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¿Es sano tirar la casa por la ventana en Navidad?

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Shutterstock-Nicoleta Ionescu
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El consumo excesivo, la compra impulsiva y el despilfarro son conductas habituales durante estas fechas pero hay medidas de contención que se pueden aplicar 

La Navidad es una de las épocas del año que provoca emociones más intensas. Por una lado, son días para celebrar la alegría de compartir y disfrutar de la compañía de la familia que constituye el núcleo central  de nuestra vida.

También es el  momento que  más sentimos la ausencia de quienes se han ido aunque sigan muy   presentes en nuestra memoria.

Por el otro lado,  la Navidad es la ocasión que más invita a “tirar la casa por la ventana” entendido, en este caso,  como un gesto de generosidad y entrega hacia nuestros seres queridos y allegados.

La compra de los alimentos que serviremos en la mesa, los regalos pensados y escogidos para cada persona,  los adornos y el belén que decoraran y crearán el ambiente navideño en nuestro hogar, y si nos da para todo y más,  nos acordaremos de preparar los aguinaldos para quienes nos han prodigado atenciones y buen trato durante todo el año.

Sí, la Navidad son fechas para brindar por las cosas buenas que nos ofrece la vida: salud, prosperidad y amor a  los nuestros y al prójimo pero también es una invitación a la reflexión y a la interiorización de nuestros actos y valores para trasmitirlos y reafirmarlos según guían nuestra existencia.

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La ilusión es, quizás, el sentimiento que aflora con mayor ímpetu y se produce de manera natural: ¿a quién no le hace ilusión pensar en la alegría y la sorpresa del otro al darle un abrazo de bienvenida, sentarlo a nuestra mesa,  cuidadosamente,  decorada para una ocasión tan especial ofreciendo unos manjares preparados a fuego lento durante horas

Efectivamente, la ofrenda del anfitrión se refleja en la felicidad y el agradecimiento del otro y, viceversa. Estos sentimientos son la viva expresión de la alegría y la felicidad, nos reconfortan y nos hacen sentir vivos.

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Vchal - Shutterstock

Compras y consumo excesivo 

Sin embargo, la Navidad también lleva implícito el hecho de enfrentarse por unos días  a una lista interminable de quehaceres y preparativos.

En ocasiones, puede parecer que el mundo se acabe y entramos en un estado  incontrolado por comprar y consumir impulsivamente, a veces sin mesura. Como decimos en lenguaje coloquial, y ahora en un sentido diferente al anterior, podemos caer  en  la tentación de “tirar la casa por la ventana”, una expresión que viene a describir ese afán de ostentación que se produce incurriendo en gastos innecesarios y, a menudo,  excesivos.

La expresión se utiliza mucho en países de Latinoamérica como Colombia, Panamá, Ecuador y Venezuela pero se popularizó en España con motivo de la instauración en 1763 de un juego de azar, la lotería, durante el reinado del Rey Carlos III. Los agraciados tiraban por el balcón todos los muebles o enseres viejos porque con el premio comenzaban una nueva vida de lujos y riqueza y lo primero que hacían era remodelar su vivienda.

Pero los juegos de azar sólo brindan la oportunidad a unos pocos. El resto mejor tomémonos unos minutos para reflexionar sobre la situación actual del mundo y nos daremos cuenta de que lo más razonable es aplicar una conducta de consumo responsable, evitando el derroche y siendo conscientes del enorme impacto que ejerce la publicidad para incitarnos al consumo y al gasto, en la mayoría de ocasiones, sobrepasando el umbral de nuestras posibilidades.

La medida más eficaz para la contención es hacerse un presupuesto acorde con nuestras necesidades y prioridades acompañándolo  de una lista detallada de los productos que queremos adquirir.

Es un ejercicio muy efectivo porque además de hacernos conscientes del dispendio en el que vamos a incurrir  nos ayuda a ajustarnos y evita que, pasado el momento, nos sintamos mal por haber “estirado más el brazo que la manga”, otra expresión que describe, perfectamente,  una conducta en la que caemos con facilidad durante estas fechas.

La Navidad se trata, no sólo de comprar y desear buenas fiestas o un feliz año en el que se cumplan los buenos deseos de todo el mundo,  sino que es una oportunidad para  dar las gracias por estar y apoyar; para acompañar y para compartir cariño y estimación. El afecto en su sentido más amplio no es un gasto, es un acto de generosidad así que tiremos la casa por la ventana y nadie a nuestro alrededor se sentirá solo.

¡Feliz Navidad con nuestros mejores y sinceros deseos de amor, salud y felicidad!

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