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5 citas de santa Teresita de Lisieux para un fecundo Adviento

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La devoción de la Pequeña Flor al Niño Jesús convierte sus textos en una manera excelente para prepararse para la Navidad.

Santa Teresa de Lisieux, llamada popularmente “Pequeña Flor”, es famosa por su vida sencilla y hermosa como monja carmelita. En particular, su profunda autobiografía, Historia de un alma, sigue cautivando los corazones de quienes la leen.

En la raíz de su espiritualidad encontramos una fuerte devoción al Niño Jesús, de donde recibe su “título” principal en la vida religiosa, “Santa Teresa del Niño Jesús”, y que configuraba todo lo que la santa hacía.

A continuación se recogen unos pocos fragmentos seleccionados de sus escritos para ayudarnos en nuestra preparación espiritual individual para la Navidad, reconociendo nuestra pequeñez y nuestra constante necesidad de la amable misericordia de Jesús.

  • Los días de mi primera comunión han quedado grabados en mi corazón como un recuerdo sin nubes.  (…) ¿Te acuerdas, Madre querida, del precioso librito que hiciste para mí tres meses antes de mi primera comunión…? Aquel librito  me ayudó a preparar metódica y rápidamente mi corazón; pues aunque ya lo venía preparando desde hacía mucho tiempo, era necesario darle un nuevo impulso, llenarlo de flores nuevas para que Jesús pudiese descansar a gusto en él.
  • Desde hacía algún tiempo, me había ofrecido al Niño Jesús para ser su juguetito. Le había dicho que no me utilizase como uno de esos juguetes caros que los niños se contentan con mirar sin atreverse a tocarlos, sino como una pelotita sin valor que pudiera tirar al suelo, o pegar con el pie, o abrirla, o dejarla en un rincón, o bien, si le apetecía, estrecharla contra su corazón. En una palabra, quería divertir al Niño Jesús, agradarle, entregarme a sus caprichos infantiles.
  • Yo soy un alma muy pequeña que no puede ofrecer a Dios más que cosas muy pequeñas. Es más, con frecuencia me ocurre que dejo escapar algunos de esos pequeños sacrificios que dan al alma tanta paz. Pero eso no me desanima: me resigno a tener un poco menos de paz, y procuro poner más cuidado la próxima vez.
  • [S]obre todo, ¡mito la conducta de [María] la Magdalena. Su asombrosa, o, mejor dicho, su amorosa audacia, que cautiva el corazón de Jesús, seduce al mío. Sí, estoy segura de que, aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse, iría, con el corazón roto de arrepentimiento, a echarme en brazos de Jesús, pues sé cómo ama al hijo pródigo que vuelve a él.
  • ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más.
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