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El matrimonio es la tumba… de la demencia

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Un amplio estudio publicado hace poco demuestra que las personas casadas reducen drásticamente el riesgo de demencia senil

Lo dicen claramente los resultados de 15 estudios internacionales en una única investigación: estar casado protege de la demencia senil y el Alzheimer, enfermedades que son de las más pesadas desde el punto de vista sanitario y social.

Ahora podemos dejar una serie de líneas en blanco para que el lector las rellene con todas las discrepancias que le vengan a la mente.

Todos somos capaces de escribir bromas sobre la “tortura” que el cónyuge nos causa, demostraciones inevitables de la demencia precoz que aflige a muchos de nosotros casados (es decir no a nosotros, sino a nuestro cónyuge, obviamente) y así sucesivamente, con las escaramuzas más clásicas entre marido y mujer.

Y, sin embargo, esta ligera tensión, amorosa, benévola, como un pequeño desorden que dejamos expresar para luego volver a la armonía, forman parte de ese “estilo de vida” de casados que contribuye a hacernos estar mejor a largo plazo, incluso en el frente cognitivo y mental.

Estamos en una época que parece observar todo a través del prisma del bienestar, a menudo de manera casi idólatra.

Podemos aceptar tomar el tema desde este punto de vista, el de la salud y el bienestar, sacando luego las debidas consecuencias. Hasta los principios.

Sí, estar casados, siendo fieles, aumenta el bienestar general de la persona y, en particular, reduce el riesgo de demencia senil en un porcentaje descaradamente significativo. ¿Por qué?

Por el hecho que comporta normalmente hábitos más sanos, conduce a comportamientos alimenticios mejores, y a una intensa vida social y también a una mayor seguridad económica.

El estudio examinó a 812.047 personas entre casados, divorciados, viudos y solteros con al menos 65 años de edad.

Los casados ganan con ventaja: según el Journal of Neurology, Neurosurgery e Psychiatry  se puede seriamente concluir que las personas casadas gozan de una salud cerebral netamente mayor respecto a quien no lo está.

Los solteros conllevan un elevado riesgo de demencia que ronda el 42% más respecto a quien tiene la fortuna (¿la gracia?) de gozar de una larga vida matrimonial. También los viudos, pero quizá a causa del gran trauma del luto, reciben la carga de un aumento del riesgo, que ronda el 20% más respecto a la categoría mayoritariamente protegida.

Estamos también en una época de la ciencia invocada, no siempre por cierto, para resolver disputas de todo tipo con el argumento de mayor autoridad.

DOJRZAŁE MAŁŻEŃSTWO
Oliver Rossi/Getty Images

La familia, esa equivocada y despreciativamente llamada tradicional, basada en un matrimonio largo y fiel, caracterizada por una buena rutina, a pesar de ser desde hace algún tiempo objetivo de la más feroz y metódica campaña de descrédito sigue siendo una opción ganadora.

De hecho los datos, reales, sustanciosos (casi un millón de personas analizadas de América, Europa, y Asia) dicen que en resumen hace mucho bien ser marido y mujer, desde el día del sí hasta la vejez, si Dios quiere.

La doctora Laura Phipps del Alzheimer’s Research en el Reino Unido declara:

Los cónyuges pueden ayudar y fomentar hábitos saludables, buscar el bienestar de su pareja y ofrecer un importante apoyo social. La investigación sugiere que la interacción social puede ayudar a construir una reserva cognitiva – una capacidad de recuperación mental que consiente a las personas funcionar a largo plazo con una enfermedad como el Alzheimer antes de mostrar los síntomas”. (…) “permanecer físicamente, mentalmente y socialmente activos son todos aspectos importantes de un estilo de vida sano y estas son cosas en las que todos, independientemente de su estado civil, pueden trabajar”.

 

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