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Si el perdón se otorga, ¿la confianza se recupera?

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Si perdonar ya nos cuesta, ¿será posible que volvamos a confiar en la persona que obró mal?

Perdonar en un acto práctico el cual se vuelve heroico cuando -a través del tiempo y con la ayuda de Dios- soy capaz de rezar por mi agresor y desearle cosas buenas. Es ya no darle más poder a mi enemigo. Por lo tanto, perdonar conviene.

Pero, ¿qué pasa con la confianza? ¿Si perdono quiere decir que debo volver a confiar?

Entre tú y la otra persona

A diferencia del perdón, la confianza es una calle de 2 vías. Por un lado, se otorga, se regala; y por el otro se gana, se trabaja para hacernos, una vez más, merecedores de ella.

En el perdón yo no necesito del otro para ejercer mi voluntad de perdonar. Es decir, no necesito que el otro participe o que me pida perdón para yo elegir hacerlo.

La confianza es un don, un valor -hermano de la lealtad- y tiene todo que ver con sentirme a salvo a tu lado, tanto física como emocionalmente. Toda mi persona se siente segura junto a ti, resguardada, sin miedo.

Yo comparo la confianza con los talentos de los que nos hablan las Escrituras y que nos son encomendados; si no hacemos buen uso de ellos, nos son retirados. Es como llegar con ese amigo a quien le queremos dar un bien que nos pertenece, bien el cual tenemos en alta estima e importancia y pedirle que abra las manos porque pondremos sobre ellas algo de valor infinito para nosotros, un gran tesoro -el de nuestra confianza- confiando que hará un uso excelso de ella para embellecerla.

Así como se da, se retira. La confianza toma tiempo para cultivarla y cosecharla y se puede perder en un suspiro. Necesitamos tener muy claro que el hecho de que alguien confíe en ti y en mí no es un derecho, o que nos la merecemos solo porque sí. El que alguien elija nuestra persona, nuestro corazón para verter su interior es un privilegio que “debemos” atesorar y proteger como a nosotros mismos.

Así como tenemos la capacidad de hacer un buen uso de nuestras capacidades superiores y que por medio de nuestra vida íntegra hablemos de que somos seres dignos de confianza, tristemente también la tenemos para traicionar la confianza que haya puesto en nuestras manos su tesoro.

Por lo mismo, hay que estar vigilantes para que ningún sentimiento -ni acción- contrario a nuestra dignidad se apodere de nuestras decisiones. Hay que corresponder a ese don en su justo valor: infinito.

Elige perdonar, lo primero

Si alguien te ha traicionado comienza por elegir perdonar. Ese es el primer paso y el más importante. Si estás interesado en confiar nuevamente en esa persona simplemente toma un tiempo para observar con caridad y misericordia si de verdad hay cambios reales, de raíz. Cambios que no vienen del miedo ni de la desesperación, sino del amor. Pensando en su bien si está en tus manos ayúdale a que logre esos cambios.

Repito, recuperar la confianza es trabajo de tiempo, constancia, dedicación y mucho amor. Si al paso del tiempo te das cuenta de que no hay cambios radicales, que esa persona sigue teniendo las mismas actitudes, comportamientos y que no ha trabajado para que tú vuelvas a confiar en ella, es decir, que no muestra interés en resarcir el daño hecho, entonces ya sabes que sus manos no son un buen lugar para que el tesoro de tu confianza descanse.

Ahora bien, si tú has traicionado también comienza por pedir perdón, pero uno auténtico, ese que sale de un corazón contrito. Pide otra oportunidad y cambia. Así es, que tú perdón vaya acompañado de acciones concretas encaminadas, entre otras cosas, a recuperar la confianza que has lastimado y a mejorarte. Toma tiempo así que no te desesperes.

Es importante que tomes esto en cuenta: no es obligación de la otra persona volver a confiar en ti, sino una elección. Ella tiene todo el derecho de elegir creer o no volver a creer en ti. Sé que es triste, pero es la verdad. Pero no te desanimes; cambia porque es un deber de justicia que todos seamos la mejor versión de nosotros mismos.

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