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El Papa: ¿Por qué es tan importante el silencio en la oración durante la Misa?

Pope General Audience
Antoine Mekary | ALETEIA | I.MEDIA
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Audiencia general del miércoles en el Aula Pablo VI del Vaticano

“El silencio no se limita a la ausencia de palabras, sino que nos disponemos a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo”, dijo el papa Francisco este miércoles 10 de enero de 2018 en la audiencia general ante 7 mil fieles y peregrinos congregados debido al invierno en el Aula Pablo VI del Vaticano.

El Papa explicó hoy el significado del canto del gloria y de la oración colecta que forman parte de los ritos introductorios de la Santa Misa.

En este contexto, reiteró que orar durante la Eucaristía – por invitación del sacerdote – es tomar conciencia de estar en la presencia de Dios, además de manifestar desde el fondo del corazón las intenciones personales y participar activamente en la Misa.

Así, el Papa continuó con la serie de catequesis sobre la Eucaristía e insistió en el silencio que ayuda a la oración. Incluso invitó a meditar sobre los textos de la Biblia y la homilía aún después de terminar la celebración.

El canto del gloria 

“El canto del gloria comienza con las palabras de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén”, explicó. De esta forma, se continúa con “aclamaciones de alabanza y agradecimiento a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Indicó que el canto del gloria representa, “en cierto modo, un abrirse de la tierra al cielo en respuesta al inclinarse del cielo sobre la tierra”.

Oración colecta

Luego, el Papa señaló que tras el Gloria viene “la oración llamada colecta”.

“Con la expresión “oremos”, el sacerdote invita al pueblo a recogerse un momento en silencio, para que cada uno tome conciencia de estar en la presencia de Dios y formular en su espíritu sus deseos”, añadió.

En las pasadas audiencias generales sobre el tema, Francisco se enojó con quienes usan celulares en la Misa o chismorrean, en esta ocasión subrayó que “hacer silencio significa disponerse para escuchar la voz de nuestro corazón y sobre todo la del Espíritu Santo”.

“Durante el acto de penitencia y después de la invitación a la oración”, el silencio “ayuda a la meditación; después de la lectura o la homilía, es un llamado a meditar brevemente sobre lo que se ha escuchado; después de la Comunión, favorece la oración interior de alabanza y súplica”.

Entonces, “antes de la oración inicial, el silencio nos ayuda a reunirnos en nosotros mismos y pensar por qué estamos allí. Aquí está la importancia de escuchar nuestra alma y luego abrirla al Señor”.

Confía a Dios dolor, alegría, cansancios

“Tal vez – comentó- vengamos de días de trabajo, de alegría, de dolor, y queremos decirle al Señor, para invocar su ayuda, para pedirle que esté cerca de nosotros; tenemos familiares y amigos que están enfermos o que están pasando por pruebas difíciles; deseamos confiarle a Dios el destino de la Iglesia y del mundo”.

Por eso, necesitamos el “silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, exprese en voz alta a Dios, en nombre de todos, la oración común que concluye los ritos de introducción, haciendo precisamente la “colección” de las intenciones individuales”.

El recuerdo del alma

En este sentido, el Papa recomendó a los sacerdotes que conserven este momento de “silencio y que no tengan prisa: “recemos”, y que sea silencioso. Recomiendo esto a los sacerdotes. Sin este silencio, corremos el riesgo de descuidar el recuerdo del alma”.

¿Cómo está compuesta la oración colecta? Primero se trata de una “invocación del nombre de Dios, y en la que se hace memoria de lo que él ha hecho por nosotros, y en segundo lugar, de una súplica para que intervenga”.

El “sacerdote – prosiguió – recita esta oración con los brazos abiertos imitando a Cristo sobre el madero de la cruz. En Cristo crucificado reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto agradable, es decir, el de la obediencia filial”.

Al final, saludó cordialmente a los peregrinos en varios idiomas. “Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que la Santa Misa sea de verdad una auténtica escuela de oración, en la que aprendamos a dirigirnos a Dios en cualquier momento de nuestra vida. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias”.

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