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¿Preparando tu fiesta de Navidad? Conoce al santo patrón de la hospitalidad

ST MEINRAD
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San Meinrado trataba a todos sus invitados con gran dignidad, al margen de quiénes fueran

Durante los últimos días previos a la Navidad, todo el mundo parece estar muy ajetreado con preparaciones de último minuto para sus fiestas navideñas. Sea la fiesta elaborada o sencilla, con familia o con amigos, el objetivo es ser un anfitrión hospitalario para todos, facilitando un acontecimiento que disfruten todos los presentes.

San Meinrado es un intercesor perfecto para ocasiones así, ya que tras su muerte fue conocido como el “mártir de la hospitalidad”.

Nacido en Suiza en una familia noble del siglo IX, Meinrado (o Meginrado) sintió la vocación de consagrar su vida a Dios. Al principio se unió a la Orden Benedictina, fue ordenado sacerdote y, más tarde, se hizo profesor. Allí aprendió la Regla de san Benito, quien instruía a sus monjes sobre la manera apropiada de recibir a los invitados.

A todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: “Era peregrino, y me hospedasteis” [Mateo 25,35]. A todos se les tributará el mismo honor, “sobre todo a los hermanos en la fe” [Gálatas 6,10] y a los extranjeros. Una vez que ha sido anunciada la llegada de un huésped, irán a su encuentro el superior y los hermanos con todas las delicadezas de la caridad. (…) Hasta en la manera de saludarles deben mostrar la mayor humildad a los huéspedes que acogen y a los que despidan; con la cabeza inclinada, postrado el cuerpo en tierra, adorarán en ellos a Cristo, a quien reciben.

Sin embargo, Meinrado se sintió llamado a una vida más profunda de contemplación y reclusión, así que se hizo eremita siguiendo el ejemplo de los Padres del Desierto. Fue eremita en la Selva Negra, pero su santidad era famosa y los visitantes acudían en multitud a su pequeña choza en el bosque.

Entonces, el 21 de enero de 861, Meinrado recibió a un par de ladrones. Les dio la bienvenida con toda dignidad, les ofreció cobijo y alimento, aunque su apariencia fuera sospechosa. Cuando los visitantes se dieron cuenta de que Meinrado no tenía nada de valor que robar, decidieron darle muerte. Su muerte fue considerada por los locales como un martirio, aunque no muriera directamente por su fe en Cristo.

Aquí tenéis una breve oración a san Meinrado para pedir su intercesión para lo que quiera que necesitéis.

Dios todopoderoso y eterno,
Tus prodigios brillan a través de los méritos de tu santo mártir Meinrado.
Te pedimos que, así como le coronaste con la gloria del sufrimiento por Tu Nombre,
ahora recibamos ayuda por sus oraciones para recibir Tu misericordia.

San Meinrado, por favor, ayúdame en mi necesidad [decir intención].

Te pedimos esto por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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