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El Canto de la Sibil·la, la liturgia navideña más antigua de Europa

CHRISTMAS,CHOIR
Shutterstock
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La representación, que se interpretará en muchas iglesias antes de la Misa del Gallo, fue nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad por la UNESCO en el año 2010

El jorn del judici
parrà el qui haurà fet servici.
Jesucrist, Rei Universal,
homo i ver Déu eternal,
del cel vindrà per jutjar
i a cada un lo just darà.

“El día del Juicio Final Dios dará lo justo a cada uno”. Este es el mensaje con el que empieza “El Canto de la Sibil·la”, una representación litúrgica que se lleva a cabo durante la llamada “Nit de Nadal” del 24 de diciembre, antes de la Misa del Gallo, en muchas iglesias de Mallorca, Cataluña y Valencia. Tradicional del sur de Europa, se trata de una profecía sobre el fin del mundo y el advenimiento de Cristo en formato poético al son de la melodía gregoriana más arcaica del viejo continente y puesta en boca de la Sibil·la Eritrea.

“Las Sibil·las eran las profetisas en la tradición griega”, explica Toni Jorquera, subdirector del Coro Sinera, que interpreta “El Canto de la Sibil·la” en la Basílica de Santa María del Mar, de Barcelona. En un primer momento se cantaba en latín, pero desde el siglo XIII se documentan versiones en catalán. Se considera pues, que se trata de una de las primeras expresiones poéticas en esta lengua y se conserva como “una tradición muy catalana”, destaca Jorquera.

¿En qué consiste?

La representación empieza con la entrada en la iglesia del personaje de la Sibil·la, que suele ser un niño cantor o niña cantora, aunque también la interpreta una mujer. La acompañan uno o dos monaguillos. Las estrofas se entonan con una sola voz. “La Sibil·la explica cantando y nosotros la acompañamos”, detalla Jorquera. Sin embargo, entre estrofa y estrofa, en ocasiones, se introduce el órgano. “En nuestra representación somos unas cuarenta personas, entre cantadores, intérpretes, los organistas de la basílica y músicos tocando instrumentos tradicionales”, señala el director de Sinera.

La indumentaria de la Sibil·la es una túnica blanca o de color con una capa bordada. La cabeza se cubre con un sombrero del mismo color que la túnica y, durante el canto, el intérprete sujeta una espada situada delante de la cara. Al final, forma una cruz al aire con la espada.

“Al ser una representación, requiere una preparación intensa”, explica Jorquera. No se trata solo de cantar, el hecho teatral conlleva la puesta en escena, iluminación, y una coordinación que debe estar muy programada. Sin embargo, “para nosotros es un lujo y un privilegio interpretar una pieza que es Patrimonio Mundial de la Humanidad en un lugar que emite tantas sensaciones como Santa María del Mar”, subraya el subdirector.

Los orígenes

Y es que los orígenes de esta representación se remontan a la antigua Grecia. Fue San Agustín quién, en el siglo V, introdujo la Sibil·la en la tradición cristiana. En La ciudad de Dios se cuenta que San Agustín disertaba sobre Cristo con el precónsul Flaciano, quién le mostró un códice escrito en griego que tenía copiados una composición acróstica de la pitonisa que formaba la frase “Iesus Chistus, Dei filius, Salutator”.  La traducción latina de estos versos se incluyó en su obra y, en la Edad Media, pasó a formar parte de la liturgia cristiana. Es alrededor de los siglos IX-X que aparece como pieza musical con estribillo en un manuscrito de la abadía de San Marcial de Limoges.

En 1545, durante el Concilio de Trento se prohibió igual que todas las manifestaciones en las celebraciones litúrgicas. Sin embargo, se siguió representando en las iglesias de Mallorca y de la localidad de l’Alguer (Cerdeña). Así, ha llegado a nuestros días tras generaciones y generaciones. Actualmente se puede presenciar en ciudades como Gandía, Terrassa, Ontinyent, Puigcerdà, Barcelona, Sant Cugat del Vallès o la Seu d’Urgell. De hecho, algunas de estas iglesias disponen de sus propios textos sobre las celebraciones.

Según Toni Jorquera, “los distintos coros adaptamos las representaciones al espacio de que disponemos”. De hecho, en Santa María del Mar, hace un tiempo que representan la Sibil·la también en Pascua. “Año a año la intentamos mantener con más fuerza y mejor”, sentencia. 

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