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10 millones de conversos al cristianismo desde la década de los sesenta

MUSLIM
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Ciertamente hablar de musulmanes conversos al cristianismo es un riesgo ¿Por qué?

En primera instancia porque en el Islam, convertirse no se concibe como un cambio sometido a la más estricta libertad individual, un proceso espiritual complejo, difñicil, pero al fin y al cabo maduro y consciente. Dentro del Islam se concibe como un acto sencillamente inaceptable. Es renegar, apostatar.

Lo que en principio sí constituye un hecho frecuente (al igual que ocurre en otras creencias) es que el musulmán tenga una práctica más o menos relajada, secularizada e incluso reducirla a las ceremonias más estrictamente culturales y familiares. Sin embargo, el hecho de convertirse y hacerlo público constituye una traición al Islam mismo. A la fe y a la comunidad que lo conforma.

La apostasía es un delito que va acompañado de la condena a muerte. En el mejor de los casos, allá donde la ley islámica no sea aplicada como normativa predominante, el converso ya no podrá permanecer en el seno de la familia. Ésta se verá obligada a repudiarlo, entre el dolor y la vergüenza. De ahí que sea un tema sumamente delicado.

Actualmente, las convulsiones a las que la lacra terrorista está sometiendo el mundo islámico están favoreciendo la conversión masiva de musulmanes al cristianismo. No podemos olvidar que las masacres se están cebando también con las poblaciones musulmanas. Una lucha fratricida que escapa a cualquier justificación, especialmente religiosa. 

Fuentes estadísticas como el Interdisciplinary Journal of Research on Religion en su informe de 2015 “Believers in Christ from a Muslim Background: A Global Census” apuntaba la cifra de 10 millones de conversos al cristianismo desde la década de los sesenta. Por su parte, el periodista libanés Camille Eid en su libro Cristianos venidos del Islam, subraya que según los datos de las Iglesias que recogen este tipo de conversiones, las cifras van en aumento tanto en Europa como en países de mayoría islámica.

Expertos como el jesuita Mitch Pacwa, sustenta esta tendencia, en un colapso civilizatorio del mundo islámico. Especialmente por la necesaria y urgente búsqueda de respuestas en todos los órdenes: desde el político al religioso. Esta crisis ha nacido y se alimenta de esa violencia terrorista, que es a su vez uno de los principales causantes de las conversiones “masivas” de musulmanes. En este sentido, la cadena Al Jazeera viene advirtiendo de esta tendencia, que se cifra entre 6 y 8 millones para el África Subsahariana desde 2005. Para Pacwa, estará directamente relacionada con el recrudecimiento de las acciones violentas de Boko Haram en Nigeria, Uganda o Mali.

Todo este panorama queda reforzado por un aspecto crucial: la importancia de las nuevas tecnologías. Por un lado, las organizaciones criminales adscritas al yihadismo han encontrado en la Red un terreno extraordinariamente fértil para extenderse. Sin embargo, en el caso de las conversiones, la tecnología también está jugando un importante papel como vehículo que muchos musulmanes tienen para acceder al mensaje del Evangelio, las predicaciones y los testimonios.

Un mensaje que prende entre los más vulnerables. Pensemos que las crucifixiones o decapitaciones son castigos frecuentemente infligidos a esclavos y sirvientes nativos. Y es entre ellos, donde prende con mayor fuerza la esperanza. Este fenómeno, sea en países de mayoría musulmana u occidentales, sometidos a conflicto o no, se extiende como una marea silenciosa.

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