuación, cosa que ha hecho desde entonces hasta ahora.

Su experiencia infantil y juvenil, a todas luces traumática. la llevó en 1991, ya siendo una estrella televisiva, a influir en el Senado de Estados Unidos para crear la Ley Nacional de Protección a la Infancia, una ley en la que se proponía la puesta en marcha de una base de datos con los nombres de todas las personas que en el país hubieran sido condenadas por cometer abusos contra menores y así evitar el abuso contra los niños.

El entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, la aprobó y la bautizó con el nombre de “Ley Oprah”.

De 1986 a 2011 dirigió en televisión The Oprah Winfrey Show. Además, ha hecho carrera como actriz (por ejemplo en “El Color Púrpura”) y como productora en la película “Selma: el poder de un sueño” o en “El Mayordomo”, donde también actúa. Y, desde luego, ha adquirido fama por su cercanía, por ejemplo, con Nelson Mandela y por el inmenso apoyo que le dio en 2008 a Barack Obama (cerca de un millón de votos, según los especialistas) para que ganara la contienda interna del Partido Demócrata a Hillary Clinton.

Durante las pasadas elecciones, Oprah dio un apoyo “no muy entusiasta”, según el Washington Times, a Hillary Clinton. Aunque desde diferentes instancias cristianas se la ha acusado de ser favorable al aborto, Oprah ha evitado hábilmente hasta ahora tomas de posición públicas sobre este u otros temas polémicos.

En alguna ocasión ha dicho: “¿Qué clase de mujer quiero ser? Una que, voluntariamente, da y recibe amor. Una que es comprensiva, positiva e indulgente. Una mujer que toma decisiones responsables. Quiero vivir con un corazón abierto a la vida”.

Para algunos. su innegable carisma y habilidad para las relaciones públicas así como su reputación, su pasado humilde y su tesón y éxito actuales, su inmensa fortuna y su popularidad, podrían ser un atractivo para considerar una posible carrera a la Casa Blanca. Pero ¿serían suficientes créditos para ocupar el Despacho Oval? Está por ver…

En todo caso, no han sido pocas las voces que han señalado que Oprah, como el actual presidente Trump, no tiene experiencia política, y que una posible postulación de la animadora televisiva y empresaria mediática representaría un paso más en la espectacularización de la política (y la politización del espectáculo) en la sociedad estadounidense.

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